El pequeño gran gigante

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Recientemente se reunieron los presidentes Trump y Putin en Anchorage, la ciudad más grande del estado norteamericano de Alaska. Al ver los reportajes televisados de esta cumbre, algunas personas han mostrado su sorpresa que ambos jefes de Estado no andaban abrigados. Esto porque ellos se imaginaban, como muchos otros, que Alaska es una suerte de hielera habitada sólo por esquimales. La verdad es que hay algo de cierto en esta apreciación, sobre todo en la parte del estado que queda al norte del Círculo Ártico del Continente Americano y en las zonas montañosas en el interior del estado. Pero no en ciudades en el sur del estado, como Anchorage, especialmente en el verano norteamericano.

Alaska es un estado interesante de la Unión Americana.  Geográficamente, por ejemplo, es el más grande de Estados Unidos con un área de 1,477,953 kilómetros cuadrados. Su superficie es más de dos veces mayor que la de Texas que históricamente ha sido considerado el estado más grande de los EE.UU. Para poner su tamaño en nuestro contexto, es cinco veces más grande que las repúblicas centroamericanas combinadas. Pero su población —738,000— es la más pequeña de los cincuenta estados de la Unión Americana. Es más chica, aún, que la de la capital de los Estados Unidos, Washington D.C., cuya población es 740,000 excluyendo sus extensos suburbios en los estados vecinos de Maryland y Virginia. Sumando estos, la población del área metropolitana de Washington es 6,250,000, ¡ocho veces mayor que la población total de Alaska! Por la discrepancia entre su gran tamaño geográfico y su pequeña población, titulé este artículo relacionado a Alaska “El pequeño gran gigante”.

Alaska, era una colonia del Imperio ruso hasta que fue adquirida por los Estados Unidos en 1867 por US$7.2 millones. Esa cifra equivale a aproximadamente US$160 millones de ahora.  Andrew Johnson era el presidente norteamericano en ese entonces, pero era tan mal vista la compra de la “hielera” que la prensa estadounidense se refirió a la adquisición como “la locura de Seward”. porque el que negoció la compra para el gobierno estadounidense era William Seward, el entonces canciller norteamericano. 

Todo esto cambió en 1896 cuando se descubrió oro en Alaska y miles de personas, la mayoría de EE.UU., emigraron a la nueva adquisición en búsqueda de su fortuna a como había ocurrido con el descubrimiento de oro en California en 1849. Alaska fue elevada a nivel de “territorio” en 1912 pero no fue designado estado hasta en 1959, el mismo año en que Hawái también fue hecho estado.

Políticamente, Alaska es sólidamente “republicano”.  Sólo una vez ha votado para un presidente demócrata. Eso ocurrió en 1964 cuando Lyndon Johnson, un demócrata y el entonces presidente, derrotó a su contrincante republicano, Barry Goldwater, por una abrumadora mayoría. Actualmente, tanto su gobernador como sus dos senadores en el Congreso en Washington son republicanos. También lo es su único diputado. El hecho que el estado más grande geográficamente sólo tiene un diputado en el Congreso —uno menos, que Rhode Island, el estado más pequeño en tamaño, por cierto— se debe a la población chica de Alaska.

Económicamente, el ingreso per cápita de Alaska es aproximadamente US$60,000, colocándola como la número 13 en el ranqueo de los 50 estados norteamericanos. Pero el costo de la vida en el estado también es la más alta en la Unión Norteamericana. Sus actividades económicas más importantes son la pesca, el turismo, la agricultura, la minería y la producción de petróleo y gas natural. En 2024 Alaska produjo 420,000 barriles de petróleo por día. ¡Pero ojo! esta cifra está bajando. Ya está muy por debajo de los dos millones de barriles que bombeó en 1988. Y de no descubrir nuevos yacimientos del oro negro, la cifra continuará bajando hasta desaparecer lo cual perjudicará al desempeño económico del estado salvo que otras actividades pudiesen compensar la desaparición del oro negro.

El turismo podrá ser el salvavidas para la economía del estado en el futuro. Alaska cuenta con mucha belleza natural incluyendo glaciares, llanuras atravesadas por hermosos ríos y montañas. Una de estas, Denali, es la más alta del norte del hemisferio americano. Por cierto, el actual jefe de estado norteamericano, el presidente Trump, insiste en llamar a Denali por su nombre anterior, Mount McKinley. Pero el porqué de eso es un cuento para otra ocasión.

El autor está en el exilió en Washington después de ser encarcelado y posteriormente deportado por la Dictadura Murillo-Ortega.   

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