William González ha escrito cuatro libros de poemas y es considerado uno de los mejores poetas jóvenes en España. HANS LAWRENCE RAMÍREZ

El “Carabanchel” de William González, el poeta que estaba destinado a ser pandillero

Un joven poeta nicaragüense escapó del mundo de la violencia y las drogas gracias a la literatura. “Ya estaría muerto” de haber seguido el destino que le esperaba en las pandillas de Managua, dice.

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La primera vez que William González vio cómo mataban a alguien tenía 7 años. Fue frente a su casa, en el barrio San Luis de la Managua del 2007, cuando las pandillas aún se disputaban territorios. Un hombre dejó caer un adoquín en la cabeza de otro. 

En aquellos años, ese niño estaba destinado a ser un miembro más de las pandillas a como lo eran su papá y sus primos mayores. “William va a ser un ‘sumi’”, se decía por las calles de San Luis. Los Sumis era el nombre de la pandilla del barrio, recuerda ahora con 25 años y alejado de ese destino. 

Fue su madre la que, por presagio o por suerte, se llevó a William a España cuando él tenía 11 años. “Creo que estaría muerto”, dice el joven si se hubiese involucrado en el mundo de las pandillas.

En esta banca, a William se le ocurrió el nombre de su primer libro: Los Nadies. HANS LAWRENCE RAMÍREZ

Desde el barrio San Luis llegó a otro barrio marginal de Madrid: Carabanchel. Este es un lugar plagado de delincuencia, drogas y crimen, pero en donde también viven personas trabajadoras, obreros, inmigrantes y más. “Son los nadies, los olvidados por todos”, describe William, citando al escritor Eduardo Galeano. 

En este barrio William ha forjado un nuevo destino: el de poeta y periodista cultural. También tiene claro el propósito de su vida. “En Madrid hay barrios marginales y la mayoría están en el sur. En Nicaragua hay barrios marginales. Entonces, esa lucha de llevar la cultura a los barrios marginales la llevo conmigo. Esa gente también necesita cultura”, dice. 

Está estudiando un doble grado en Literatura y Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos. Siendo estudiante, en 2024, destapó una red de falsificación de documentos de Rubén Darío que compraron las universidades de Harvard y Arizona. La investigación fue publicada en el periódico español ABC. 

“Ese es el trabajo de mi vida”, valora el joven, y asegura que hasta el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo trató de que no se publicara ese reportaje. Por ese trabajo ganó el premio Francisco Valdés de Periodismo al mejor reportaje publicado en España por un estudiante. 

William también ha escrito cuatro libros de poemas por los que también ha recibido varios premios. Recientemente, la revista Forbes lo incluyó en su lista “30 under 30”, en donde lo destaca como uno de los jóvenes menores de 30 años más influyentes de Centroamérica. Por Nicaragua, también mencionan a la miskita Roxy Williams, embajadora espacial de Space for Humanity.

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Sobre eso y más nos habla William en esta entrevista, hecha en su amado barrio Carabanchel, fuente de inspiración de varios de sus poemas. Aquí es donde el joven terminó de criarse; jugó futbol en sus canchas; terminó el colegio; y atestiguó cómo su mamá perdió las huellas dactilares de tanto usar lejía en las casas que limpiaba. Aunque no toma alcohol es cliente de El Barco, su bar favorito del barrio. Siempre pide una gaseosa. Sin azúcar, por favor. 

Aún recuerda cuando llegó por primera vez al colegio. “Mi profesor me dice: ‘Nicaragüense como Rubén Darío’. Y yo pensando que Darío vino aquí como embajador y yo estoy aquí sin amigos, no conozco a nadie. De Rubén Darío no tengo un carajo”.

William González vive en Madrid, España, desde los 11 años. HANS LAWRENCE RAMÍREZ

¿Cómo era su vida en Nicaragua? 

Éramos una familia muy pobre. Muy humilde. Eso me ha hecho reflexionar, o sea, en comparación a la vida que llevaba la otra gente que me comentan que iban a clases de violín, que viajaban. En mi familia eso era imposible. 

