Una postal de hambre y miseria era la vivencia cotidiana en la Nicaragua revolucionaria de los años ochenta. LA PRENSA / ARCHIVO REDES

Una postal de hambre y miseria era la vivencia cotidiana en la Nicaragua revolucionaria de los años ochenta. LA PRENSA / ARCHIVO REDES

El hambre en tiempos del sandinismo: la década de los estantes vacíos en Nicaragua

En la década de los ochenta, los nicaragüenses sufrieron no solo por la guerra, sino también por el hambre y la escasez de alimentos.

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Imagina tener que comer los alimentos aún calientes, casi hirviendo, quemándote el paladar, porque si esperabas a que se enfriaran se convertían en una masa grasosa, similar a un plato de espelma de candelas y veladoras. No era un meme, sino la cruda realidad que vivieron los nicaragüenses en los años ochenta.

Esto ocurría porque el ingrediente utilizado para freír era grasa de ballena, destinada originalmente —según una donación rusa— a la producción de jabón, pero que los líderes sandinistas decidieron emplear como producto comestible.

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La guerra en las montañas reducía la producción de alimentos realizada por los campesinos. Y lo poco que se producía se destinaba a los frentes de guerra. Las tropas sandinistas eran prioridad para el Gobierno a la hora de distribuir la comida.

A la escasez se sumó un férreo sistema de racionamiento, controlado desde los supermercados hasta los barrios por los tristemente célebres Comités de Defensa Sandinista (CDS). Con la tarjeta de racionamiento se regulaba hasta la ropa interior femenina. También surgieron los paquetes AFA, siglas de arroz, frijoles y azúcar.

Las filas en las ciudades eran interminables: horas de espera para conseguir una libra de cualquier producto que sirviera para alimentar a la familia. El panorama era sombrío. Managua se había convertido en un enorme gueto donde rondaba el fantasma del hambre, mientras en las montañas acechaba el fantasma de la guerra.

Adultos y niños hacen fila en un supermercado de Managua en busca de alimentos para sus hogares. LA PRENSA / CINDY CARP
por alimentos que eran férreamente racionados por el Estado nicaragüense. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Mujeres esperan en fila por alimentos que eran férreamente racionados por el Estado nicaragüense. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Varias personas se aglomeran en la entrada del supermercado de Plaza España con la esperanza de entrar primero y lograr comprar algo de comida. LA PRENSA / CINDY CARP
Varias personas se aglomeran en la entrada del supermercado de Plaza España con la esperanza de entrar primero y lograr comprar algo de comida. LA PRENSA / CINDY CARP
Arriba, los estantes con camisas nacionales de pésima calidad que, por necesidad, se compraban para vestir. Abajo, la lista de productos racionados por el Ministerio de Comercio Interior (MICOIN). ARCHIVO LA PRENSA
Arriba, los estantes con camisas nacionales de pésima calidad que, por necesidad, se compraban para vestir. Abajo, la lista de productos racionados por el Ministerio de Comercio Interior (Micoin). ARCHIVO LA PRENSA
Tarjetas de abastecimiento proporcionadas por el gobierno sandinista, copia fiel del paupérrimo sistema cubano y hoy usadas en Venezuela. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Tarjetas de abastecimiento proporcionadas por el gobierno sandinista, copia fiel del paupérrimo sistema cubano y hoy usadas en Venezuela. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Los estantes de los supermercados permanecían vacíos y, cuando eran abastecidos, solo ofrecían productos de mala calidad provenientes de Cuba y de los países del bloque socialista. ARCHIVO LA PRENSA
Los estantes de los supermercados permanecían vacíos y, cuando eran abastecidos, solo ofrecían productos de mala calidad provenientes de Cuba y de los países del bloque socialista. ARCHIVO LA PRENSA
Amas de casa hacen fila para comprar tanques de gas y preparar lo poco que tenían para alimentar a sus familias. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Amas de casa hacen fila para comprar tanques de gas y preparar lo poco que tenían para alimentar a sus familias. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Fila para comprar granos en un mercado de Managua. La maltrecha economía nicaragüense en los ochenta provocó la caída del Producto Interno Bruto (PIB) en siete ocasiones (seis de ellas consecutivas), siendo la más fuerte en 1988, con un 12.4 por ciento, según el BCN. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Fila para comprar granos en un mercado de Managua. La maltrecha economía nicaragüense en los ochenta provocó la caída del Producto Interno Bruto (PIB) en siete ocasiones (seis de ellas consecutivas), siendo la más fuerte en 1988, con un 12.4 por ciento, según el BCN. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Una imagen de los antiguos galerones del Mercado Oriental. En los años ochenta abundaban el hambre, el desempleo, el caos en el transporte y la escasez de combustibles. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
Una imagen de los antiguos galerones del Mercado Oriental. En los años ochenta abundaban el hambre, el desempleo, el caos en el transporte y la escasez de combustibles. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL

