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Durante años, la dictadura de Nicaragua fue generosa con la familia de Álvaro Baltodano Cantarero, uno de sus principales operadores económicos, arrestado bajo acusaciones de corrupción en mayo. El general en retiro mantenía un vínculo de lealtad con Daniel Ortega que data de los años de la lucha contra la dinastía de la familia Somoza.
Al regreso de Ortega al poder en 2007, Baltodano Cantarero asumió como secretario ejecutivo de la Corporación de Zonas Francas. Según un perfil del nuevo gabinete de Ortega, elaborado entonces por la revista Envío, de la Universidad Centroamericana, el asesor había sido el jefe nacional de la campaña que Ortega y su partido el FSLN habían perdido ante Enrique Bolaños y el PLC en 2001.
En julio de 2007, el primer hijo de Baltodano fue nombrado en un cargo diplomático. Pablo Baltodano Monroy asumió como cónsul general de Nicaragua en Ciudad México, inaugurando una etapa de gestiones diplomáticas que no se cerró con su renuncia en mayo de 2012.
Según el diario oficial La Gaceta, su sucesora resultó su hermana María Eugenia Baltodano Monroy. Conforme al acuerdo presidencial 87-2012, se oficializó su nombramiento el mismo día que aceptaron la renuncia del otro miembro del clan. Ella se desempeñó como cónsul general hasta el 30 de agosto de 2018. La gestión diplomática de ambos fue muy discreta.
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Desde el punto de vista privado, la vida de los hijos del general en retiro fue noticia en publicaciones periodísticas mexicanas. En 2010, Pablo fue notificado como desaparecido en Veracruz por sus angustiados familiares y luego reapareció sin que se supieran mayores detalles de las razones de su desaparición. María Eugenia fue víctima del robo durante 2017 de brazaletes y joyas por un monto de 13 mil dólares en su casa en residencial Lomas de Bezares, de acuerdo con un reporte de Excélsior.
Tío empresario, a cargo de las inversiones
Mientras María Eugenia se desempeñó como cónsul, su tío Pablo José Monroy Cazorla, hermano de la exguerrillera Eugenia Monroy, figuraba a partir de 2013 como agregado de inversiones de la Embajada de Nicaragua en ese país.
El cuñado de Baltodano Cantarero es un acaudalado inversionista mexicano, cofundador de la compañía Genomma Lab en 1996, una comercializadora de productos farmacéuticos con presencia en varios países de la región. Fue nacionalizado nicaragüense en 2012, para lo que las autoridades argumentaron que había contribuido a la nación como “inversionista”. También renunció a su ciudadanía de origen y reside en Nicaragua desde 1994.
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En 2013, Monroy Cazorla fue uno de los cuatro inversionistas que buscaron adquirir los derechos de la concesión de la planta geotérmica Momotombo. Los otros fueron: Arturo Gamboa Rullán –quien prestó 8.6 millones de dólares para hacer una oferta de compra a los concesionarios israelíes salientes—, el empresario guatemalteco Fernando Paiz y Álvaro Baltodano Monroy.
Hasta ahora, ninguno de ellos se ha pronunciado sobre la captura de los Baltodano ni del impacto en las inversiones que hicieron entre 2014 y 2025, cuando la Momotombo Power Company (MPC) tuvo la concesión de la planta geotérmica Momotombo; han transcurrido ya casi cuatro meses desde la detención del general retirado y tres de la de su hijo, pero el silencio es total.
LA PRENSA relató en un primer reportaje —parte de esta serie— cómo Álvaro Baltodano Monroy llegó a controlar el negocio de la geotérmica. Luego lo convirtió en una supuesta fuente de recursos para sus allegados, tal como su exsocio Gamboa Rullán denunció en Florida y New York.
Entre los beneficiados estaría un círculo de familiares y allegados. Su hermana, la excónsul María Eugenia Baltodano Monroy es uno de los 11 nombres de interés para Gamboa y sus abogados. También estaría el presidente ejecutivo de la Empresa Nicaragüense de Electricidad, Ernesto Martínez Tíffer, y el exministro de Energía, Emilio Baltodano Rappaccioli.
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Un equipo legal de Latam Geothermal Corp en New York busca que el Tribunal de Distrito Sur de New York solicite a Clearing House —una operadora de pagos en tiempo real con sede en el mismo distrito, que usó la Momotombo Power Company (MPC)— para determinar las operaciones irregulares de Baltodano Monroy.
Las “dinastías” intermedias operan como espejos
De acuerdo con el sociólogo y polítólogo Juan Carlos Gutiérrez, los nombramientos de parientes de funcionarios, ya sea como diplomáticos o en otros cargos, son parte de la estructura de poder del régimen.
En la dictadura Ortega Murillo se han dado otros ejemplos como los Campbell Hooker, donde las figuras más notable fueron el expresidente del Consejo Supremo Electoral, Lumberto Campbell Hooker, y su hermano el exembajador en Washington, Francisco.