¿En qué barrio creció? 

Yo soy del barrio San Luis sur. Y cuando vengo aquí a Carabanchel, era como una pobreza más camuflada, más vinculada al barrio de El Alto de San Isidro, que es un barrio de narcopisos (expendios de drogas). Paso de una pobreza tercermundista en Nicaragua, a una pobreza de un Madrid del que no se habla, en la que básicamente está reivindicándose mucho el tema cultural. Yo coincidía con gente de otros barrios y en sus barrios había talleres de poesía, cosas de literatura y en mi barrio sólo había talleres contra la droga. 

¿Qué recuerda de Nicaragua? 

Recuerdo el número al que tenía que llamar por si me pasaba algo. Recuerdo las calles de mi barrio en Carretera Norte, cerca de Las Torres, Larreynaga y todo eso. La verdad es que era un niño muy feliz, era un niño que creció rodeado de libros. Entre los pocos libros que había, algunos amarillentos, estaban Azul, de Rubén Darío, que fue el primer libro que toqué en mi vida. Había sobre todo poesía nicaragüense revolucionaria de Ernesto Cardenal y los grandes autores. 

Se crió con su abuela y su tía principalmente, pero ¿qué fue de su padre? 

Yo nací en un entorno bastante violento por parte de padre. Mi familia paterna fundó una pandilla, que eran “Los Sumi”. Yo estaba destinado a ser un sumi más. Se comentaba en el barrio: ‘Sí, William va a ser un sumi’. Desafortunadamente mis primos comerciaban con piedras de crack en esa época. Ellos empezaron temprano con las pandillas y luego se pasaron a la venta de crack y drogas. 

La primera vez que vi que mataban a alguien, yo tenía 7 años. Un pandillero agarró un adoquín y en una reyerta se lo dejó caer a otro de Las Torres en la cabeza. Hablando con mi mamá y mis hermanas me decían: «No, si a vos te tocó ver la parte ya final». Entonces, si eso era el final, ¿cómo era el principio? Yo crecí sin padre. A mi padre yo lo conocí cuando tenía 10 años, que tuvo que firmar en Migración para que yo me viniese a España. Él ya falleció.

¿Cómo evadió ese destino de convertirse en pandillero? 

Eso fue gracias a mi madre. Estábamos metidos en un bucle de violencia bastante brutal, pero estaba también el pulso esperanzador de mi abuela, de mi tía y de mi tío Salvador Corrales. A mi tío yo le llamaba papá porque él ocupó esa figura paterna. Ese conjunto familiar fue el que hizo contraposición a todo el tema de la violencia por parte de padre y que me vinculara con las pandillas. 

¿Su mamá salió de Nicaragua huyendo de esa violencia o fue por un tema económico? 

Fue más por el tema económico. Pero también creo que la visión de ella era: «No quiero que mi hijo se convierta en un sumi». 

Percibo que admira mucho a su madre. 

Sí. Mi mamá tenía cuatro trabajos, de lunes a lunes. Y eso le ha traído consecuencias ahora. Mi mamá tiene 54 años y los médicos le dicen que tienen los huesos de una mujer de 80 años. Esas son las consecuencias de trabajar tanto para traerse a sus tres hijos. Mi mamá ahora es epiléptica. Lleva dos años con epilepsia. Siempre ha sido una mujer muy activa y la epilepsia le cambió la vida. Ella no puede estar en entornos muy ruidosos, porque se pone muy nerviosa.

William junto a su madre Jenny Guevara, en la Navidad de 2024. CORTESÍA

Literatura 

Una otitis fue la que hizo que William se enamorara de la literatura. “Me dio una infección en el oído, como a los 13 años. Fue horrible. Actualmente tengo hipoacusia crónica. Escucho bajito. Pero, eso me hizo meterme en un mundo de libros y de literatura porque yo decía: «A ver si me voy a quedar sordo’”, cuenta. 

