A propósito de las Fiestas Patrias recién pasadas en Nicaragua, donde hubo un derroche de proselitismo y culto a la personalidad en todas las escuelas del país traigo a colación un artículo con el mismo título del que escribo hoy que fue publicado en LA PRENSA el 8 de noviembre de 1979, cuando ya se percibía en las escuelas públicas el nuevo rumbo alienante que tomaría la educación en Nicaragua.
Decía entonces y con más razón, lo digo ahora: “La educación liberadora es aquella que enseña a disentir, que enseña a dialogar, a defender o adoptar posiciones dentro de una gama de alternativas. Es la que nos abre los ojos a escoger nuestro propio destino, nuestra propia personalidad y hasta nuestra propia ideología política”. (pág. 85. Un cauce hacia la democracia).
“En la vida hay que estudiar siempre los pros y los contras de varias alternativas, y la última que se debe de evaluar es aquella por la que uno se va a decidir, aunque de previo se sepa, qué alternativa tomar. Cuando sólo hay aparentemente una alternativa, se debe inventar otra, pues evaluar sólo una, descartando la existencia de otras, es causa frecuente de malas decisiones. Pues en el peor de los casos siempre hay dos alternativas que evaluar: hacer algo, o no hacerlo”.
Enseñar a pensar, no en qué pensar, esa es la clave de la educación liberadora, pero hoy en día los niños e incluso todo el sistema educativo de Nicaragua está enfrascado en inculcar una educación alienante, que tergiversa la historia y premia el culto a la personalidad, ya no de 9 comandantes, sino de una familia dinástica.
Los símbolos patrios se han duplicado confundiendo una bandera partidaria con la bandera nacional azul y blanco, ya no como lo hacían antes en la primera dictadura sandinista, sino que incluso como un mandato (capricho) constitucional.
Si antes los niños tenían que aprender a leer con el manual de alfabetización “Los Carlitos”, cuyo objetivo declarado era que todos quisieran ser como Carlos Fonseca Amador, hoy en día aprenden a leer y a conocer la historia como quiere la pareja dinástica y así van forjando su visión del mundo de una forma alienante.
Es más, en cada discurso del codictador Ortega se esmera en sus largas y aburridas peroratas en dar como un dogma de fe su visión sobre la historia y la geopolítica actual a militares, policías y jóvenes de todo el país para moldear su visión del mundo de manera que le sirva la justificación para perpetuarse el poder indefinidamente promoviendo lealtades hacia su familia y no a la Patria.
Así los días patrios transcurrieron en Nicaragua sin pena ni gloria, sin una exaltación a los verdaderos valores que fraguaron nuestra patria, ni a los principios básicos que constituyen una educación liberadora: el diálogo y la disensión.
La nueva doctrina política ha dejado de ser una ideología, como en el pasado fue el marxismo-leninismo, para convertirse en el culto al matrimonio gobernante y su familia, toda una escuela de nepotismo a como nunca se había visto en nuestra historia.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.