Gertrudis Arias. LA PRENSA

Gertrudis Arias, la “tajona de Arnoldo Alemán” que murió castigada por los sandinistas

Le llevaron serenata y flores cuando enjuició al expresidente liberal, pero más tarde la destituyeron y la mandaron de castigo a “la huesera”. Sin embargo, ella murió siendo leal a los sandinistas y a Daniel Ortega.

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Arnoldo Alemán tenía una fiesta de despedida en su hacienda El Chile. El siguiente día planeaba irse de vacaciones para Grecia y sin atender el llamado a declarar en el caso de desfalco de 1.3 millones de dólares al estatal Canal 6. Era viernes 15 de marzo de 2002. 

Inicialmente, Alemán estaba citado a declarar como testigo el miércoles 20 de marzo, pero la jueza se dio cuenta a través de LA PRENSA que el expresidente se iba de vacaciones fuera del país, sin declarar. Por ese motivo decidió cambiar la fecha para abordarlo el 15 de marzo, antes de su viaje. 

A las 2:00 de la tarde, Arias llegó al despacho de Alemán en la Asamblea Nacional para tomarle declaración. Entonces, él era el presidente del parlamento. Cuando la jueza preguntó por él en su oficina le dijeron que no estaba, que se encontraba en su hacienda El Chile, ubicada en El Crucero. “Voy para El Chile entonces”, respondió.

En el centro, la jueza Gertrudis Arias. ARCHIVO

En aquellos años, Gertrudis Artola Arias Gutiérrez era secretaria de actuaciones del Juzgado Tercero de Distrito del Crimen de Managua. Ocupaba el puesto desde 1993 tras graduarse de la carrera de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua). 

En 2001 fue nombrada jueza suplente del Juzgado Segundo de Distrito del Crimen, cuya titular era Ileana Pérez, pero se encontraba fuera de acción por una auditoría, así que recayó en Arias la responsabilidad de tomarle declaración a uno de los hombres más poderosos del país en aquel entonces. 

Arias estaba molesta porque Alemán ya había sido notificado de que ella llegaría a su despacho a tomarle declaración esa tarde, pero en un juego de “el gato y el ratón”, el expresidente se refugió en su hacienda. 

Cuarenta minutos después, la jueza llegó a El Chile junto a la fiscal María del Carmen Solórzano y el procurador Alberto Novoa. Bajo el sol y frente al portón de la hacienda, dos policías le dijeron que Alemán no estaba. Ella respondió que entonces lo iba a esperar. Ahí se quedó por casi una hora, con su chaqueta verde y su maletín desgastado, mientras las gotas de sudor resbalaban por su rostro. 

A las 4:00 de la tarde, Alemán se dignó en hacerla pasar. El expresidente le entregó una declaración escrita y le dijo: “Aquí está el documento. No iba a irme del país sin entregártelo”. Pero Arias insistió en que la declaración debía ser oral y que tenía muchas preguntas para él. Alemán no tuvo de otra que responder. 

Se fueron a una sala y Arias logró ver a dos magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y varios diputados. Estaban en la fiesta de despedida de Alemán. Mientras ellos se carcajeaban, comían y bebían, Arias interrogaba al expresidente. 

Fueron cuatro horas de conversación y era la primera vez en la historia reciente de Nicaragua que un exmandatario declaraba ante un juez en un caso de corrupción. Concretamente, bajo órdenes de Alemán, Canal 6 compró 1.3 millones de dólares en nuevos equipos de transmisión a TV Azteca de México. El dinero nunca llegó a TV Azteca, sino que terminó en manos de una empresa allegada al caudillo liberal. 

Días después, tras recoger lo dicho por Alemán y juntar todos los elementos, Arias valoró que había pruebas suficientes para acusarlo a él y a otros exfuncionarios. Algunos cayeron presos, otros huyeron del país, pero Alemán tenía inmunidad parlamentaria así que Arias solicitó su desafuero a la Asamblea para que fuera juzgado por corrupción. Ese fue el inicio de la caída del pez gordo del partido liberal.

Arnoldo Alemán ante la jueza Gertrudis Arias y sus abogados el 17 de diciembre de 2002. El 12 de diciembre Alemán fue desaforado por la Asamblea Nacional para enfrentar los juicios de corrupción y fraude contra el Estado nicaragüense. Foto: ARCHIVO

Esa decisión catapultó a Gertrudis Arias y le valió su apodo en los pasillos judiciales: “La tajona de Arnoldo Alemán”. Dejó de ser una funcionaria anónima de un juzgado y muchos la catalogaron como la nueva esperanza de la justicia, que entonces estaba manoseada por el poder político, tanto de liberales como de sandinistas. 