Antes, desde los 7 años, William ya escribía sus primeros poemas, pero comenzó a consolidarse a partir de los 11 y sus primeras creaciones están publicadas en su libro Los Nadies. Ahí habla sobre la inmigración, las drogas, el bajo mundo de Carabanchel, sobre su primer amor Macarena y sobre su madre, a quien le dedicó este poema llamado Lejía

Mi madre, trabajadora de lunes a lunes, se ha escondido del cosmos. 

Han desaparecido sus huellas dactilares por el hipoclorito de sodio, la lejía. 

Una mujer sin nombre que rebusca devastada su propia identidad. 

¿En qué escalera las habrá dejado? 

Intenta recordar el lugar exacto donde pudo haberlas perdido

La lejía la convirtió en anónima. 

¿Cómo nombrar lo que no tiene nombre? 

En esas escaleras que pisais están fosilizadas las huellas de mi madre 

fundidas con hipoclorito sódico. 

¿Cuándo comenzó a escribir? 

Mi primer poema lo escribí con siete años en Nicaragua. Luego ya se consolida todo en 2011. En Los Nadies lo cuento, que llego aquí sin amigos, no conozco a nadie. Tengo que ir a un colegio y empezar desde cero. Compartimos la misma lengua, sí, pero tiene diferencias bastante notables. El lapicero y el bolígrafo son cosas distintas. O el borrador y la goma. Parecieran cosas tontas, pero no lo son. 

¿Cómo se sentía en esos primeros años? 

Sentía dolor. Quería regresar a Nicaragua. Dejé a mis amigos allá. Aquí no tenía amigos, me la pasaba en casa. Lógicamente ya te vas relacionando, vas haciendo amigos, pero estamos hablando del primer contacto con una realidad europea. Fue todo complicado y mi forma de salir adelante fue la literatura, mis libros y esa fusión de tradición nicaragüense con tradición española. 

Iba a clases de refuerzo que tenían los colegios para alumnos que tenían problemas académicos, o que tenían que amoldarse a una nueva realidad porque venían de otro país. Luego mi vida ha sido muy normal. Siempre he sido muy familiar.

William terminó su educación en el Colegio Lope de Vega, en Carabanchel, Madrid. HANS LAWRENCE RAMÍREZ

¿Por qué se convirtió en poeta? 

Ha sido una mezcla de todo. La soledad de niño, la violencia, la hipoacusia crónica. Luego el tema de la marginalidad, la rabia de que los chavalos del barrio miraban la poesía como algo elitista. Veían la poesía como algo lejano, algo absurdo que no valía para nada y que era sólo de las élites. Y es verdad porque ves el panorama literario y es muy triste y elitista. 

A mí me preguntaban cuando gané mi primer premio, que en qué universidad daba clases mi madre. Entonces, llegas de un barrio como Carabanchel, de una zona marginal, hablando de narcopisos, de menores migrantes, de drogas y de temas que son patata caliente aquí en España. Los Nadies es un libro para los chavalos del barrio. 

¿Qué es Carabanchel para usted? 

Todo, es mi vida, es como mi pequeño país. Carabanchel me lo ha dado todo. Junto con Nicaragua son los dos pilares fundamentales de mi vida a nivel literario. Yo he estado en residencias al otro lado del Atlántico porque se supone que me iba a llover la inspiración no sé de dónde, y lo que encontré fue un bloqueo artístico. Necesito el barrio. 

¿Por qué escogió estudiar Periodismo y Literatura? 

Por amor a la palabra. Siempre me ha interesado la literatura. Lógicamente me gustaba la Filología porque iba recorriendo todas las etapas de la literatura desde el siglo de oro hasta lo más contemporáneo. Y luego el periodismo, por la parte cultural. Yo me defino como un periodista cultural. Yo respeto un montón a los periodistas de investigación, pero hay gente ahora que me vincula el periodismo de investigación por lo de Rubén Darío, pero en absoluto, yo soy un periodista cultural. 

