Isa Treminio. CORTESÍA

Isa, fisicoculturista, vendedora ambulante, entrenadora y tiktoker

De niña la humillaban cuando vendía atol en las calles. Se convirtió en enfermera. Ahora es entrenadora personal y sube contenido a sus redes sociales para motivar a más personas como ella.

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Cada madrugada, a las cuatro, Isaura Treminio Sevilla despierta más animada que el día anterior. Para esta mujer cada día que pasa significa una jornada intensiva de trabajo y disciplina, la cual le encanta porque, asegura, le hace sentir que se supera a sí misma con el tiempo. 

A las 5:30 de la mañana sale para el gimnasio en donde trabaja como entrenadora personal. Después de hacer su propia rutina, dirige los ejercicios de las otras personas que se entrenan con ella. Su desayuno llega hasta las 11:00 de la mañana. 

Al mediodía, Isa, como la conocen en su natal Río Blanco, regresa a su casa para preparar la venta de la tarde. Puede ser atol, cajetas de leche, rosquillas, frutas, helados. Lo que sea. Incluso ha vendido leña en un carretón. Tiene más de 20 años siendo vendedora ambulante y sabe que cualquier cosa que tenga en sus manos, tendrá la capacidad de hacer que la gente pague por ello. 

Isa Treminio vendiendo leña en las calles de Río Blanco. CORTESÍA

“Yo soy bisnera (negociadora)”, se describe a sí misma. Desde los 7 años la mandaban a vender por las calles de Río Blanco junto a sus hermanos mayores. Luego le tocó a ella sola y aunque ahora tiene 28 años, sigue saliendo todos los días a las 3:00 de la tarde para vender. 

No solo lo hace por necesidad, dice, sino porque le gusta. Es licenciada en Enfermería, pero nunca ejerció esa profesión porque no le gusta la idea de tener que rendirle cuentas a un jefe. 

Isa es una una mujer de escasos recursos que vino desde abajo para salir adelante ella y su familia. Lo hizo vendiendo en las calles y además de entrenadora personal se convirtió en fisicoculturista amateur y tiktoker. 

En sus redes sociales sube videos motivacionales en donde habla de la superación personal. Su intención, señala, es que otras personas que vengan desde abajo como ella puedan “luchar por sus sueños y salir adelante. Si yo pude, cualquier otra persona también puede”. 

Familia de vendedores 

El primer recuerdo que tiene Isa de su infancia es recorriendo las calles de Río Blanco con un baldecito lleno de vasitos con atol de trigo. Asimismo lo hicieron sus hermanos mayores, pero también su mamá, su abuela y otros familiares que convirtieron la venta ambulante en un oficio que pasó de generación en generación y ha sido su manera de sobrevivir hasta estos días. 

Ella es la quinta de los seis hijos que crio doña Elba Sevilla por su cuenta. Sus diferentes parejas la abandonaron con sus vástagos y la mujer debía hacer de todo para sacarlos adelante y que no los corrieran del cuarto o de la casa donde alquilaban.

Cada tarde, Isa sale a vender como cuando era una niña. CORTESÍA

Además de atol, la pequeña Isa vendía tortas, enchiladas, nacatamales, cajeta de leche, sopas y todo lo que se pudiera. “Mi mamá lo preparaba todo y a mí me tocaba ir a venderlo”. Todo lo que ganaba se lo entregaba a su mamá, pero en la secundaria encontró una nueva forma de hacer su propio dinero. 

“Le hacía los trabajos a los otros chavalos para que me pagaran y ahí hacía mi dinerito”, relata. Otras veces pasaba bajando mangos de un árbol que estaba en el camino hacia su escuela, los cortaba en rodajas, los metía en una bolsita y los vendía en su colegio durante el recreo. 

Cuando entró a la universidad fue la única vez que tuvo un trabajo donde tenía jefes. Isa estudió Enfermería en la Universidad Cristiana Autónoma de Nicaragua (UCAN), en Matagalpa, y viajaba todos los días desde Río Blanco para ir a clases. La joven también trabajaba en una discoteca. 

“Trabajaba de miércoles a domingo. Entraba a las 5:00 de la tarde y salía a las 2:00 o 3:00 de la mañana”. A esa hora, Isa se iba a tomar el bus que la llevaba a Matagalpa para llegar temprano a la universidad. “No dormía nada. Yo dormía en el bus”, recuerda. 

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Ella quiso estudiar Enfermería porque le llamaba la atención los temas de la salud, pero también porque siempre fue buena en Matemáticas y Física, dos materias en las que piden notas altas para esa carrera. 

Se graduó en 2019, pero nunca ejerció esa profesión porque “uno vive monedeando y estoy acostumbrada a que no me mande nadie”. 

Mientras estaba en la universidad, Isa tuvo a su hija. Actualmente la menor tiene 10 años e Isa ha hecho todo lo posible para que a la niña no le haga falta nada y no tenga que salir a las calles a vender. “Ella no tiene por qué pasar por las humillaciones que yo pasé. A mí me hacía llorar la gente en la calle”, recuerda. 

En algunas ocasiones, los clientes le pedían atol. Ella lo entregaba y hasta que terminaban de comérselo, unos 15 o 20 minutos después, le pagaban. Mientras tanto ella tenía que esperar en la calle, bajo el sol o la lluvia. 

Otras personas la ofendían o le tiraban el dinero como para no tener que acercarse a ella, o tocar sus manos. Incluso, hubo personas que le robaron y otras que no le pagaban cuando entregaba el producto. “Yo me ponía a llorar porque después mi mamá a la que castigaba era a mí. Eran momentos bien horribles esos que pasé”, relata. 

A Isa le gusta el gimnasio y el fisicoculturismo. CORTESÍA

Fisicoculturista y tiktoker 

En aquellos años de niña también le gustaba jugar futbol con los otros niños del barrio y le encantaba ir a las montadas de toros. “Era chimbarona, como decimos”, se describe. Esa personalidad la llevó a meterse en el gimnasio en 2016. Ella entró para probar, pero poco a poco le fue tomando gusto. “Yo me ponía taco a taco con los hombres a entrenar”, relata. 

Ese primer año, Isa conoció a Manuel Rivera, un entrenador esteliano que le ayudó a crear sus rutinas hasta que ella misma con sus conocimientos de Enfermería y su experiencia en el gimnasio, se hizo entrenadora personal. 

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Se dedica a esto desde hace seis años y ahora entrena a 40 personas “sin contar a los que entreno a distancia”, comenta. 

El mismo Rivera le recomendó competir en fisicoculturismo y fue así como esta mujer encontró una nueva pasión. En 2020 compitió por primera vez en este deporte y obtuvo el tercer lugar en una competencia nacional. “Para mí eso fue un gran logro”, cuenta Isa. 

Desde entonces ha estado compitiendo en eventos y ahora es una atleta amateur.

Isa ya ha competido a nivel nacional en fisicoculturismo y aspira a representar a Nicaragua en el extranjero. CORTESÍA

Isa depende económicamente de las personas a las que les da entrenamiento y de lo que vende en las calles. Esto último le ha permitido subsistir toda su vida, hasta el punto de levantar su propia casa y comprarse una motocicleta en la cual se moviliza y sale a vender cada tarde. 

Por ahora dice que está enfocada en seguir trabajando para que a su hija y a su mamá no les falte nada, y aspira seguir creciendo en el fisicoculturismo. “Mi sueño es salir del país a competir y sé que algún día lo voy a lograr”. 

La Prensa Domingo Fisicoculturismo Nicaragua archivo

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