Rosario Murillo desata la purga final: el FSLN ejecuta a sus propios cómplices

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En Nicaragua no estamos presenciando una distorsión del Frente Sandinista. No es que Rosario Murillo se haya desviado del “verdadero espíritu revolucionario”. No. Rosario Murillo es la expresión más coherente, perfeccionada y despiadada del sandinismo. Su figura no representa una traición a los ideales del FSLN, sino su consumación: autoritarismo, purga, culto a la personalidad, violencia institucionalizada y poder absoluto.

Lo que ha iniciado Murillo con su lista negra de eliminaciones políticas no es nuevo. Es exactamente lo que el sandinismo ha hecho desde sus inicios. La única diferencia es que ahora, las armas no apuntan hacia afuera, sino hacia adentro.

Rosario no está destruyendo al Frente. Lo está ejecutando como lo haría cualquier general sandinista: con estrategia, represión y cálculo despiadado. Observó por años cómo operaban los comandantes, cómo se eliminaban entre ellos en los años ochenta, cómo se desplazaba al discrepante, cómo se confiscaba, cómo se desaparecía. Ella no inventó nada: simplemente perfeccionó cada una de esas prácticas.

La caída de Bayardo Arce, ideólogo económico y uno de los últimos sobrevivientes de la Dirección Nacional, no es más que el primer disparo de una campaña sistemática. Es similar a lo ocurrido con Humberto Ortega, quien murió confinado, aislado y humillado, y Álvaro Baltodano, condenado a 20 años de cárcel. Todos formaron parte del aparato que hoy los tritura. El sandinismo los formó, los empoderó y hoy los ejecuta. Así ha sido siempre. Así fue con Edén Pastora. Con los disidentes de los 90. Con los caídos en desgracia.

Rosario Murillo no improvisa. Sabe que el control no se negocia, se impone. Que el silencio no es garantía de lealtad. Que todo aquel que tenga poder simbólico, económico o institucional es un enemigo en potencia. Y por eso ha trazado su lista. No por paranoia, sino por estrategia política.

Una estrategia lleva el sello del Frente Sandinista desde sus raíces: violencia como método, verticalidad como principio, eliminación del otro como lógica de poder. Murillo no inventó la purga: la heredó, la estudió y la está ejecutando mejor que nadie.

La lista negra de Rosario Murillo ya está activa. Y es larga:

  1.    General Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua.

  2.    Mayor general Bayardo Ramón Rodríguez Ruiz, jefe del Estado Mayor del Ejército.

  3.    Mayor general Marvin Corrales Rodríguez, inspector general del Ejército.

  4.    General Joaquín Cuadra, exjefe del Ejército.

  5.    General Javier Carrión, exjefe del Ejército.

  6.    General Omar Halleslevens, exjefe del Ejército, exvicepresidente.

  7.    General Oswaldo Lacayo, exoficial de alto rango.

  8.    Manuel Salvatierra, exministro, ideólogo sandinista.

  9.    Jaime Wheelock, excomandante histórico del FSLN.

  10.  Mario Salinas, empresario aliado al régimen.

  11.  Samuel Santos, excanciller de Nicaragua.

  12.  Alba Luz Ramos, presidenta de la Corte Suprema de Justicia.

  13.  Carlos Pellas, empresario, presidente del Grupo Pellas.

  14.  Ramiro Ortiz, empresario, Banpro.

  15.  Roberto Zamora, presidente del Grupo Lafise.

  16.  Cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua.

  17.  Lenín Cerna, exjefe de la Seguridad del Estado.

  18.  Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional sandinista.

  19.  Directivos de la Asamblea Nacional, leales, pero no inmunes.

  20.  Políticos zancudos, títeres con fecha de vencimiento.

  21.  Periodistas panfletarios, voceros que se dejaron de convencer.

A esto se suman los familiares, empleados, socios, abogados y hasta amigos de los señalados, todos bajo vigilancia o amenazas, todos potenciales víctimas de confiscaciones, cárcel o desaparición política. La estrategia es clara: el que estuvo cerca de un purgado, también es prescindible.

Daniel Ortega, mientras tanto, delega el fuego. Su silencio no es ignorancia, es cálculo. Permite que Murillo ejecute lo que él mismo promovió durante décadas: la concentración brutal del poder bajo un solo centro. Y Laureano Ortega, el heredero consentido, ya se mueve con absoluta impunidad, cerrando negocios, blindando estructuras y preparándose para suceder sin resistencia. No como líder de masas, sino como operador de una maquinaria que sólo reconoce una lealtad: la lealtad al legado de muerte, persecución, represión, cárcel y destierro del FSLN.

Quien crea que esto es una fase terminal del Frente Sandinista se equivoca. Esto es el Frente Sandinista en su máxima expresión, pero en decadencia. No más disimulado, no más revestido de consignas, no más escondido detrás de discursos. Rosario Murillo no está destruyendo el FSLN. Lo está mostrando tal como es y como lo conoce la mayoría del pueblo de Nicaragua.

El sandinismo no se “corrompió”. Nació así. Con fusil en mano, con el autoritarismo en la boca y con listas negras en el bolsillo.

Hoy, simplemente, la mano que sostiene esa lista es la de Rosario. Pero la tinta con la que fue escrita viene del corazón mismo del Frente.

Y la purga apenas comienza. Primero se tragan a los “traidores”. Después, a los fieles. Y al final, se quedan solos, encerrados en el eco de su propia represión.

El autor es exiliado nicaragüense y activista político. Vocero de Avanza Nicaragua 

COMENTARIOS

  1. Hace 10 meses

    El FSLN desde su inicio ha sido una organizacion siniestra. Todos las muertes de los llamados «martires» de los 60s y 70s fueron resultados de las pugnas internas dentro de la organizacion y utilizaba a la Guardia Nacional como ejecutor. Todos los quiebres en ese periodo fueron a causa de llamadas anonimas de las partes en conflictos en el Frente para que la guardia los eliminara. Carlos Fonseca Amador, Julio Buitrago, Leonel Rugama, Pedro Arauz Palacios, Carlos Arroyo, Oscar Turcios, Ricardo Morales Aviles fueron victimas de su misma organizacion. La oficina de seguridad publicaba en las paginas amarillas un telefono para denuncias. Esto no es nada nuevo en el criminal FSLN.

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