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¿Cómo descubrió la falsificación de los documentos de Rubén Darío que compraron las universidades de Harvard y Arizona? 

Fue a través de un profesor, José María Martínez, que una vez hizo mención al tema. Entonces yo empiezo a investigar y veo que se había producido una disputa académica entre Jorge Eduardo Arellano, en Nicaragua, entre la Academia Nicaragüense de Historia que ya está extinguida, y gente de España. Y fue empezar a reconstruir la historia. 

Primero me centré en el tema de dónde estaban esos manuscritos. Lo que más me sorprendió fue que en la disputa académica se hablaba de un fraude, y si son falsos tiene que haber un falsificador. Nadie se había centrado en la figura del falsificador. Entonces, mi tarea fue realmente más que destapar el fraude, porque siempre estaba ahí, mi tarea fue destapar a la red de falsificadores. 

Ahí salió el nombre de Raúl Gerardo Bermúdez Valladares. ¿Quién es él? 

Él vendía documentos falsos de Darío, un documento a 5,000 particulares, por ejemplo. Y lo pone ahí en los correos que tenemos en ABC. Él se aprovechó del apellido Bermúdez por la familia Bermúdez, que realmente no es ni está ni vinculada a la familia de Rubén Darío como tal, sino al que fue secretario de Rubén Darío. El secretario de Rubén Darío en la última etapa de su vida, lo acompañó en distintos viajes. Incluso hay rumores de que le escribía las cartas porque Darío ya estaba mal de salud. 

Entonces este se vende como familiar, como primo segundo de las nietas del secretario de Darío. Se inventa que hay un archivo de Rubén Darío inédito, que es este “lote Bermúdez” y se apoya en otro historiador que ya falleció. Se apoya también en Libros Latinos que es una librería conocida que distribuye manuscritos centroamericanos a las grandes universidades, y se apoya en un peritaje que se hace en España que fue erróneo, que lo hace la casa de subastas El Remate. Se supone que iba a salir el lote a la venta. Al final lo quita porque cierra el contrato con Arizona y Harvard. 

¿Se comunicó con las universidades de Harvard o Arizona? 

Al principio nos ignoraban, pero por detrás estaban haciendo una investigación, contactando a todas las personas que estuvieron involucradas en esa venta. Después que ya tienen una respuesta de todos los que estuvieron implicados, se atreven a poner bajo sospecha académica los documentos. Tanto Harvard como Arizona modificaron los índices darianos de sus archivos literarios. Es decir, algo que no consiguió ni el propio Jorge Eduardo Arellano, ni ningún catedrático vinculado a la obra de Rubén Darío, salvo nosotros con el reportaje desde ABC Cultural. Eso fue nuestro gran logro. Desde que Harvard compró esos archivos, qué casualidad que ningún experto de Darío cita esos documentos. Y mirá que hay un montón de tesis e investigadores darianos. Y nadie ha refutado la investigación tampoco, y ha pasado un año ya. 

Nosotros le preguntamos a Harvard y Arizona que si admitían que esos manuscritos son falsos y su respuesta fue: “Interpreten ustedes lo que quieran”. No pudieron refutar todas las pruebas que les dimos. Esto yo lo hablaba con Sergio Ramírez y me decía que con el tiempo los van a terminar retirando. 

¿Tuvo algún impacto esta investigación en Nicaragua? 

Primero, a través de LA PRENSA, una carta de Jorge Eduardo Arellano. Pues el embajador de Nicaragua (Maurizio Gelli) llegó con esa carta a la redacción de ABC y pidió una reunión con la directiva y mi cabeza en bandeja. Luego, el gobierno de Ortega contrató una agencia de comunicación para tratar de parar el reportaje. Incluso llamaron al director general de ABC. Y luego los fundadores de ABC enviaron un correo para que recibieran al embajador de Nicaragua. 

¿Qué interés cree que podía tener el gobierno de Ortega para que no se publicara ese reportaje? 

