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Una noche de noviembre de 2024, el nicaragüense Samer Alwazir González salió junto con su esposa embarazada en medio de un bombardeo israelí en el norte de Gaza porque ella estaba a punto de dar a luz. No había vehículos, ni luz ni agua y mucho menos comida o medicinas.
A pie, y expuestos a la muerte, sortearon los escombros y los misiles hasta que pudieron llegar al único hospital comunitario que quedaba en pie. Ahí nació el pequeño Samer, quien lleva el mismo nombre que su papá. Ya tiene 11 meses y sus padres han hecho de todo para que no le falte nada, a pesar de que no tienen comida para ellos mismos.
Samer Alwazir González es un palestino-nicaragüense que hasta 2021 vivía en León con su familia. Ese año se graduó como economista en la UNAN. Su madre, Azucena González Vargas, es originaria de Malpaisillo, León, y su padre, Sami Darwish Alwazir, es odontólogo palestino nacionalizado nicaragüense.

Ese año se mudó a Palestina para fundar una clínica odontológica con su padre. Samer era el encargado financiero y todo iba bien hasta que estalló la guerra entre Israel y Hamás el 7 de octubre de 2023. Desde entonces, la vida de Samer ha sido “horrible”, cuenta.
El plan de paz impulsado por Donald Trump ha generado un cese al fuego en Gaza y hasta el momento se habla de un probable final de la guerra. Eso es lo que espera Samer, aunque no se confía porque cree que Israel puede volver a atacar en cualquier momento y profundizar aún más la crisis.
En esta entrevista, Samer cuenta cómo está la situación en Gaza, además de cómo ha hecho para sobrevivir junto a nueve miembros de su familia y la petición que le hizo al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo para que lo evacuen junto a su familia, lo que no ha prosperado.
¿Cómo están usted y su familia tras el cese del fuego en Gaza?
Estamos en un estado de que no sabemos qué vaya a pasar. Todavía con algo de miedo, porque a pesar de que los ataques ya cesaron, por ejemplo, hoy en la mañana estuvieron bombardeando bastante porque el Ejército de Israel solicitó los cadáveres de algunos de los secuestrados por Hamás. Entonces, como se tardaron en la entrega de los cadáveres estuvieron golpeando bastante en la mañana. Así como para presionar, que aceleraran la entrega.
Entonces, la situación todavía no está del todo bien. La ayuda humanitaria todavía no está entrando como debería y toda la gente que quedó aquí está viviendo las consecuencias de la guerra.
¿En qué parte de Gaza vive usted?
Yo vivo y me mantuve en el norte de Gaza todo el tiempo. Desde antes de la guerra yo viví aquí en el norte. Al inicio de la guerra, la primera semana, el primer viernes de la guerra de hecho, tiraron boletines solicitando el desalojo del norte de Gaza y alrededor de un millón de personas se fueron al sur y estuvieron allá durante un año y tres o cuatro meses. Yo me mantuve en el norte, pero aquí en el norte fue donde estuvieron más los ataques y la hambruna todo el tiempo.
El último mes, antes de que acabara la guerra, la gente volvió a ir al sur y estuvo aquí la situación horrible. Estuvieron bombardeando. Yo los dos años de guerra me mantuve mudándome de una casa a otra, donde un vecino, donde un amigo, donde un familiar, tratando de sobrevivir lo más que se pueda.
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¿Cómo se protegen de los bombardeos?
No, eso ya es cosa de Dios. Aquí aprendimos que si escuchás la bomba no es para vos. Cuando la bomba es para vos, no la vas a escuchar.
Durante la guerra, si veíamos que el Ejército (de Israel) estaba entrando en el centro, nos íbamos hacia otro lado, hacia otro barrio y así más o menos esquivando al Ejército y los bombardeos. La verdad es muy difícil evitarlos porque, por ejemplo, el edificio donde yo estoy, cuatro veces lo bombardearon durante la guerra y las cuatro veces yo estaba aquí. Gracias a Dios sobrevivimos, pero no fue fácil.
¿Cómo escapó con vida de esos cuatro bombardeos?
Dos veces fueron de día y dos fueron de noche. Ellos bombardean apartamentos específicos. Entonces, gracias a Dios, no fue en el apartamento en el que yo estoy, pero las personas que vivían en esos apartamentos fallecieron. Eran cuatro apartamentos, cuatro familias fueron asesinadas aquí en el edificio donde estoy. Y así en toda Palestina, en todo lo que es Gaza la gente y los niños han muerto, lamentablemente.

¿Esos bombardeos no provocaron que se derrumbara el edificio?
