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Una de las ventajas que tengo en mi exilio político en Washington es que tengo el tiempo, la información y el equipo técnico para estudiar temas de interés geopolítico mundialmente. Estos temas son múltiples. Incluyen, inter alia, asuntos económicos, demográficos, militares, migratorios e históricos.
Aclaro que cuando hablo del equipo técnico, me refiero a una “computadora” moderna, rápida y poderosa. Pero no sólo a eso. Cuento también con un valioso equipo humano. Algunos son amistades que remontan a mis años como funcionario en el Banco Mundial y como embajador de Nicaragua en Washington. Pero otros los he conocido desde que la dictadura Murillo-Ortega me expulsó de mi tierra.
En este ensayo, he utilizado estos “insumos” para abordar el tema de las dos únicas superpotencias económicas del mundo. Me refiero, por supuesto, a los Estados Unidos de Norteamérica (los EE. UU.) y a la República Popular China. Una de ellas, los EE. UU., ha sido una superpotencia desde al menos la década de los años veinte del siglo pasado. El “pedigrí” de la China es más complejo. Por siglos había sido una superpotencia regional, pero para comienzos del siglo veinte era una suerte de gigante pobre y subdesarrollado. Además, contaba con grandes divisiones internas y su antiguo gobierno imperial estaba agotado. Esto permitió que la China fuese explotada y hasta ocupada y colonizada por las potencias europeas —como Gran Bretaña— y su vecino recientemente modernizado y expansionista: el Japón.
La recuperación de la China comenzó a mediados del siglo veinte, cuando el gobierno de Mao Tse Tung unificó a su inmenso territorio en una sola nación, con excepción de la isla de Taiwán. Pero, por otro lado, Mao cometió el inmenso error de imponer el comunismo como el sistema económico de su país. Esto causó una contracción de la economía China y mantuvo empobrecido a su pueblo.
En 1978, Deng Xiao Ping asumió las riendas del poder en Beijing y pragmáticamente abandonó el comunismo de Mao y abrió su país a la economía de mercado. Como resultado la China comenzó a crecer… y muy rápidamente. En los primeros años de Deng, la economía china creció entre 10 y 15 por ciento anualmente. Y aunque este ritmo no podía continuar indefinidamente, ha oscilado entre 4 y 5 por ciento en los cinco años más recientes. En comparación, los EE. UU. también ha crecido económicamente, pero a un ritmo mucho más modesto. Según el Fondo Monetario, ha variado entre 1.9 y 2.5 por ciento anualmente en el quinquenio más reciente.
Cierro con el pronóstico económico de la China para este año. Según el Fondo Monetario, en 2026 la economía más grande del mundo seguirá siendo la norteamericana con un producto interno bruto de 30,507,217 millones de dólares. Esta cifra es difícil de comprender. Quizás será más comprensible si la traducimos. En spanglish sería 30.5 trillones de dólares. La economía de China quedará en segundo lugar con un tamaño de 19.2 trillones de dólares. En cuanto a crecimiento económico, sin embargo, según el Fondo Monetario en 2026 la economía China seguirá creciendo más rápidamente que la estadounidense, pero por un margen más modesto. Específicamente, la China crecerá 4.5 por ciento mientras que la estadounidense crecerá 2 por ciento. ¿Qué país quedará en tercer lugar en tamaño este año? La respuesta es Alemania cuyo crecimiento económico, sin embargo, será un modesto 0,1 por ciento según el Fondo Monetario.
En un futuro ensayo examinaré para ustedes, amigos lectores, como andan económicamente los otros importantes países de la Unión Europea… al igual que los dos otros grandes jugadores económicos mundiales, el Japón y la India.
El autor es, y siempre será, ciudadano nicaragüense, aunque esté en el exilio. Fue director del Banco Mundial y presidió la Comisión Económica en la Asamblea Nacional.