Hernaldo Zúñiga, cantautor nicaragüense. CARLOS HERRERA

Hernaldo Zúñiga: “La muerte de mi mamá ha sido el evento más doloroso que he sentido”

Tras una temporada alejado de la música, Hernaldo Zúñiga regresó con nuevos proyectos en mente, pero también acarreando las muertes de sus padres y amigos cercanos a quienes no pudo despedir.

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.
Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Hernaldo Zúñiga es como un recién nacido que ha llegado a un mundo desconocido: el digital. A sus 70 años está aprendiendo sobre las redes sociales, pero también sobre cómo adecuar su música al siglo XXI. 

Estuvo fuera de la escena musical por cinco años. Se dio cuenta que su modelo de trabajo se estaba viniendo abajo. A ello se sumaron diferentes tragedias en su vida, como la muerte de su padre Hernaldo Zúñiga Montenegro (2021), la de varios de sus amigos como Ernesto Cardenal (2020), e incluso casi pierde a su esposa Lorenza Azcárraga quien se contagió de covid-19, en un episodio que describe como “una pesadilla”. 

Radicado en Ciudad de México, el año pasado retomó su carrera musical y ya tiene proyectos entre manos. Sin embargo, el infortunio sigue siendo parte de su vida. El 3 de septiembre pasado, su madre Alma Gutiérrez Barreto falleció a los 98 años. Él no pudo asistir al funeral ni al entierro y más bien dio un concierto tres días después en el certamen de Miss Nicaragua. “Pero yo estaba en modo automático, en shock”, relata.

Hernaldo Zúñiga hizo una pausa musical en su carrera. CORTESÍA

Sobre ese episodio nos habla en esta entrevista, además de la pausa musical que hizo y de cómo se prepara para darle un cierre a su carrera “a como se merece”. También nos detalla su cercanía con Ernesto Cardenal, con Gabriel García Márquez y la travesía que hizo su madre para llevar a Masaya un disco de Los Beatles de 1967. 

Estuvo cinco años alejado de la música y los escenarios, ¿por qué? 

Realmente desaparecí de la música. Una parte por voluntad propia y otra impuesta por circunstancias externas que me llevaron a generar esta pausa tan larga. Yo creía que mi vida se fincaba sobre la música y que se justificaba a través de la música. Me di cuenta de que no, que la música era un elemento fundamental, pero que contaba con otros elementos que era lo que articulaba mi vida. Hice cosas que no había tenido tiempo de hacer. Viajé mucho con estadías prolongadas. De alguna forma recreé a los viajeros del siglo XIX y no al turista del siglo XXI. 

¿Qué más hizo en estos años sin música? 

Tuve una inmersión descomunal en mi vida personal, en lo familiar. Curiosamente no leí más que antes, que yo creí que podía llegar a ocurrir porque tenía más tiempo. Es más, he disminuido mi tiempo de lectura diaria porque antes dedicaba mucho a leer medios, periódicos básicamente. Pero con las nuevas maneras del periodismo de hoy más todo el advenimiento de los fake news y esta manipulación, te comprometen mucho tu entorno. Antes me leía todo, ahora ya no. 

¿Qué lo hizo alejarse de la música? 

Fue el resultado de una suma de factores. Primero sentí que mi modelo de trabajar en la música se había agotado. Yo fui de los lúcidos que dijeron que las redes sociales eran flor de un día. Yo empiezo a tener redes hasta hace 15 días. Yo pensaba que el motor y la gasolina de mi máquina era la música, nada más. Que el poder de convocatoria lo generaban las canciones y el grado de compromiso y de complicidad que se generaba entre el público y este servidor. Era un poco una visión, digamos, con un cierto aire ególatra. 

Lea también: Un hijo busca y encuentra a su madre medio siglo después

La realidad me fue demostrando que mi poder de convocatoria iba en disminución. En lugares donde yo tenía un lleno garantizado, pues ya tenía un 80 % y empecé a plantearme que a lo mejor había llegado mi tiempo, que lo había agotado. 

