Pescadores nicaragüenses Florida

Momento en que cuatro pescadores nicaragüenses fueron detenidos por oficiales de CBP. Foto: Operaciones áreas y marítimas CPB

«Con permiso, sin permiso, a todos por igual»: pescadores nicaragüenses viven bajo redadas en Florida

En agosto, cuatro pescadores nicaragüenses fueron arrestados en los Cayos de Florida. Desde entonces, muchos evitan salir al mar por miedo

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En los muelles de Marathon, en los Cayos de Florida, la pesca de langosta está en jaque. La industria depende, en gran parte, de hombres migrantes que llegan de Corn Island y Bluefields, en la Costa Caribe de Nicaragua. Son pescadores con décadas de experiencia, acostumbrados al mar desde niños, pero hoy muchos se esconden entre trampas y herramientas para evitar ser arrestados.

Un reportaje de El País recopila denuncias de propietarios de embarcaciones, tripulaciones y capitanes de que ahora agentes migratorios de Estados Unidos han comenzado a abordar embarcaciones langosteras en pleno Golfo de México, incluso aquellas con tripulaciones que cuentan con permisos de trabajo, Seguro Social y contratos en regla.

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«Básicamente, están arrestando a todos y presentándolos ante un juez que decidirá si serán deportados», dijo Jerome Young, capitán cuya familia ha pescado allí durante tres generaciones y presidente de la Asociación de Pescadores Comerciales de los Cayos de Florida.

Cuatro pescadores nicaragüenses detenidos

A inicios de agosto, un barco con agentes de la Patrulla Fronteriza abordó la embarcación de Young cuando regresaba a puerto con su primera captura de la temporada. Su tripulación completa —cuatro pescadores nicaragüenses— fue detenida.

El 7 de agosto, oficiales de operaciones aéreas y marítimas de la CBP publicaron dos fotografías que muestran el momento de la detención de los migrantes nicas. «Las operaciones cerca de Marathon, Florida, resultaron en el arresto de cuatro inmigrantes ilegales nicaragüenses. Los sujetos fueron entregados a la Patrulla Fronteriza de EE. UU.», se lee en la publicación.

En la misma, advirtieron que «no lo intenten. Nuestros agentes de interdicción marítima patrullan las aguas, realizan inspecciones y mantienen a Estados Unidos seguro».

Pescadores nicaragüenses Florida
Momento en que cuatro pescadores nicaragüenses fueron detenidos por oficiales de CBP. Foto: Operaciones áreas y marítimas CPB

El trabajo es duro y peligroso: salir al mar a la 1:00 de la mañana y volver hasta entrada la tarde, cargar y mover 500 trampas de madera de casi 70 kilos cada una, medir las langostas y volver a colocar las nasas. Una jornada laboral que pocos estadounidenses aguantan más de un día.

Por eso, los capitanes de barcos prefieren tripulaciones nicaragüenses. «Son muy trabajadores, hablan inglés, son respetables, buenos padres de familias y muy trabajadores», dijo el capitán Young a ese medio de comunicación.

Uno de los arrestados llevaba 15 años con él y prácticamente dirigía la operación. La mayoría de nicaragüenses llegan a trabajar, pero tienen familia en Nicaragua y envían remesas. De acuerdo con el capitán, uno de sus empleados tenía una lista de 15 o 20 personas a las que les enviaba dinero.

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Según conoció El País, los pescadores detenidos habían sido llevados al infame centro de detención Alligator Alcatraz en los Everglades, y luego transferidos —uno a Denver, otro a Texas—, y uno ya había firmado su regreso a Nicaragua. Ante este panorama, muchos pescadores inmigrantes se han ido por temor a ser arrestados y deportados, o peor aún, pueden ser retenidos durante meses en un centro de detención migratoria.

Tras la detención, varios capitanes se reunieron y acudieron a la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en Marathon para quejarse. Pero un agente les dijo que no importaba si los pescadores tenían permisos de trabajo, que Donald Trump les ordenaba irse y que, si querían, podían impugnarlo en los tribunales.

«Quiero trabajar, pero no puedo»

Un capitán de 53 años, que no reveló su identidad, detalló que sus tres tripulantes eran pescadores nicaragüenses experimentados que tenían permisos de trabajo, números de Seguro Social y habían aprobado el sistema E-Verify del Estado, lo que confirmaba su derecho a trabajar. Ahora sólo queda el que se esconde, su mano derecha.

«Con permiso, sin permiso, a todos por igual los agarran», dice un pescador nicaragüense de 47 años que pidió el anonimato por temor a ser deportado.

El connacional que hoy se esconde en los astilleros relató a El País que empezó a pescar a los 9 años en Corn Island. «Me gusta pescar: langosta, cangrejo, pescado, lo que sea. Es como un pasatiempo, aunque es duro. Pero aquí pescar es igual, solo que en Nicaragua no usamos malacate, se hace a mano. Se necesita más habilidad que fuerza», detalló.

Pescador nicaragüense Florida
Un pescador nicaragüense junto a las trampas para cangrejos. Tomada de El País

En Nicaragua, su esposa, una maestra, gana 120 dólares al mes, mientras su hija enferma necesita medicinas que cuestan 500 dólares mensuales. «Cuando nació dijeron que moriría. Ese es el problema. Por eso sobrevivo aquí», contó.

A pesar de haber conseguido su permiso de trabajo, su Seguro Social y hasta un seguro médico, no se atreve a salir al mar. Su jefe, un capitán de 53 años, le sigue pagando aunque no pueda embarcarse, pero teme no resistir mucho más.

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«Quiero trabajar, pero no puedo. Nunca he estado en la cárcel. Ni aquí, ni allá en Nicaragua, ni en ningún otro lugar. Nunca he tenido problemas. Siempre he cumplido con la ley. Dijeron que querían un permiso de trabajo, y lo conseguí. Pero ahora, aunque tenga mis papeles, no puedo pescar. Nos agarran a todos por igual», señaló.

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