No porque a veces bombardean lo que es un apartamento y a veces bombardean todo el edificio. A veces incluso te llamaban diciendo “vamos a bombardear”, y te daban tiempo de irte. Después caían bombas y botaban todo el edificio. Depende de lo que ellos querían se hacía. Las cuatro veces que bombardearon aquí no nos dijeron que iban a bombardear, sino que solo bombardearon y las personas murieron. Y así en el 90 % de los casos. No te llaman, simplemente te bombardean y el que esté ahí, pues salado.
En esas llamadas, ¿qué les decían? ¿Les daban algún tipo de instrucción para salir?
Sí. Te decían, por ejemplo: “¿Tú eres Samer Alwazir? ¿Te encuentras en tal y tal lugar? Estás con tu familia y en el edificio que estás hay tantos apartamentos y tantas personas. Anda a decirle a todas las personas que desalojen y a los vecinos y a toda la gente de la cuadra. Tienes media hora”. Y tenías que hacerlo en media hora exacta. Después de media hora caía el misil.
¿En qué condiciones están su hogar y la clínica de su familia?
Pues el apartamento, gracias a Dios, ya llevo alrededor de seis meses aquí en el apartamento nuestro. Varias veces nos tuvimos que mudar, pero ya en los últimos seis meses ya me he mantenido aquí. La mayor parte del daño fue en los primeros meses de la guerra, cuando el Ejército llegó aquí a la zona donde está el edificio. Está todo disparado y hay un lado del edificio que está dañado totalmente, pero gracias a Dios está habitable. Cuando te digo habitable solo son cuatro paredes, literalmente. La energía eléctrica y el agua potable no hay desde el inicio de la guerra.
Y la clínica la destruyeron en el primer mes de la guerra, nos la quemaron y fue una pérdida total. Económicamente, en el ámbito laboral, nos dañaron totalmente el negocio y pues ahora a ver cómo vamos a hacer en un futuro.
¿Cómo destruyeron su clínica?
El Ejército había entrado vía terrestre a Gaza y literalmente estaban adelante de la clínica. Tiraron una granada incendiaria y la quemaron. No pudimos ni llegar a apagar el incendio porque ahí estaba el Ejército y la verdad no nos dimos cuenta en el momento, sino que semanas después nos dimos cuenta de que habían incendiado el lugar.
¿Cómo hacen para beber agua y cargar sus teléfonos?
El agua potable tenemos que ir a una zona para recoger agua. La energía eléctrica no hay, cargamos los celulares y la batería a través de paneles solares. Pero no hay televisores o lavadoras o refrigeradoras. Solo se puede usar lo que son celulares y una batería para tener luz en la noche y poco más.
Actualmente hay un plan de paz anunciado por Donald Trump y que ha logrado un cese al fuego por ahora, ¿qué espera de ese plan?
Pues estos dos años (Israel) estuvieron con la excusa de que ellos querían a los rehenes. Ahora ya se entregaron a los rehenes vivos y solo están esperando los cadáveres, que son 28, y poco a poco se los van entregando. Entonces, ya ahora no van a tener excusa de seguir con la guerra. Ahora, si la guerra volviese por alguna circunstancia, no tendrían excusas de decir que están haciendo esto por los rehenes.
¿Espera el fin de la guerra entonces?
Sí porque públicamente no les convendría volver a una guerra sin razón.

Usted como habitante de Gaza, ¿qué piensa del plan de paz de Donald Trump?
Es algo muy complicado. Donald Trump, al final de cuentas, lo que está intentando hacer es la paz, pero también están intentando hacer convenios políticos. Al final esto no pasó solo por Palestina, sino que claramente Catar, Egipto y Turquía metieron su mano. Entonces, ellos tal vez ayudaron a Donald Trump con promesas o algo.
En un momento Trump dijo que quería convertir Gaza en una especie de resort turístico, ¿cómo ve esto?
Es que es eso. Al final nadie hace nada sin un beneficio.
¿Cómo era su vida en Gaza antes de los ataques de Israel?
Yo vine aquí en 2021. Soy nicaragüense y viví toda mi vida en Nicaragua, pero cuando vine aquí yo puse un negocio para volver a Nicaragua e iniciar mi negocio personal en Nicaragua. Yo pensaba volver en 2024. Económicamente las cosas estaban yendo bien, ya tenía casi todo el dinero para volverme a Nicaragua. Y la verdad la vida aquí era muy tranquila. Nadie se metía con vos. Todo el día era trabajo y trabajo. Era una vida tranquila, feliz y no se podía pedir nada más de la vida. Lamentablemente pasó lo del 7 de octubre (de 2023) y lo que pasaron estos dos años y todo lo que habíamos construido se perdió literalmente.
¿Su vida en Nicaragua cómo era?