¿Se planteó el final de su carrera? 

Pensé que quizás a la gente ya no le interesaba lo que hago. Esa fue mi primera conclusión, hasta que hubo una reunión de crisis y se me dijo: “Hernaldo, lo que pasa es que tú sigues con las herramientas de ayer desde el punto de vista de marqueteo, promoción, difusión y el mundo ya está en otra cosa”. 

Te estoy hablando de meses antes de la pandemia, exactamente en noviembre de 2019, y ya hay artistas que llevan 3 o 4 años con sus redes. Yo tenía Twitter y vertía opiniones más bien de orden político, como que le interesaba a alguien mis opiniones personales de lo que yo creía que debía ser el mundo. Al final, para eso están los pensadores, los políticos, los sociólogos, ustedes los periodistas. Entonces, se fue agotando mi modelo y dije: “Bueno, me voy a dar un año sabático para repensar todo. Evaluarlo, ver hacia dónde quiero ir”. 

Y justo llega la pandemia. 

Llega la pandemia y mi esposa (Lorenza Azcárraga) queda al borde de la muerte por el covid-19. Ella se enferma la primera semana de marzo (de 2020) y está 40 días en cuidados intensivos, intubada y hubo tres días particularmente en que ya se moría. 

¿Tuvo miedo de perderla? 

Como puedes imaginar, fue un evento descomunal. Aparte nos tocó que ocurriera en Estados Unidos y la salvó las excepciones que siempre hay, que fueron como ángeles. El sistema, la manera en que se abordó el covid-19 ahí con un presidente que decía que había que tomar cloro para cuidarse. Y todo el tema del miedo, de las demandas, todo eso hizo que yo viviera una experiencia parecida a una pesadilla, más que a una experiencia de salud a la que yo estaba habituado en México, en Nicaragua o en Chile 

Hay una separación cultural desde la manera en que se te acerca el médico y como te habla. En nuestra cultura se vuelve como una especie de miembro de la familia, sobre todo en un caso así, pero la manera en que se aborda ahí es diferente y que además no sabíamos nada. No quisiera que esto se viera como una crítica, que sí yo tengo una postura crítica con mi experiencia, con la experiencia de mi señora. Pero ella está viva por la lucidez, la bondad y la generosidad de dos médicos en concreto del cuadro de médicos en la que ella estuvo aislada porque allá fue un tema de seguridad nacional. Entonces estaban los hospitales con el Ejército pululando ahí. En fin, fue muy intimidante, fue muy feo.

¿Pudo recuperarse? 

Se recuperó rapidísimo. En seis meses Lorenza ya era la persona que había sido. Tiene pequeñas secuelas, muy pequeñas, casi nada. Yo tuve también covid-19 y a mí me afectó también. Pues lo que le ha pasado a todo el mundo, que perdiste memoria, tu calidad de sueño. 

Hernaldo Zúñiga vive en México junto a su esposa e hijos. CORTESÍA

Para ese tiempo recuerdo que falleció su papá Hernaldo Zúñiga Montenegro. 

Sí, en ese poquito tiempo muere papá. Se va sin despedirse, digamos. Y obviamente fue otro quiebre que no es que incidiera en la música, pero ya trae una dinámica de dos años. Por un lado, de que el mundo se cierra, luego otro año que el mundo está aislado. Y las redes empiezan a tener un crecimiento exponencial porque la gente está aislada y yo sigo de espalda a las redes. 

¿En todo ese tiempo no volvió a hacer música para nada? 

A mi guitarra y a mi piano le crecieron literalmente telarañas. O sea, me retiré. Pero también los eventos en Nicaragua, te soy honesto, me afectaron mucho en lo emocional. Fíjate que viví el golpe de Estado de Salvador Allende (en Chile); viví la insurrección en septiembre de 1978 y estuve en el cierre el 19 de julio de 1979; viví la transición española, que eso fue una cosa luminosa; y también el proceso de transformación en México. En fin, he vivido eventos poderosísimos. Ahí estamos incluyendo guerras, golpes de Estado. 

