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En la historia de la humanidad, los imperios, los ejércitos y las organizaciones, entre más grandes, mayor es la concentración del poder en una persona. El mando dual o colectivo siempre ha sido autoexcluyente con la funcionalidad del ejercicio del poder vertical y piramidal, particularmente en los ejércitos.
Pareciera que Nicaragua desafía esa regla general con el nombramiento constitucional de dos “co presidentes”, dos jefes policiales, dos cancilleres y posiblemente pronto habrá dos jefes del Ejército, tal como lo ha pronosticado el analista Javier Meléndez, director de Expediente Abierto, en una reciente entrevista con el medio Confidencial.
“Sin duda, la imposición de una cojefatura en el Ejército de Nicaragua pudiera suceder más temprano que tarde —vaticinó Meléndez— pues el caso de Nicaragua es inédito en cualquier parte del mundo. En otros países no existen copresidentes, no existen codirectores de la Policía, y es inútil pensar que en Nicaragua no va a suceder un escenario en que va a haber dos jefes del ejército, o Avilés se va, o le ponen a un cojefe”, dijo.
A simple vista no tiene sentido esta dilución del mando, ya sea policial, en las relaciones internacionales, dentro del ejército, o dentro de cualquier institución, pero una mirada más analítica nos da la respuesta.
¿Qué pasa cuando los dos cancilleres no se ponen de acuerdo? ¿Qué pasa cuando los cojefes policiales no se ponen de acuerdo?, pues le consultan a uno de los dos copresidentes que es quien resuelve el hipotético diferendo, adivinen ¿cuál de los dos?… pues al inventor de la fórmula de los “co” que es el escalón más alto del mando vertical en el país, si es que antes no le adivinan su pensamiento.
Entonces el proceso que estamos viendo, lejos de ser una división del poder o del mando, es en efecto una concentración del poder anticipada en una sola persona, una sola voluntad y una sola lealtad, por disfuncional que parezca. Son manifestaciones de este nuevo poder dominante que ha surgido y que en su paranoia demanda lealtades extremas.
Una interpretación buscando una explicación lógica a esta novedosa política de Estado es que busca desarrollar una competencia de lealtades hacia lo que los “co” visualicen como el poder real en ascenso y el pasado poder en extinción. Han querido hacer la sucesión antes de tiempo para prevenir posibles alzamientos e inconformidades entre lealtades.
Y lejos de una descentralización del poder, lo que estamos presenciando es la mayor concentración de poder en una sola persona que se ha visto en la historia de Nicaragua.
En la lógica del poder no se podría comprender que hubiesen dos presidentes de los Estados Unidos, dos presidentes de Rusia, y de igual manera que hubieran gobernado Roma dos emperadores al mismo tiempo.
Como bien señalaba Meléndez en su entrevista, la fórmula nicaragüense del doble mando o la doble jefatura es inédita en el mundo, pero esconde un mismo afán de centralización y perpetuación del poder —disfrazado de diferentes maneras— que la humanidad ha venido desarrollando a lo largo de su historia.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.