La dama de hierro de Japón 

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¿Por qué tardó tanto Japón en tener una primera ministra? Puede parecer una pregunta injusta. Al fin y al cabo, Estados Unidos nunca ha elegido a una presidenta, y ninguna mujer ha presidido el Partido Comunista de China. Incluso los Países Bajos, otrora bastión del liberalismo, nunca han tenido una primera ministra. 

Ha habido varias mujeres jefas de Estado en Asia, pero casi siempre fueron hijas de líderes masculinos famosos. La primera ministra india, Indira Gandhi, era hija de Jawaharlal Nehru, el primer ministro del país, mientras que la presidenta surcoreana, Park Geun-hye, era hija de Park Chung-hee, el dictador militar que gobernó en las décadas de 1960 y 1970. 

Sin embargo, Japón presenta un claro problema de género. En el Informe Global sobre la Brecha de Género 2024, Japón ocupó el puesto 118 de 146 países, mientras que Corea del Sur, posiblemente una sociedad más confuciana que Japón, se situó en el puesto 94, y China en el 106. Menos del 20 por ciento de los puestos de liderazgo en la política o los negocios en Japón están ocupados por mujeres, a pesar de su nivel educativo relativamente alto. Casi tantas mujeres como hombres asisten a la universidad en Japón, pero solo el 20 por ciento del alumnado en las instituciones más prestigiosas son mujeres. 

Ante este panorama, la reciente investidura de Takaichi Sanae como primer ministro de Japón constituye, sin duda, un hito. Pero ¿acaso supone un cambio fundamental en las relaciones de género en Japón? ¿Contribuirá Takaichi a que otras mujeres rompan el techo de cristal? 

Las posturas conservadoras de Takaichi en temas sociales no son alentadoras. Se opone a que las mujeres casadas conserven sus apellidos de soltera, así como al matrimonio entre personas del mismo sexo. Su retórica sobre los inmigrantes —sin los cuales Japón ya no puede funcionar correctamente— está teñida de intolerancia. 

Durante su campaña para liderar el Partido Liberal Democrático (PLD), Takaichi buscó el apoyo de los nacionalistas de derecha difundiendo rumores sobre el mal comportamiento de los turistas extranjeros en Japón. Además, solo ha nombrado a dos ministras en su gabinete de 19 miembros, una cifra inferior a la de algunos gobiernos japoneses anteriores. 

Aun así, hay que admirar el ascenso de Takaichi a la cima de la política japonesa, un mundo que sigue estando dominado por los hombres, al frente de un partido conservador también predominantemente masculino. Además, destaca por otros motivos. A diferencia de muchos políticos de alto nivel en Japón, e incluso de otras líderes femeninas en Asia, Takaichi no proviene de una familia política. Se crio en un hogar conservador de provincias, con una madre que creía que las mujeres no necesitaban ir a la universidad. Takaichi insistió en que sí debía hacerlo. 

Al igual que su ídolo, Margaret Thatcher, la primera ministra del Reino Unido, Takaichi se presenta como una «Dama de Hierro» capaz de ser más dura que los hombres. (Thatcher, como es sabido, reprendió al presidente estadounidense George H.W. Bush por acobardarse cuando Irak invadió Kuwait en 1990). Esto también implica mantener una apariencia femenina y estar siempre dispuesta a sonreír para equilibrar sus rasgos e intereses masculinos, entre los que se incluyen la música heavy metal y las motocicletas. 

Quizás la única manera en que una mujer puede llegar a la cima de los partidos conservadores en la mayoría de los países sea siendo más intransigente que sus homólogos masculinos. La excanciller alemana Angela Merkel no era particularmente intransigente en sus posturas políticas, pero sí era más implacable que sus rivales masculinos, lo que le permitió superarlos en astucia. Una vez en el poder, Merkel proyectaba una especie de seguridad maternal: bajo su protección, todo iría bien. 

Este no era el estilo de Thatcher; ni tampoco el de Takaichi. Es intransigente en materia de inmigración y defensa, y, al igual que su mentor, el difunto primer ministro Abe Shinzōno tiene tiempo para detenerse en los crímenes japoneses de la Segunda Guerra Mundial y no ve ningún problema en enviar una ofrenda al santuario Yasukuni, donde se honra, entre otros, a criminales de guerra convictos. 

La decisión de Takaichi de aumentar el gasto en defensa al 2 por ciento del PIB para marzo y su deseo de revisar la constitución pacifista de Japón han complacido al presidente estadounidense Donald Trump, a quien aparentemente convenció en su primer encuentro. Trump incluso la presentó como “una vencedora”, señalando que se habían “convertido en amigos muy cercanos de repente”. Sin embargo, las posturas beligerantes de Takaichi resultan tan alarmantes para los chinos que aún no la han felicitado por su victoria. 

Así como Thatcher menospreciaba los políticos más liberales del Partido Conservador llamándolos “blandos”, Takaichi tiene la habilidad de hacer que algunos de sus compañeros del PLD —incluido su predecesor, el desafortunado Ishiba Shigeru— parezcan pusilánimes. Esto podría convertirla en una líder eficaz. Incluso podría tener éxito donde Abe fracasó: reformando la constitución y otorgando un mayor protagonismo a las fuerzas armadas japonesas. 

El único ámbito en el que difiere de Abe, al menos en su discurso, es la inmigración. Abe flexibilizó los requisitos de visado para garantizar que los sectores industrial, agrícola y de la construcción de Japón pudieran contratar la mano de obra extranjera que necesitaban. También impulsó el turismo para generar ingresos adicionales. En cambio, Takaichi ha adoptado una postura firme en materia de migración. Sin embargo, al debilitar a los partidos de extrema derecha que fomentan la xenofobia, podría tener más facilidad para continuar discretamente con las políticas de Abe. 

Takaichi parece desinteresada en ayudar a las mujeres a triunfar en la vida pública. Sin embargo, su ejemplo podría ser su mayor contribución en este sentido. Cuando Barack Obama ganó la Presidencia de Estados Unidos en 2008, la comunidad negra de Harlem celebraba en las calles. Recuerdo a un padre orgulloso gritando de alegría: “¡Mi hijo puede ser presidente de Estados Unidos!”. Ahora, las madres japonesas pueden sentir lo mismo por sus hijas. Eso no es poca cosa. 

El escritor es autor de numerosos libros, entre ellos Año Cero: Una historia de 1945Los Colaboradores: Tres historias de engaño y supervivencia en la Segunda Guerra Mundial y, más recientemente, Spinoza: El Mesías de la Libertad (Yale University Press, 2024). 

Derechos de autor: Project Syndicate, 2025.  
www.project-syndicate.org 

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