También en mi entorno profesional hubo un cambio de lo analógico a lo digital tan, para mí, ingobernable. Yo era un profesional muy aplicado. Iba a congresos especializados de música, donde no había nunca un artista. Iban productores, directores de disqueras, estaba involucrado en la lucha de la propiedad intelectual. Era un compositor que realmente tenía un conocimiento de mi entorno como lo podía tener el presidente de una disquera y de repente todo eso se va en un desagüe. Era un profesional graduado en Harvard, en Oxford, en Cambridge, con doctorados en Yale y de repente paso a ser analfabeto. Yo era un profesional hipercualificado desde el punto de vista de formación. No estoy hablando de la parte artística que eso le toca al público enjuiciarlo. 

¿Y qué le hizo volver a la música? 

Yo nunca había conjugado mi vida en pasado, siempre era presente o futuro. Para mí fue una sacudida de tierra cuando empecé a sentir que la lectura que se hacía desde afuera a lo mío empezaba a hablarse ya en pasado. Y empecé a ver esta foto de polaroid que pierde color, incluso las formas. 

Luego me empezaron a enviar de forma absolutamente casual videos míos, muestras de cariño y me recriminaban: “¿Y por qué no seguiste? ¿Qué pasó?” Sé que hubo especulaciones de que estaba con una enfermedad, otros hablaban de que me había hasta muerto. Empecé a sentir que por un lado no había concluido mi carrera como debía, como merecía. Y todo ello hizo aparecer ese dedo que está llamándote y de repente ya estaba en un concierto en Miami después de cinco años. 

¿Resintió de alguna manera haber estado fuera de la música cuando volvió? 

Tengo el privilegio de conservar no solamente la voz como la he tenido siempre, sino en una escala superior. Tengo una capacidad de interpretación vocal y de proyección muy superior a la que tenía cuando era joven. Yo oigo mis discos de cuando tenía 20 años y me da rabia. Me da rabia porque no tenía esta voz que tengo hoy. 

Lea también: Celebridades que muy poco saben son nicaragüenses

Uno de sus últimos conciertos fue a inicios de septiembre, un día después de la muerte de su madre Alma Gutiérrez Barreto. ¿Cómo fue para usted ese momento? 

Las circunstancias eran horribles porque mi madre muere hoy y al siguiente día estaba cantando. Como puedes imaginar, mi estado emocional, además con circunstancias difíciles porque ese concierto fue en el marco de un evento de Miss Nicaragua. Hubo mucha dificultad con mi staff tanto técnico como artístico, porque yo era una especie de adhesión a un proyecto que no era solamente un concierto mío. 

Ello, pues, más la circunstancia de la muerte de mamá que ha sido el evento más doloroso que yo he sentido y lo sigo procesando. Soy honesto, estuve en modo robótico como un par de horas, como en shock. Era un tema esperado, era una mujer que tenía casi 99 años, ya llevaba casi dos años malita, pero por mucho que lo esperes y sobre todo habiendo tenido una madre como la que tuve, que todos tenemos madres extraordinarias, pero la mía era cinco estrellas. 

¿Cómo recuerda a su mamá? 

Fue una mujer única, una gran ciudadana, una gran madre, hija, amiga. Muy avanzada en su tiempo, muy viajera. Yo fui su primer hijo varón y físicamente nos parecíamos mucho, que eso parece mentira, pero genera una complicidad extra. La primera vez que yo escuché de Giotto, o Tiziano, o Velázquez, fue por mamá en uno de sus muchos viajes que hizo por el mundo. Ella se iba por temporadas tan largas que me permitía escribirle cartas. Yo que soy un forofo de la ópera me acuerdo de El anillo de los nibelungos, cómo lo describe. Ella ni más ni menos lo vio en la ópera de Viena y me hacía una descripción con esa jerga nicaragüense. 

