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La aprobación de una Ley de Agentes Extranjeros el pasado 22 de mayo en El Salvador, así como la detención de la activista de derechos humanos salvadoreña Ruth López, encendieron las alarmas sobre la posible replicación del modelo de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en ese país, ahora de manera más evidente.
Analistas consultados señalan que si bien existen factores comunes, no hay un manual único que se aplique a todos los contextos, aunque sí se implementan prácticas similares.
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Tanto Nicaragua como El Salvador atraviesan drásticos retrocesos democráticos. En ambos casos, los regímenes comparten patrones como la acumulación personalista de poder, el desmantelamiento de los contrapesos institucionales, la represión a la oposición, los ataques a la prensa y la reducción del espacio cívico.
Al igual que Ortega en 2011, Bukele logró su reelección en 2021, tras un fallo del poder judicial bajo su control, que habilitó la reelección presidencial consecutiva, pese a que la Constitución lo prohibía.
Ambos mandatarios han subordinado los poderes del Estado y las fuerzas de seguridad, aunque en el caso de Nicaragua este control se ejerce de forma más radical.
El hecho más reciente que generó preocupación fue la aprobación en El Salvador de la Ley de Agentes Extranjeros, sin debate previo, con el objetivo de controlar a las organizaciones de la sociedad civil, una medida que Ortega implementó desde 2020 para eliminar a la oposición.

Estilos diferentes
Especialistas advierten que, aunque ambas dictaduras comparten ciertos factores, cada una adopta un modelo según el contexto sociopolítico de su país.
«Son estilos diferentes, aunque el fin es exactamente el mismo y uno no va a adoptar el modelo del otro porque no se va a adaptar», afirmó el especialista en relaciones internacionales y analista, Carlos Murillo Zamora.
Para el analista político salvadoreño, Napoleón Campos, las transiciones de la democracia a la dictadura siguen patrones similares, aunque también responden a factores propios de cada sociedad.
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«Ortega es el contraejemplo de democracia, de respeto a los derechos humanos, de respeto a tratados y convenios internacionales, ya no se diga a la propia Constitución. Tras el primer aniversario del régimen de facto de Nayib Bukele se puede decir que, a medida que Bukele se aproxime a Ortega, peor le irá», advirtió Campos.
Aunque Bukele se acerque al modelo autoritario de Ortega, sin replicarlo por completo, Campos duda que el régimen de Managua lo respalde en caso de una crisis.

Bukele no la tendría tan fácil
Según Murillo Zamora, el modelo de los Ortega Murillo no es aplicable en El Salvador, donde Bukele ejerce un «autoritarismo competitivo» que mantiene ciertos márgenes de apertura.
«Para mí, lo que hay es un régimen sultánico, en el sentido de que Ortega y Murillo se consideran dueños de Nicaragua», apuntó.
Campos sostiene que factores como el contexto internacional, la todavía activa sociedad civil salvadoreña y la apertura del régimen de Bukele dificultan que este alcance los niveles de autoritarismo de Ortega o de Nicolás Maduro.
«La correlación política internacional en estos momentos ya no le es favorable a Bukele. Es visto como el carcelero de El Salvador y como alguien dispuesto a encarcelar a quien sea con tal de ser ese peón útil y barato para la administración Trump», afirmó Campos.
A consideración de Campos, el régimen de Bukele está consciente que debe avanzar rápidamente en la «entronización» de su dictadura, en contraste con el régimen sandinista al que le tomó casi dos décadas regresar al poder y 11 años para arreciar su deriva autoritaria.

Factores comunes trascienden las ideologías
La percepción de Bukele hacia Ortega ha variado con el tiempo. En enero de 2019, antes de ganar las elecciones, cuestionó públicamente la legitimidad del dictador nicaragüense. Sin embargo, desde 2022 se evidenció un cambio en su postura: dejó de criticarlo en foros internacionales, según analistas, para evitar señalamientos por su política de persecución contra las pandillas.
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Aunque entre ambos regímenes no hay condenas mutuas, Murillo Zamora señala que existe una especie de rivalidad. No descarta que Bukele admire o incluso aspire al control que ejerce Ortega, pese a que sus narrativas se ubican en espectros ideológicos supuestamente opuestos.
«Eso de seguir hablando de izquierda y derecha es totalmente obsoleto. Uno no puede decir que Ortega y Murillo son de izquierda, no tienen absolutamente nada de izquierda de lo que fue en décadas anteriores», concluyó Murillo.