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En la decada de los ochenta era común las interminables y sofocantes filas dentro de los centros de abastecimiento, como los supermercados La Colonia, rebautizados por el sandinismo como “supermercados del pueblo”. LA PRENSA / CINDY CARP
En la década de los ochenta era común observar las interminables y sofocantes filas dentro de los centros de abastecimiento, como los supermercados La Colonia, rebautizados por el sandinismo como “Supermercados del Pueblo”. LA PRENSA / CINDY CARP
Los consumidores llegaban desde la madrugada, soportando sol, calor y lluvias. Cuando había abastecimiento, la mayoría de productos provenían de la extinta Unión Soviética, mientras que los nacionales, como pasta dental, papel higiénico o desodorante, eran de pésima calidad y totalmente racionados. LA PRENSA / CINDY CARP
Los consumidores llegaban desde la madrugada, soportando sol, calor y lluvias. Cuando había abastecimiento, la mayoría de productos provenían de la extinta Unión Soviética, mientras que los nacionales, como pasta dental, papel higiénico o desodorante, eran de pésima calidad y totalmente racionados. LA PRENSA / CINDY CARP
Un estante con unos cuantos pedazos de carne de res para una larga fila de consumidores. El racionamiento alcanzaba incluso la recreación: en los restaurantes, el cliente tenía derecho a una, dos o tres cervezas, según el momento, siempre y cuando consumiera un plato fuerte. LA PRENSA / CINDY CARP
Un estante con unos cuantos pedazos de carne de res para una larga fila de consumidores. El racionamiento alcanzaba incluso la recreación: en los restaurantes, el cliente tenía derecho a una, dos o tres cervezas, según el momento, siempre y cuando consumiera un plato fuerte. LA PRENSA / CINDY CARP
Las cajas de un supermercado promoviendo los cigarrillos nacionales Alas, que, por falta de materia prima, eran sin filtro. Estos sustituyeron a la marca Royal, que sí usaba filtro, aunque elaborados con el mismo tabaco. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
Las cajas de un supermercado promoviendo los cigarrillos nacionales Alas, que, por falta de materia prima, eran sin filtro. Estos sustituyeron a la marca Royal, que sí usaba filtro, aunque elaborados con el mismo tabaco. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
A diferencia de los estantes vacíos de los supermercados, las diplotiendas creadas para la élite sandinista y su círculo cercano siempre estaban abastecidas con finos licores nacionales y extranjeros, ropa y comida de marca, en su mayoría procedente de Estados Unidos. ARCHIVO LA PRENSA
A diferencia de los estantes vacíos de los supermercados, las diplotiendas creadas para la élite sandinista y su círculo cercano siempre estaban abastecidas con finos licores nacionales y extranjeros, ropa y comida de marca, en su mayoría procedente de Estados Unidos. ARCHIVO LA PRENSA

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La desesperanza causada por la guerra, el hambre, el desempleo y la carestía de la vida marcó a toda una generación de nicaragüenses, atrapados en su propio país como víctimas del sistema revolucionario. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
La desesperanza causada por la guerra, el hambre, el desempleo y la carestía de la vida marcó a toda una generación de nicaragüenses, atrapados en su propio país como víctimas del sistema revolucionario. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
Una larga fila para obtener un pedazo de pan en la panadería de Plaza España. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
Una larga fila para obtener un pedazo de pan en la panadería de Plaza España. LA PRENSA / SHEPARD SHERBELL
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