Cuando tengo el deseo de salir a estudiar mi carrera universitaria y en contra de la voluntad de papá, ella me dijo: “Te va a encantar Chile”. Ella había estado en Chile años antes. Y es cierto, dio en el clavo. En todo momento fue una mujer que estuvo allí y por eso le guardé auténtica devoción y amor y desde luego gratitud por todo lo que ella significó. Entonces, cuando ella muere pues yo tengo que cantar, cumplir con mi trabajo, cumplir con mi obligación. Y me trabajé emocionalmente. Pasé un día de mucho trabajo personal e hice una buena rutina, fue un buen concierto. La verdad estuvo más que bueno, fue un gran concierto. 

Don Hernaldo Zúñiga Montenegro y doña Alma Gutiérrez Barreto, los padres de Hernaldo Zúñiga. CORTESÍA

Déjame contarte una anécdota que es preciosa. Debe haber sido marzo o abril de 1967. Sale por primera vez en la historia de la música un álbum simultáneamente en las principales capitales europeas. Y era el álbum de álbumes, el Sgt. Pepper’s lonely hearts club band, de Los Beatles. Literalmente hay un antes y un después de ese álbum. Pues bien, mi madre se entera que va a salir ese disco y estaba en Milán. Se hizo una cola larguísima con muchachos con espinillas y con brackets porque en ese tiempo Los Beatles eran producto eminentemente juvenil y ella era una señora en sus 40, haciendo la cola. Y llega a Nicaragua a los 20 días con un ejemplar. En cosa de solo días había casi una lista de espera de gente que quería escucharlo. Se había regado la voz de que, en Masaya, en la casa de los Zúñiga, había un disco de Sgt. Pepper’s lonely hearts club band. Yo me lo oí ese disco día y noche. Aún lo conservo. Ella me lo regaló. “Tú tienes que tener este este álbum que estuvo en la casa toda mi vida”, me dijo. 

Otra persona cercana a usted que falleció en los últimos años fue Ernesto Cardenal. ¿Cómo lo conoció? 

Lo primero que yo conocí de Ernesto fue el poema a Marilyn Monroe, y me gustó muchísimo. Había un aura extraordinaria alrededor de la figura de él. Cuando yo tengo una convivencia con Nicaragua y sobre todo con la Nicaragua posterior al derrocamiento de Somoza, era muy complicado. Al inicio, un enorme rechazo por prejuicios y una serie de cosas y en un momento dado eso se me edifica y sin yo hacer nada al respecto por modificarlo. Supongo que se habrán dado cuenta que era injusto el tratamiento que estaba recibiendo o no sé, pero digamos que en mi país de origen pasé por un proceso de persona non grata. 

Lo mío fue un estallido con Procuro olvidarte, que se vuelve un himno amoroso en todos los países de habla española. Yo quería que fuera igual en mi país, entonces fui, hice unos conciertos memorables. Al poco tiempo de eso conozco a Ernesto Cardenal. Lo voy a ver a su oficina, en el Ministerio de Cultura y siempre me gustó de él esta suerte de niño atrapado en un hombre. De ahí se forjó una amistad intermitente. Siempre que hubo oportunidad comimos muchas veces en Managua en mis visitas y cuando él venía a México nos veíamos también y pues le organizaba alguna cena en la casa con amigos, de tal manera que Ernesto para mí fue una figura. Siempre lo vi como en un proscenio, con una escala superior. Su espiritualidad y su intelecto lo hicieron ser un titán, un gigante de la poesía y de la condición humana. 

Usted siempre recita un epigrama de Cardenal antes de cantar Procuro olvidarte.

Yo sentí que el epigrama encajaba muy bien. Lo dije una vez por accidente y vi lo que provocaba este epigrama y cómo preparaba a la gente para Procuro olvidarte. Desde ahí ya lo casé para siempre. Luego lo grabé en un álbum y le pedí autorización a Ernesto para que figurara el poema. Ernesto con mucho gusto me dio la autorización, sin ningún tipo de límite ni de condición. Fue muy generoso. 

¿Pudo hablar con él antes de su muerte? 