Otras familias que han servido de sostén a la dictadura son los Díaz Madriz del hoy “cojefe” de las Fuerzas Policiales, Francisco Díaz; los Avilés Castillo del jefe del Ejército, Julio César Avilés, y hasta hace pocas semanas los Moncada Lau del temido asesor de seguridad pública, Néstor Moncada Lau, y los Baltodano con el jefe del clan, Álvaro Baltodano Cantarero a la cabeza.
Gutiérrez dice que varios vicios de la política nicaragüense están presentes como el caudillismo, nepotismo, clientelismo y el patrimonialismo.
“Recordemos que los liderazgos centrales emiten un modelo de gestión, y los circuitos subalternos ejercen, como espejo en sus respectivos niveles, de manera patrimonial sus funciones. El caso de los Campbell en las áreas del Estado que tienen que ver con la Costa Caribe y en la Embajada de Washington, es uno de los ejemplos más claros, también”, reiteró.
El experto indicó que los países propensos a contar con liderazgos populistas, autoritarios y autocráticos asumen el Estado bajo esquemas patrimonialistas, tanto con el objetivo de control político, pero también para el uso de las instituciones para el enriquecimiento.
Según investigaciones periodísticas, la familia de Ortega ha logrado estructurar un grupo privado de empresas con participación en sectores claves como el petróleo, telecomunicaciones, construcción y medios de comunicación. Una de las empresas, donde estos lazos son más evidentes es la Distribuidora Nicaragüense de Petróleo (DNP), una red de gasolineras que pertenecía al Estado y terminó en manos de allegados.
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Bajo esta lógica, el patrimonialismo conlleva una confusión entre lo privado y lo público, “dejando que las decisiones del Estado respondan a la voluntad del líder y su círculo íntimo”, agrega Gutiérrez.
El caso de Ortega no es el único en Nicaragua: lo mismo pasó con la familia Somoza y también con el expresidente Arnoldo Alemán.
Dictadura sanciona la corrupción “no autorizada”
“Desde hace mucho tiempo, la corrupción es amplia y generalizada; desde los Ortega–Murillo hasta el secretario político que cobra por una carta de recomendación a un vecino de su barrio. La corrupción no es anomalía, sino parte estructural de la lógica patrimonialista: lo que resulta sancionado por Ortega y Murillo no es el acto corrupto en sí, sino la ‘corrupción no autorizada’, cuando amenaza al macroproyecto político o a la sucesión dinástica”, describió.
Baltodano y su hijo fueron acusados por la Procuraduría de crear un entramado de 20 sociedades de maletín para incumplir con sus obligaciones fiscales. El Estado no ha revelado más detalles sobre estas acusaciones de corrupción, pero ha promovido una campaña para perseguir supuestamente este tipo de delitos.
La campaña estatal carece de credibilidad para los expertos. Y es denunciada por miembros de la oposición como una “purga” de sandinistas históricos, ejecutada por Rosario Murillo, la esposa de Ortega. Otro de los casos más notables de este grupo sería el asesor económico presidencial, Bayardo Arce, quien permanece en prisión desde finales de julio por negarse a explicar la adquisición de algunos bienes.
Baltodano y Ortega, una relación de 50 años
Con Baltodano Cantarero, Ortega rompió con un vínculo histórico de cinco décadas. Antes de la insurrección contra Somoza, ambos conspiraron en el frente norte, junto a Víctor Tirado, Joaquín Cuadra, Germán Pomares, Hugo Torres, entre otros.
El testimonio de Francisco Rivera “el Zorro”, escrito por Sergio Ramírez, deja claro el papel de Baltodano Cantarero: Él dirigió la unidad de combate Crescencio Rosales que operó en Matagalpa y pertenecía a la tendencia del FSLN, llamada Guerra Popular Prolongada (GPP). Allí también se enamoró de la guerrillera mexicana Eugenia Monroy, su primera esposa y madre de sus hijos.
Eugenia Monroy es una de las combatientes de San Fabián, la única acción de combate de Ortega en la insurrección.
En los años ochenta, Baltodano Cantarero jugó un papel clave en el operativo para asesinar al empresario Jorge Salazar Argüello, vicepresidente de Cosep, luego siguió en el Ejército durante la Revolución y fue hasta el 11 de septiembre de 1998 que se convirtió en general de brigada, cuando lo nombró el expresidente Arnoldo Alemán (1997-2002).
“Poco después de la tercera derrota electoral (2001, campaña que fue dirigida por Baltodano), Ortega lo comisionó para atender a los grupos, personalidades y aliados políticos de la denominada Convergencia. En el transcurso de los años, Baltodano adquirió su propio perfil, alejado de las habituales conspiraciones de su amigo (Lenín) Cerna, y ganó prestigio como un hombre que sabe construir consensos”, relató la nota de la revista Envío.
Los Ortega les están dando un trato severo a los Baltodano. “La esposa de Álvaro Baltodano Monroy, Claudia Fernández, indagó sobre su esposo en los primeros días del arresto y por respuesta recibió una escalofriante advertencia: ‘Mejor váyase señora, ni el carro que anda ni la casa donde vive es suyo ya’”, le habrían dicho, según una fuente que ha dado seguimiento a este escándalo a lo interno del orteguismo. “El FSLN es peor que la mafia,” comentó la fuente, quien aseguró que Fernández de Baltodano ya está en México.