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La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo dio un paso más en su respaldo a Rusia al preparar un acuerdo con Donetsk, territorio ocupado por Vladímir Putin. Según especialistas consultados por LA PRENSA, esta medida carece de sentido en el marco del derecho internacional y sólo refleja el absoluto sometimiento del régimen a Moscú mediante la ratificación del reconocimiento de un territorio invadido por el dictador ruso.
Esto ubica a Nicaragua como uno de los apenas tres países que han reconocido a Donetsk. Los otros dos son Siria y Corea del Norte.
La disposición se produce después de que el 31 de julio el régimen reconoció a Donetsk, Jersón, Lugansk y Zaporozhie como parte de Rusia. Esa decisión provocó una reacción inmediata de Ucrania, que advirtió a Ortega y Murillo que respondería “de manera acorde con el nivel sin precedentes de acciones hostiles”, algo que ya ha cumplido en el pasado. En 2021, Ucrania impuso sanciones a Nicaragua por abrir un consulado en Crimea, territorio anexionado por Rusia en 2014.
«Este gesto puede interpretarse como un mensaje hacia Rusia, quizá en busca de respaldo político, financiero o de cooperación. Es un guiño diplomático, aunque contradictorio: si Nicaragua considera que el territorio forma parte de Rusia, no tendría sentido firmar un acuerdo comercial con él. Sin embargo, puede entenderse como una forma de subrayar que ya no lo reconocen como parte de Ucrania y, al mismo tiempo, establecer relaciones con esa entidad», dijo el especialista en relaciones internacionales colombiano Javier Garay en declaraciones a LA PRENSA.

Quedar bien con Rusia
El especialista en relaciones internacionales costarricense Carlos Murillo Zamora coincidió en que el único interés del régimen Ortega Murillo es congraciarse con Rusia.
«Nicaragua ya había reconocido en el pasado algunos territorios en los Balcanes que se declararon independientes. Después de Rusia, fue el único país en hacerlo, y no ocurrió nada relevante ni para ese territorio ni para Nicaragua, salvo alguna ayuda de Rusia hacia la pareja presidencial», señaló.
Posible respuesta de Ucrania por apoyo a Rusia
Debido a que Ucrania ya había advertido hace un mes sobre posibles medidas, Murillo considera que es probable que reaccione, aunque prevé que esta acción no tendrá gran trascendencia.
«Ucrania, por su parte, está en una posición donde cualquier declaración internacional debe cuestionarse, porque evidencia la violación de sus derechos. En ese sentido, Ucrania tendrá que denunciarlo. Pero no creo que esto tenga mayores repercusiones, como tampoco las ha tenido en otros casos similares en los que Nicaragua ha actuado de la misma forma», señaló Murillo.
Garay explicó que las repercusiones para Nicaragua pueden darse en el ámbito diplomático, especialmente si Ucrania decide exponer el caso en Naciones Unidas. Sin embargo, considera que la trascendencia práctica será limitada, ya que Ucrania no tiene interés ni instrumentos para ir más allá de la vía diplomática.

La gravedad es el trasfondo
Con el reconocimiento de Donetsk como parte del territorio ruso, el régimen Ortega-Murillo viola principios del derecho internacional. El inciso 4 del artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas establece que los países deben abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.
Asimismo, varias resoluciones de la Asamblea General de la ONU, como la relativa a los principios del derecho internacional, establecen que el territorio de un Estado no puede ser adquirido por otro mediante la amenaza o el uso de la fuerza, y que no se reconocerá como legal ninguna adquisición territorial en esas condiciones.
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Con esta medida, el régimen también contradice la disposición de la ONU que insta a todos los Estados a no reconocer los cambios impuestos por Rusia sobre regiones como Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporizhia, y a abstenerse de cualquier gesto que implique legitimación de esas acciones.
Rusia declaró a Donetsk y Lugansk como «Estados independientes» en 2022 y, en septiembre de ese año, en el marco de la invasión rusa en Ucrania, anunció su anexión junto con Jersón y Zaporiyia, pese a que la Asamblea General de Naciones Unidas declaró esas anexiones como ilegales.
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Doble discurso de la dictadura
El politólogo y filósofo mexicano, César Eduardo Santos, consideró que el respaldo de la dictadura de Nicaragua a los intereses expansionistas de Rusia plantea una contradicción completa al discurso del mismo régimen que asegura que defiende «la soberanía», incluyendo la misma nicaraguense. E incluso, el régimen ha justificado muchas violaciones a los derechos humanos, como el encarcelamiento y destierro de opositores, bajo el argumento de que es para preservar la paz y la soberanía del país.
«Queda de manifiesto, una vez más, que ese discurso antiimperialista y de defensa de la soberanía por parte de las izquierdas autoritarias de América Latina no busca más que condenar un tipo de imperialismo: el estadounidense, desplegado durante el siglo XIX y la primera mitad del XX. Al mismo tiempo, son tolerantes con otros tipos de imperialismo, como el ruso hacia Ucrania o el chino hacia Taiwán. Esto exhibe una clara hipocresía», dijo Santos.
Anexión como grave precedente
Según Garay, este reconocimiento ocurre en un contexto complejo, pues es posible que la guerra entre Ucrania y Rusia termine con algún tipo de aceptación de la pérdida de territorio por parte de Ucrania, lo que representaría un mal precedente internacional y abriría la puerta a futuros proyectos expansionistas de Rusia.
A su criterio, esto constituye un aval implícito a procesos de expansión territorial en el ámbito internacional, lo que eventualmente podría jugar en contra de Nicaragua en sus propias disputas territoriales.