De hecho, los del partido rojinegro aplaudieron la decisión de Arias e incluso le llevaron chicheros, flores y serenata a su oficina en los juzgados, recuerda una fuente judicial que conoció a la jueza en aquellos días. En 2003, fundaron un barrio con su nombre ubicado en el distrito 7, camino a Sabana Grande.

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Sin embargo, años después, Arias fue castigada por los mismos que le celebraron su acción contra Alemán. Esa sentencia la persiguió por más de 10 años, hasta el día de su muerte el 9 de julio de 2025. Sin embargo, ella nunca dejó de ser sandinista. 

“No tenía mucha vida social. Era muy hogareña. Le dedicaba tiempo a la vida partidaria. Era sandinista, de las leales”, detalla la fuente y como prueba de ello menciona que es de las que sobrevivió a las barridas que han hecho los Ortega Murillo en el poder judicial en los últimos años. 

Culateada por la Guardia 

Gertrudis Arias murió a los 70 años. Tuvo dos hijos y se casó con Julio César Munguía Mayorga, técnico en comunicaciones que trabajó para Telcor. 

Fue la sexta hija de los 11 que tuvieron Lorenzo Arias Fuentes y Norma Isabel Gutiérrez. Lorenzo era un hombre humilde de origen campesino que llegó a Managua para trabajar como camionero y después fue taxista durante 20 años. Norma, por su parte, fue ama de casa y se encargó del cuidado de los hijos en el hogar donde vivían en el barrio Bolonia Sur, que antes era conocido como Vietnam. 

Desde jovencita trabajaba y estudiaba. Ella misma contó a LA PRENSA en 2002 que vendía chancho con yuca, vigorón, nacatamales y guineos cuadrados por las calles de Managua. 

También trabajó en maquilas, en los años setenta, “deshilachando pantalones, volando hilitos a los calzones”, con derecho a 15 minutos para almorzar y soportando la represión de la Guardia Nacional de Somoza durante las huelgas. “A mí la Guardia me culateó”, decía. 

Siempre se declaró sandinista. Decía que admiraba al guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara. Toda su familia colaboró con la guerrilla urbana del Frente Sandinista durante la insurrección contra Somoza. Para entonces, la familia vivía en el barrio Ducualí. 

“A mi hermano se lo llevó el Becat (Brigada Especial Contra Terrorismo) y volvió gracias a que les dio un valioso anillo, pero a la novia se la llevaron y jamás apareció”, contó Arias a este Diario. 

Tras el triunfo de la Revolución, fue a alfabetizar y formó parte de los Comités de Defensa Sandinista (CDS). “No me arrepiento de haber aportado a la causa revolucionaria, de haber luchado contra la dinastía somocista”, declaró.

Los sandinistas le enviaron flores a Gertrudis Arias tras abrir el caso contra Arnoldo Alemán. ARCHIVO

Arias fue la única de sus hermanos que consiguió llegar a la universidad. Empezó estudiando Ingeniería en Computación en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Por razones económica tuvo que dejar la carrera en el primer año. Luego, encontró un cupo para estudiar Derecho por encuentro, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) en los años 80. 

Se graduó a inicios de los 90 y consiguió trabajo como secretaria en el Tribunal de Apelaciones de Managua, atendiendo recursos de exhibición personal. 

Después se dio cuenta que había una vacante como secretaria de actuaciones en el Juzgado Tercero de Distrito del Crimen, aplicó y bajo la tutela de la jueza María de los Ángeles Espinoza, fue colocada en ese puesto. Tiempo después, la nombraron jueza suplente y cuando Ileana Pérez se ausentó por una auditoría, a las manos de Arias llegó la responsabilidad de tomarle declaración a Arnoldo Alemán. 

Los chantajes de Alemán 

Para entonces tenía 47 años y los liberales la atacaban porque no cedió ante sus chantajes. Ella misma reveló que le ofrecieron hasta 40 mil dólares a cambio de olvidarse del caso contra el expresidente, e incluso un emisario del caudillo le insinuó cumplirle su sueño: “Yo sé que querés ser magistrada. Recordá que Alemán es el que controla la Asamblea”. 

El 15 de enero de 2009, Arnoldo Alemán fue sobreseído de los cargos de corrupción por la CSJ controlada por Daniel Ortega. ARCHIVO

Por sus orígenes pobres, Arias era ninguneada. Incluso, la misma Ileana Pérez, que años más tarde se convirtió en magistrada de la Corte y cayó en desgracia con los Ortega Murillo, se burló de ella por sus rasgos indígenas, recuerda la fuente que la conoció en aquellos años. Los liberales, por su parte, también la acusaban de haberse beneficiado de la piñata sandinista de los 90. Ella lo negaba. 