Yo viví en Nicaragua 14 años, desde el 2007 hasta el 2021. Yo nací aquí en Palestina. Antes de irme a Nicaragua viví en Cuba 3 años. Aquí solo nací, pero nunca viví. Yo toda mi vida pasé en países de Latinoamérica, sobre todo en Nicaragua porque mi mamá es nicaragüense y yo soy nicaragüense. Toda mi cultura, todas mis creencias y toda mi vida ha sido en Nicaragua. Yo soy nicaragüense, leonés, gracias a Dios.
¿Cómo fueron estos dos años de guerra en la zona donde se encuentra?
Desde el inicio de la guerra nos cortaron la luz, nos cortaron el agua, no hay gas tampoco. Entonces tenías que buscar los suministros, lo que es madera, agua, cómo cargar los celulares, cómo cargar la batería y todo lo necesario para sobrevivir en tu día a día. Al inicio tal vez había un poco de comida, pero fue un par de meses. Ya con la frontera cerrada no había comida. Teníamos que ir a las ayudas humanitarias donde nos disparaban y nos bombardeaban por buscar comida.
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¿Cómo hacían usted y su familia para comer?
En mi familia somos 10 personas. Somos cinco adultos y cinco menores de edad. Los únicos hombres somos yo y mi hermano. Entonces, mi hermano y yo teníamos que ir a los camiones de ayuda humanitaria, pero ahí literalmente mataban a las personas, les disparaban, los bombardeaban, los acorralaban, e incluso los secuestraban. Yo tuve que ir con todo el riesgo muchas veces para buscar un bolsón de harina para alimentar a la familia. Entonces, eso era un tema muy complicado.
¿Se alimentaban solamente de harina?
Harina y orégano. Esa era toda nuestra alimentación. Había días que solo comíamos un pan sin nada. Hubo meses que pasamos así, pan solo, sin nada, sin queso, sin orégano, sin nada, porque no había nada más. Gracias a Dios, había harina. Que a veces tampoco había harina, entonces había días en que no comíamos nada. Todo lo que es pollo, carne, frutas, verduras, todo eso, nulo. Ahorita ya vamos para noviembre y la última vez que comí pollo fue en enero y solo comí un pedazo pequeño. La alimentación aquí es pésima.
¿Cómo preparaban el pan?
El pan lo hacíamos con la madera. Traíamos madera de los edificios destruidos, de las casas destruidas, recolectábamos madera debajo de los escombros y encendíamos fuego y hacíamos el pan. Es sencillo de hacer, pero lleva tal vez una hora para prepararlo.
¿Perdió algún ser querido durante la guerra?
Un tío y varios amigos míos muertos por las explosiones, los bombardeos. Tenía un amigo que se llamaba Alí y que había conseguido un permiso para salir de Gaza. Lo había conseguido a través de Chile. Los chilenos lo habían solicitado y le habían dado un permiso e iba a salir un martes. Ese mismo martes la Cruz Roja lo llamó y le dijo: “Espérate hasta el próximo martes porque no te vamos a poder sacar hoy”. Lamentablemente el día que se suponía que iba a salir, falleció. Bombardearon la casa enfrente donde estaba él, y murió.
Israel ha bombardeado lugares donde hay civiles diciendo que se escondían personas de Hamás en estos lugares.
La gente se escondía en escuelas, hospitales, centros de salud, donde podían y a fin de cuentas, los de Hamás son parte del pueblo y no había manera de saber quién era de Hamás y quién no. Tal vez había uno o dos que no sabías quién era. Muchas veces por eso ellos se excusaban y otras veces no había nadie y bombardeaban las escuelas igualmente. Muchas veces lo vimos. El edificio donde yo estoy, cuatro veces lo bombardearon y aquí no hay personas de Hamás. En el edificio donde yo estoy, antes de comprar el apartamento, te revisan el historial y si sos de Hamás no podés comprar.
Aún hay miembros de Hamás en Gaza y entiendo que hay disputas internas en el grupo, ¿cómo se está viviendo esto?
Todavía siguen y lo que están haciendo ahora es encargarse de los que son espías, porque durante la guerra hubo espías aquí dentro de Gaza, personas que informaban al Ejército de Israel para que hicieran los ataques.
Israel dice que Hamás torturaba a los rehenes y que muchos murieron por eso, que incluso les disparaban entre los ojos.
Los rehenes no fueron torturados, sino que morían por el mismo problema de que no estaba entrando la comida. Así como murieron de hambre las poblaciones, igualmente a ellos les pasó factura.

Y en su caso, ¿le pidió al Gobierno de Nicaragua que lo evacuara?
Yo he tratado de comunicarme con la embajada nicaragüense, con las autoridades del Gobierno, pero Nicaragua no tiene relaciones diplomáticas con Israel, entonces eso complicó mucho durante estos años. Los únicos países que pudieron sacar medianamente a sus ciudadanos fueron los países que tienen embajadas en Israel. Lamentablemente, no es el caso de nuestro país.
