Los dictadores Rosario Murillo, Daniel Ortega y Nayib Bukele. Fotomontaje: LA PRENSA.

Bukele sigue el «libro de texto» de Ortega y Maduro para perpetuarse en el poder

Juanita Goebertus Estrada, de Human Rights Watch, advirtió que Bukele está consolidando el autoritarismo más rápido que otros regímenes de la región

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La reciente reforma constitucional aprobada el 31 de julio en El Salvador, que garantiza la reelección indefinida del presidente Nayib Bukele, evidencia que los regímenes autoritarios en América Latina siguen patrones similares, más allá de sus diferencias ideológicas.

Juanita Goebertus Estrada, directora de la División de las Américas de Human Rights Watch (HRW), calificó la reforma aprobada de forma expedita como el clímax de la consolidación del autoritarismo. La reforma, según Goebertus, es similar a la que la dictadura de los Ortega Murillo aprobó en 2014, para permitir la reelección indefinida y que derivó en la perpetuidad de ambos en el poder.

«Estoy convencida de que Bukele está siguiendo el libro de texto de regímenes como el de Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua. El autoritarismo no depende de ideologías. Hay autoritarismos de izquierda y de derecha. El autoritarismo es la convicción de que el poder ejecutivo debe ser total, sin controles, sin crítica ni oposición», dijo Goebertus a LA PRENSA.

El régimen de Bukele también ha adoptado otras tácticas que implementó la dictadura de los Ortega Murillo y el dictador venezolano, Nicolás Maduro, entre estas, la aprobación de una Ley de Agentes Extranjeros el pasado 22 de mayo, así como la detención de la activista de derechos humanos salvadoreña, Ruth López.

Al igual que Ortega en 2011, Bukele logró su reelección en 2021, tras un fallo del poder judicial bajo su control, que habilitó la reelección presidencial consecutiva, pese a que la Constitución lo prohibía. El dictador Ortega envió un paquete de reformas constitucionales en 2014 que le permitieron la reelección indefinida, algo que Bukele replicó 11 años después en su país.

Juanita Goebertus, directora de la División de las Américas de Human Rights Watch (HRW). Foto: Cortesía.

Bukele va más rápido que los Ortega Murillo y Maduro

En el caso salvadoreño, Bukele se valió de una reforma constitucional ratificada por el congreso de ese país el 29 de enero de este año que simplificó el procedimiento para modificar la Constitución y dejarlo en la votación de una sola legislatura, en lugar de dos, tal como lo contemplaba el artículo 248 de la Carta Magna salvadoreña. En cambio en Nicaragua, la dictadura cambió por completo la Constitución para subordinar todos los poderes del Estado.

A criterio de Goebertus, la reforma se suma a varias medidas del régimen de Bukele desde 2021. En ese año, aprovechando su control de la Asamblea, destituyó al fiscal Raúl Melara para poder controlar la Fiscalía, cambió la composición de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema para reinterpretar la Constitución y promovió un proceso para destituir jueces de nivel medio y bajo que se opusieran a su «guerra contra las pandillas» o que hubieran emitido fallos contrarios a algunas detenciones.

«En El Salvador, procesos que en Venezuela tomaron más de una década están ocurriendo de forma mucho más acelerada. Bukele va más rápido en comparación con Maduro o los Ortega Murillo», dijo Goebertus.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en una foto de archivo. EFE/EPA/SHAWN THEW

Bukele trajo seguridad… ¿por qué no debe reelegirse?

El oficialismo y algunos defensores de Bukele argumentan que la medida es legítima y lo justifican basándose en que, gracias a las políticas del mandatario, se redujo la tasa de homicidios en el país. En 2015, El Salvador llegó a los 103 homicidios por cada 100 mil habitantes. Un año antes que Bukele tomara el poder, en 2019, se posicionó en 36 por cada 100 mil habitantes.

Dicho eso, Bukele «ha querido instalar un falso dilema entre seguridad y derechos humanos. Es perfectamente posible tener políticas de seguridad efectivas y que respeten los derechos humanos», según HRW.

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Según la organización, el llamado modelo Bukele se tradujo en gravísimas violaciones al debido proceso, más de 86,000 personas detenidas, incluyendo más de 3,300 menores de edad, con múltiples violaciones a sus derechos. Bukele declaró el estado de excepción en El Salvador el 27 de marzo de 2022, tras un repunte de violencia que dejó más de 80 homicidios en un fin de semana atribuidos a pandillas. Con el respaldo de la Asamblea Legislativa, controlada por su partido, suspendió la la libertad de asociación, el derecho a la defensa y el plazo máximo de detención, que se amplió de 3 a 15 días y desde entonces, el régimen ha sido prorrogado decenas de veces.

«Por eso, cualquier persona en América Latina que escuche una promesa de ‘modelo Bukele’ debe saber que le están prometiendo un desmontaje del Estado de derecho y un intento de perpetuación en el poder presidencial», refirió Goebertus.

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Miembros de pandillas en El Salvador. Foto: LA PRENSA/Tomada de Twitter

EE.UU respalda y la UE toma notas

El martes, el Gobierno de Estados Unidos expresó su respaldo a las reformas de Bukele y rechazó que se compare a El Salvador con regímenes dictatoriales, bajo el argumento de que la Asamblea Legislativa salvadoreña fue elegida democráticamente.

«Lo que hay de parte del gobierno de Trump en esta deriva autoritaria de El Salvador es complicidad. Es un país que convive con regímenes autoritarios y que mira para otro lado ante violaciones graves a los derechos humanos como las que se están cometiendo en El Salvador. Permite un proceso acelerado de deterioro del Estado de derecho, que se asemeja a lo que hemos visto en Venezuela o Nicaragua», dijo Goebertus.

La Unión Europea, por su parte, aseveró a través de un portavoz que tomó nota de las reformas, aunque no emitió juicios al respecto. Por esta razón, Goebertus asegura que es necesario que los países vean con más seriedad la consolidación de una nueva dictadura en El Salvador, que se suma a las de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

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Factores comunes trascienden las ideologías

La percepción de Bukele hacia Ortega ha variado con el tiempo. En enero de 2019, antes de ganar las elecciones, cuestionó públicamente la legitimidad del dictador nicaragüense. Sin embargo, desde 2022 se evidenció un cambio en su postura: dejó de criticarlo en foros internacionales, según analistas, para evitar señalamientos por su política de persecución contra las pandillas.

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Aunque entre ambos regímenes no hay condenas mutuas, Murillo Zamora señala que existe una especie de rivalidad. No descarta que Bukele admire o incluso aspire al control que ejerce Ortega, pese a que sus narrativas se ubican en espectros ideológicos supuestamente opuestos.

«Eso de seguir hablando de izquierda y derecha es totalmente obsoleto. Uno no puede decir que Ortega y Murillo son de izquierda, no tienen absolutamente nada de izquierda de lo que fue en décadas anteriores», aseguró, por su parte, el especialista en relaciones internacionales Carlos Murillo Zamora.

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