No, pero me enviaron videos. Bueno lo vi muy poco antes de morir. Compartimos una cena muy linda donde había grandes personalidades de la literatura y fue en Centroamérica Cuenta. Se hizo una cena pinolera. Yo fui muy feliz porque soy entusiasta de la fritanga y el vigorón. Él estuvo muy cariñoso. Tenía esta forma de hablar que a veces dificultaba la comprensión porque hablaba bajito y con cierto tartamudeo. Tuve la sensación de que era la última vez que lo veía. 

Hernaldo Zúñiga junto a Ernesto Cardenal antes de la muerte del poeta. CORTESÍA

Entiendo que otro amigo cercano suyo fue Gabriel García Márquez.

Sí, el gran Gabo. Tuve esa fortuna. Cuando le entregan el Nobel, yo era evidentemente un fan mayúsculo de su literatura. Mi vínculo con Cien años de soledad fue especial por venir de Masaya y de una realidad similar a la que él deja entrever en Macondo. 

¿Cómo lo conoció? 

En el año que le dan el Nobel, 1982, recibo una llamada de Massiel, la cantante, para invitarme a una comida. Y me dice: “Es una comida que no le puedes decir a nadie que vas a venir a comer. Viene García Márquez y su esposa”. A mí casi me da un patatús. Él había llegado a Madrid, de paso hacia Estocolmo, y andaba una nube de periodistas detrás de él queriendo una entrevista y hacerle fotos. 

Desde entonces la vida nos fue reuniendo. A veces en casa de amigos, a veces en aeropuertos, a veces en eventos culturales de diversa índole. Y una vez que los dos nos tranquilizamos un poco, empezamos a frecuentarnos más. Encima, hicimos un grupo muy pequeño porque uno de mis mejores amigos recién fallecido eran íntimo de él. Cuando le empezó su tema de salud, pues nosotros no dejamos de frecuentarlo y su esposa tuvo la lucidez de en vez de recluirlo, continuó la vida social, yo diría que incluso más intensa. Fuimos muy afortunados y lo acompañamos incluso hasta sus cenizas. Fuimos un buen grupo a Cartagena a depositarlas. Hay una parte aquí (en Ciudad de México) y una parte en Cartagena de Indias. Fue una gran fiesta como le hubiera gustado a Gabo. 

Ahora que usted ha retomado su carrera musical, ¿qué nuevos proyectos trae entre manos? 

Apareció una compañía de discos. Tienen una aproximación conmigo que me hace recuperar la ilusión por trabajar en la industria. Yo me sentía totalmente ajeno y como un exiliado de eso. Y ellos me devolvieron la ilusión sin ellos saberlo. El representante de ellos en México, un hombre muy lúcido, me dice: “No nos des un disco de canciones inéditas porque va a ser un doble trabajo, pero tienes tus clásicos que los has regrabado en vivo, y la verdad es que eso tiene una enorme limitante. Te sugiero que entres al estudio y revises con mirada del siglo XXI tus grandes clásicos y los regrabes, y después que hagas esa limpieza de tu casa, ya me regalas una casa nueva”. 

Desde el año pasado, con la ayuda de un gran músico y productor, Borja Montenegro, que es el guitarra de la banda de Joaquín Sabina. Me reúno con él y empezamos un proceso que tuvo mucho de terapia psicológica que fue la inmersión en mi pasado musical y la recuperación, digamos, de mis joyas que estaban bastante sucias, y pulirlas, darles esplendor nuevo y sobre todo darles actualidad. Y eso es lo que he venido haciendo. 

¿Cuándo estará lista esa producción? 

Ya tengo grabada la mitad del álbum que va a empezar a volcarse en redes a partir de finales de este mes, y vamos a sacar un sencillo por mes. En febrero sale el álbum. Pero no sabes lo que ha sido porque además grabé a la antigua. Nada de estudio de garaje, de computadoras. Me fui con herramientas analógicas como graban realmente los grandototes nuestros, Taylor Swift, Ed Sheeran o el mismo Joaquín Sabina. 

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí