Fachada de la basílica menor de San Antonio, la única iglesia de Managua con arquitectura gótica. LA PRENSA / Cortesía Nicolás López Maltez

La iglesia que custodiaba a la Sangre de Cristo y que Managua nunca volvió a ver

Construida a inicios del siglo XX y destruida en dos ocasiones por los devastadores sismos que arrasaron Managua, la iglesia San Antonio permanece hoy solo en la memoria de los capitalinos.

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La historia del templo está estrechamente ligada a la llegada de la venerada imagen de la Sangre de Cristo a Nicaragua en 1638. Inicialmente, la imagen fue resguardada en la iglesia Veracruz —ubicada en el sitio donde hoy se encuentra el parque Rubén Darío—, pero los terremotos de 1844 y 1855 obligaron a trasladarla al recién construido templo de San Miguel. 

Los barrios San Antonio y Santo Domingo se disputaban el privilegio de albergar la sagrada imagen. Cada uno se comprometió a construir un templo o capilla, con la condición impuesta por el obispo de que el primero en concluir la obra recibiría el honor. Los vecinos de San Antonio se organizaron con actividades comunitarias para recaudar fondos y lograron edificar su capilla en 1909, la cual quedó bajo la jurisdicción de la Diócesis de León, pues aún no existía la Arquidiócesis de Managua. 

Con la creación de la Arquidiócesis, el primer arzobispo, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, confió la parroquia a la Orden de Frailes Menores Capuchinos, cuyos primeros misioneros llegaron al país en 1914. Como los vecinos de Santo Domingo no edificaron su templo, la imagen fue finalmente alojada en la iglesia San Antonio, bajo la custodia del padre capuchino Luis de Villafranca. 

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El primer templo de San Antonio, de estilo barroco sencillo, destacaba por su fachada de cuatro arcos y un campanario independiente de madera, tosco y rústico. Tras el terremoto de 1931 se inició la construcción de una nueva capilla para la Sangre de Cristo, lo que dio paso a un templo renovado, de estilo gótico y más moderno, considerado una de las joyas arquitectónicas de la capital. 

Sin embargo, la iglesia volvió a sucumbir ante el terremoto de diciembre de 1972, que destruyó Managua por completo. La ciudad nunca se reconstruyó en su totalidad y, con ella, también desapareció la iglesia San Antonio, que hoy vive únicamente en el recuerdo y la nostalgia de los managuas.

Los detalles arquitectónicos del templo eran una joya dentro de la Managua moderna que renacía tras el terremoto de 1931. LA PRENSA / Archivo Redes
Imagen de San Antonio de Padua en su capilla dentro de la basílica. LA PRENSA / Archivo Redes
Capilla de la Sangre de Cristo en el altar mayor, donde los feligreses llegaban a orar. LA PRENSA / Archivo Redes
La imagen de la Sangre de Cristo saliendo de la basílica para recorrer las calles de Managua, tradición católica celebrada cada 4 de julio. LA PRENSA / Archivo Redes
La primera iglesia de San Antonio, de estilo barroco, con su campanario rústico de madera. LA PRENSA / Archivo Redes
Fachada de la primera iglesia destruida en 1931. A la izquierda, la construcción de la capilla de la Sangre de Cristo. En el centro, el Parque San Antonio, también llamado de Los Poetas. LA PRENSA / Archivo Redes
Vista de norte a sur del barrio San Antonio, con la basílica menor al fondo y su imponente fachada gótica. LA PRENSA / Archivo Redes
La misma perspectiva, un día después del terremoto de 1972 que sepultó la capital. LA PRENSA / Archivo Redes
Vista aérea del costado este de la iglesia, severamente dañada tras el terremoto de 1972. LA PRENSA / Archivo Redes
Interior de la iglesia destruida en 1972. La imagen de la Sangre de Cristo no sufrió daños y fue trasladada a Monte Tabor. LA PRENSA / Archivo Redes
Amanecer de Managua el 23 de diciembre de 1972, con la iglesia de San Antonio aún en pie pese a los daños. LA PRENSA / Archivo Redes
Terrenos despejados de escombros alrededor de la iglesia San Antonio después del terremoto de 1972. LA PRENSA / Archivo Redes
Iglesia de San Antonio cercada con alambres de púas; al fondo, su torre sin cruz ni reloj. LA PRENSA / Archivo Redes
Católicos frente a la iglesia destruida, el 4 de julio de 1973, durante la última procesión de la Sangre de Cristo antes de su demolición. LA PRENSA / Archivo Redes
Escombros en el interior de la basílica menor de San Antonio de Padua, de donde pocas cosas pudieron rescatarse tras el terremoto de 1972. LA PRENSA / Archivo Redes
Aunque resistió en pie, la estructura de la iglesia quedó irrecuperable tras el terremoto de 1972. Fue demolida en 1973, dejando solo recuerdos y nostalgias entre los capitalinos. LA PRENSA / Cortesía Nicolás López Maltez.

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