No lo sé, la verdad. No sé hasta qué punto acabamos con un negocio de los Ortega, porque se seguían vendiendo manuscritos. Tal vez Ortega también se llevaba un porcentaje o alguien de la familia Ortega se llevaba un porcentaje de esos manuscritos. No tengo pruebas, la verdad, pero ¿por qué tanta insistencia en un reportaje cultural y académico? 

Y en la carta, Arellano me decía que yo era “un españolete reciente”, cosa que no me dolió. Me hubiese dolido más que dijera carabanchelero reciente (ríe).

William González no descarta regresar a Nicaragua en algún momento. HANS LAWRENCE RAMÍREZ

Los Nadies 

William González es un nadie. Los son sus amigos del barrio, su mamá Jenny Guevara y sus hermanas gemelas. Lo fue su figura paterna Salvador Corrales y sus primos. Esos son los nadies, describe el joven, los marginados por el sistema y olvidados por los gobernantes. 

Los Nadies fue su primer libro publicado en 2022. El titulo se le ocurrió cuando estaba sentado en la banca de un parque de Carabanchel leyendo un poema del escritor Eduardo Galeano y en el que habla de los desfavorecidos. “Pero si nosotros somos nadies también”, reflexionó. 

¿Quiénes son Los Nadies? 

Son todos los chavales de Carabanchel y los chavalos desfavorecidos de Nicaragua. Pienso mucho en esta oleada que hay en contra de los inmigrantes que parece que tenemos la culpa de todo, pues los nadies son los que mantienen muchísimas economías en el mundo. 

Todos los poemas estos de los que hablábamos al principio que escribí ya con 11, 12 añitos, los recopilo en este pequeño libro y lo saco con el título de Los Nadies porque pienso en esos chavalos que prácticamente son nadie, son parias que están allí y que no les llega ningún tipo de pulsión cultural y a mí eso me daba rabia. Es una recopilación donde se mezcla el tema de la migración, la marginalidad sobre todo y el esfuerzo de una madre por sacar a sus hijos adelante. Eso es un nadie. 

¿Usted es un nadie? 

Sí. Soy un nadie yo también. 

También escribió Me duele respirar, inspirado en la frase de Álvaro Conrado 

Este libro es una investigación periodística que yo hago de 2018 a 2021 para un trabajo de la universidad. Yo sé lo que es dejar tu patria, pero por un motivo económico. Y me llamó la atención que había gente que estaba abandonando Nicaragua por el tema político de las revueltas de 2018. 

Cuando veo que toda esa gente está viniendo a España, hablo con ellos para hacer un reportaje y que me expliquen su dolor, los porqués de aquello, porque los vivieron en primera persona. Me sorprendían historias de gente que pasó de dar clases en una universidad a estar limpiando platos en un centro comercial. Todas esas cosas a mí me eran nutritivas a nivel literario. Y sobre todo explicar aquí en España lo que estaba sucediendo en Nicaragua. Me duele respirar nace de eso, del dolor del inmigrante que deja Nicaragua por un motivo político. 

Usted no ha regresado a Nicaragua desde que salió con 11 años. ¿Cómo mantiene su relación con el país? 

A mí me da miedo levantarme un día y no recordar nada de mi infancia, de Nicaragua. Sería horrible. Es que es el amor de mi abuela, de mi tía y de mi papá (su tío Salvador Corrales). El amor hacia ellos es lo que me mantiene unido a Nicaragua. 

A mi tío lo enterraron con Los Nadies en los brazos. Él pidió que, si fallecía porque ya estaba malito, que lo enterraran con mi libro bajo el brazo. Fue una muerte que me marcó en 2023. En honor a él saco el último libro, Esta será mi venganza, para cerrar la tetralogía como tal. 

También escribió Inmigrantes de segunda. 

Sí, es un homenaje a las limpiadoras, a las empleadas del hogar latinoamericanas. 

¿A su mamá? 

A mi madre y a todas las que se dedican, la mayoría de ellas latinoamericanas. Soy lo que soy gracias a una mujer que se ha dejado la espalda y las huellas limpiando en Carabanchel. 

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