“Somos 11 hermanos en apenas tres terrenos, de diez metros de largo por 30 de ancho, pegados los tres. Fueron adquiridos por los Saborío en 1967, y mis padres se los compraron, los pagaron con cuotas suaves, con muchos sacrificios, hasta adquirir correctamente sus escrituras, y no en una piñata, como han querido decir por mi ideología política que es sandinista”, dijo ella en 2002.

“La casa en que vivimos es sencilla, con mucha facilidad se puede ver que allí no viven millonarios o ricos, somos gente trabajadora, como cualquier otra persona que depende de un salario”, insistió. 

Tras incluir a Alemán en la acusación, el mismo expresidente y sus allegados amenazaron con demandarla y aunque nunca denunció amenazas, un policía la escoltó durante meses, desde su casa hasta los juzgados y de regreso. Como se movía en buses, ella le pagaba los pasajes al escolta. 

“Es una protección a iniciativa de la Dirección de Investigaciones Criminales (DIC) de la Policía Nacional. Ellos tendrán sus razones”, declaró cuando le consultaron por la compañía policial. 

Su “castigo” 

Gertrudis Arias cayó en desgracia en 2013, cuando Daniel Ortega ya controlaba todo el aparato estatal y empezaba su segundo mandato consecutivo. Para entonces, Arnoldo Alemán había sido condenado a 20 años de cárcel por corrupción y otros delitos, pero también fue liberado gracias al mismo Ortega. 

Arias fue apartada de su cargo como jueza el 28 de febrero de 2013 tras darle el beneficio de casa por cárcel a cinco acusados de narcotráfico. “Eso fue como a las cuatro de la tarde. Media hora después ya la estaban destituyendo”, relata una fuente judicial que conoció los pormenores del caso.

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Para entonces, Arias era la jueza del Juzgado Sexto de Distrito Penal de Audiencias y “actuó contra ley expresa”, detalló la CSJ. Lo sucedido fue que el médico forense del Instituto de Medicina Legal, Eddy López Reyes, emitió un dictamen en el que solicitaba el cambio de prisión preventiva a detención domiciliaria para Marcos Sergio Duarte Martínez, Pedro José Medina Amoretti, Anselmo Duarte Martínez, José Solís Sánchez y José Luis Espinoza, acusados de narcotráfico. 

Arias accedió a la solicitud del forense, pero el inciso B del artículo 37, de la Ley 735, Ley de Prevención, Investigación y Persecución del Crimen Organizado, establecía que “la prisión preventiva no podrá ser sustituida por otra medida cautelar cuando se trate de los siguientes delitos a que se refiere esta ley, como son: tráfico de emigrantes ilegales, lavado de dinero, bienes o activos; trata de personas; delitos relacionados con estupefacientes, sicotrópicos y otras sustancias controladas y crimen organizado”. 

“En todo caso si estaban enfermos, debían estar en un hospital, y no mandarlos a su casa. Ese fue su pecado”, explica la fuente. 

Tanto el forense como Arias fueron destituidos. En el caso de ella, fue enviada a la oficina de Control de Abogados y Notarios de la Corte. Ahí es donde registran a los nuevos abogados y notarios y se les asigna su código profesional. A esa oficina se le conoce como “la huesera”, indica la fuente, “porque ahí mandaban a todo aquel que castigaban pero que no lo querían correr”. 

“No la corrieron porque es la que echó preso a Alemán, pero se la pasó todo este tiempo en la huesera”, detalla la persona que la conoció e insiste en que “no creo que haya pecado de ingenua o de inocente porque ella como conocedora de la ley sabía el procedimiento, pero dispuso mandarlos a su casa. Algo hubo por ahí, algo anómalo”.

Gertrudis Arias en declaraciones a medios de comunicación. ARCHIVO

Hasta el día de su muerte, Gertrudis Arias volvió a ser una funcionaria anónima. En 2020, la movieron de “la huesera” a otro puesto irrelevante en la Dirección Financiera de la CSJ, en donde trabajaba como asesora legal revisando contratos. Desde su destitución en 2013, no volvió a ser jueza. 

Arias murió por complicaciones relacionadas con la diabetes que padecía. Fue velada en la funeraria El Alba el miércoles 9 de junio de 2025. 

Su muerte no tuvo eco en los medios oficialistas, pero sí en páginas y grupos de sandinistas en redes sociales que la recuerdan como una “gran mujer, revolucionaria, humilde y sencilla”. Algunos incluso le llaman “guerrillera”, pero en realidad no lo fue. Y en los pasillos judiciales le seguirán recordando como “la tajona de Arnoldo Alemán”. 

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