¿Pero las autoridades de Nicaragua tampoco le ofrecieron salir hacia Egipto y evacuarlo desde ahí o alguna otra solución?
No. Ellos me dijeron que ya tienen mi caso y que están trabajando en él, pero como no hay embajada aquí tampoco pueden hacer mucho. Hay muchas personas latinoamericanas aquí y estamos todos atrapados porque Israel no está facilitando… Si te acercas a la frontera, te disparan. Israel al inicio de la guerra cerró toda posibilidad de salir. Están poniendo muchas trabas.
¿Cómo ha sido esa comunicación con las autoridades de Nicaragua?
No he sido yo directamente, sino que mi papá que está fuera. Él salió una semana antes de que iniciara la guerra porque se iba a hacer una cirugía. Está en Egipto y quedó afuera. Él es el que se ha comunicado por vía telefónica. Le dijeron que están haciendo lo posible, pero que Israel está poniendo muchas trabas y que está siendo muy complicado. Hasta el día de hoy siguen moviéndose gracias a Dios porque tengo gente allá que se sigue moviendo gracias a Dios y siguen haciendo de todo para sacarme.
¿Nunca pensó salir hacia Egipto?
La frontera con Egipto desde el primer mes de la guerra la bloquearon los del Ejército de Israel. Eso fue lo que más complicó la salida. O sea, si la frontera con Egipto hubiera estado abierta Nicaragua hubiera podido hacer algo, pero el Ejército de Israel estaba en medio de la frontera y no permitía a nadie salir. Entonces eso hizo que todo el diálogo del Gobierno de Nicaragua fuera con Israel y no con Egipto. Eso complicó mucho la situación.
Entiendo que hubo personas que salieron hacia Egipto pagando hasta 5,000 o 6,000 dólares.
Sí, eso fue en los primeros meses de la guerra. Una compañía egipcia hizo eso, pero en mi caso personal no podías. En ese entonces éramos ocho personas. Yo necesitaba 40,000 dólares para poder salir, dinero con el cual no contaba.
¿Qué planea hacer ahora que la guerra en teoría ha finalizado?
Primero que nada, salir de Gaza. Eso es lo más importante y ver cómo volver a Nicaragua. Es nuestro país, es donde yo crecí y es donde tengo a mi familia y tengo a mis seres queridos y conocidos. Con esta experiencia que tuvimos de dos años en guerra, la verdad, Nicaragua para nosotros es el país en el que quisiéramos estar ahorita. También por mi hijo y mis dos sobrinos que son menores. Mi hijo tiene 11 meses de edad.
¿O sea que su hijo nació en medio de la guerra?
Mi hijo nació en medio de la guerra, sí.
¿Cómo fue todo ese momento para usted y su pareja embarazada? En medio de la guerra y encima con hambre
Pues nosotros estábamos comprometidos desde antes de la guerra. La boda iba a ser en diciembre del 2023, pero como la guerra empezó en octubre, la pospusimos y nos casamos en marzo de 2024. Hicimos una pequeña ceremonia en la casa con la familia. Una vez que nos casamos, ella salió embarazada y pues lo del embarazo fue muy complicado, todo el proceso del embarazo por la falta de comida y de medicinas.
¿Cómo fue el parto?
El día del parto igualmente fue muy complicado. La labor de parto fue de noche, estaban bombardeando y tuvimos que ir a pie al hospital. Cuando mi mujer salió embarazada, nosotros dijimos: “Imposible que la guerra dilate 9 meses más”. Pero ya vemos que se alargó. Cuando nació mi hijo no había comida, no había carros, no había transporte, todo estaba muy complicado.
¿En qué lugar nació su hijo?
Nació en el único hospital comunitario que está trabajando aquí en Gaza, en el norte de Gaza al menos, ahí es donde nacen todos los bebes. Nació bien gracias a Dios y hemos hecho todo lo posible para que no le falte nada. No te voy a mentir, pues lo que son pañales, lo que es leche en polvo, nada de eso hay en Gaza, no ha entrado. Entonces, hasta ahorita que hay un cese al fuego entró algo, pero en todos estos 11 meses que el niño tiene no ha tenido lo que son necesidades básicas.

¿Y cómo ha hecho para alimentarlo?
Todo con leche materna y ya después de los 5 meses le íbamos metiendo un poquito de pancito con leche. Le conseguí un poco de leche y poco más.
¿Cómo se llama su hijo?
Samer.
Igual que usted
Así es (ríe).
¿Qué espera para el futuro inmediato en Gaza?
Mirá, si algo he aprendido de la guerra es que los judíos no tienen palabra. Es muy muy difícil imaginar un panorama donde ellos no vuelvan a romper una tregua. Esperemos que esta vez cumplan su palabra y que la presión internacional tenga efecto, pero la verdad yo no sé qué tanto puede durar este cese al fuego.
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