Arturo McFields se atrevió a denunciar a la dictadura ante el Consejo Permanente de la OEA. Su deserción tomó por sorpresa al régimen. ARCHIVO

Denuncias escandalosas: “Leales” que abandonaron a Daniel Ortega

La dictadura no vio venir estas “traiciones”. Algunas denuncias inesperadas estremecieron los cimientos del régimen y otras lo desenmascararon a nivel internacional. Todas causaron revuelo nacional.

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La sorpresa de McFields 

Hace poco más de tres años las palabras del periodista Arturo McFields Yescas cayeron como una bomba de expansión continental, convirtiéndolo en el personaje del momento. El 23 de marzo de 2022 el entonces embajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA) denunció al régimen de Daniel Ortega, calificándolo como dictadura, con un desglose detallado de las muchas libertades arrebatadas a los nicaragüenses en cuatro años de represión. 

La plataforma que McFields, hasta entonces recitador de la narrativa de la dictadura, eligió para su denuncia fue nada menos que el Consejo Permanente de la OEA. En ese mismo escenario lo habían nombrado representante de Nicaragua apenas cinco meses antes, el 27 de octubre de 2021. 

McFields no era cualquier funcionario. Su padre, el poeta David McFields, fue amigo cercano de Rosario Murillo y a finales de los ochenta participaba en las fiestas amanesqueras celebradas por la primera dama en su discoteca casera: la Tortuga Morada. Es posible que de este vínculo con su progenitor proviniera el trato preferencial recibido en 2005 por el futuro embajador, cuando se convirtió en el único periodista al que la pareja Ortega Murillo le permitió que grabara la intimidad de su casa. 

Era de esperarse que su denuncia causara escándalo.

McFields es el único periodista al que se le ha permitido grabar la vida íntima de los Ortega Murillo. ARCHIVO

“Tomo la palabra en nombre de más de 177 presos políticos y más de 350 personas que han perdido la vida en mi país desde el año 2018. Tomo la palabra en nombre de los miles de servidores públicos (…), de aquellos que hoy son obligados por el régimen de Nicaragua a fingir, a llenar plazas y repetir consignas porque si no lo hacen pierden su empleo. Tengo que hablar, aunque tenga miedo. Tengo que hablar, aunque mi futuro y el de mi familia sean inciertos”, dijo al inicio de su explosiva intervención. 

Las palabras de McFields dejaron en evidencia el malestar silencioso en las filas del sandinismo. “Yo soy la prueba de que hay muchos más”, dijo. La oposición nicaragüense aplaudió su valentía, mientras que los simpatizantes del régimen lo llamaron “traidor”, “vendepatria” y “contrarrevolucionario”. 

Por su parte, la dictadura emitió un comunicado desconociéndolo como embajador de Nicaragua ante la OEA y el 24 de marzo lo destituyó. En la actualidad el periodista y exembajador se encuentra exiliado y escribe artículos de opinión para el Diario LA PRENSA.

Paul Reichler, asesor de Nicaragua en La Haya, «respetaba y admiraba» a Ortega antes de 2018. ARCHIVO

El asesor en La Haya 

En la misma semana de la denuncia pública de Arturo McFields, se conoció la carta de renuncia de Paul Reichler, entonces asesor legal internacional del régimen ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. El texto apareció el 27 de marzo en el medio Confidencial, pero el funcionario renunció desde el día 2 de ese mes. 

En la misiva, dirigida a Ortega, el jurista norteamericano explicó sus motivos. “Mi conciencia moral me exige que debo cortar mis lazos” (con la dictadura de Ortega) “y negarme a servirle”, escribió. “Usted ya no es el Daniel Ortega a quien tanto respeté, admiré, quise y serví con orgullo durante tantos años”. 

“Me resulta inconcebible que ese Daniel Ortega hubiera reprimido manifestaciones pacíficas tan despiadadamente, resultando en cientos de trágicas muertes, en abril de 2018. Me resulta aún más inconcebible que ese Daniel Ortega hubiera arrestado, confinado en condiciones intolerables y enjuiciado a más de 50 ciudadanos destacados —de la política, los medios de comunicación, las universidades y los negocios— con cargos falsos que no son más que un pretexto para eliminar la disidencia y la oposición”, prosigue la carta. 

Aunque Ortega dio muestras de autoritarismo, censura y represión desde el inicio de su carrera política, en los años ochenta, para Reichler existían dos versiones del dictador. Según el jurista, antes de 2018 Ortega era democrático y pacífico, pero apareció otro Ortega, que estableció “una nueva dictadura, no muy diferente a la que él mismo ayudó a derrocar, con elecciones falsas, una legislatura sumisa, un sistema judicial corrupto e incapaz de impartir justicia, y el silenciamiento de la libertad de expresión y de los medios de comunicación independientes”. 

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Reichler fue asesor legal en el juicio que Nicaragua le ganó a Estados Unidos en 1986. También participó como asesor político de Ortega en las negociaciones con la oposición armada que desembocaron en los Acuerdos de Paz de Sapoá, en 1988. De igual manera fue parte del equipo legal en la disputa por la soberanía del río San Juan (Costa Rica) y límite marítimo en el meridiano 82 en el mar Caribe (Colombia). 

El exmagistrado Rafael Solís dejó caer una bomba mediática en enero de 2019. LA PRENSA

La carta de Rafael Solís 

La renuncia del magistrado Rafael Solís fue un golpe durísimo para el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. El jueves 10 de enero de 2019 en el país no se hablaba de otra cosa y muchos se negaban a creerlo, porque Solís no sólo pertenecía al círculo más cercano de la pareja, también fue una ficha clave en las jugadas jurídicas que le abrieron el camino para implantar una dictadura en Nicaragua. 

La relación era tan antigua y estrecha que Solís figuró como testigo en la dudosa ceremonia en que la pareja supuestamente se casó bajo los oficios de un sacerdote guerrillero, en 1978. Muchos años después, en 2006, fue padrino de bodas en la “renovación” de votos matrimoniales como único testigo vivo de la primera ceremonia. 

Entre otros servicios, Solís asistió a Ortega tras la acusación por abuso sexual interpuesta por su hijastra Zoilamérica, en 1998. También fue uno de los negociadores del pacto con el expresidente Arnoldo Alemán y, en 2009, el principal artífice de una sentencia de la Corte Suprema con la que Ortega logró reelegirse pese a que la Constitución se lo prohibía. 

“No pensé que eso llevaría a la nación a esto. Nunca lo imaginé”, lamentó dos días después de renunciar a su cargo, en una entrevista con el diario estadounidense The New York Times. 

El otrora aliado de Ortega escribió una carta pública de “renuncia y denuncia”, firmada el 8 de enero de 2019. Es decir, un día después de ingresar a Costa Rica procedente de México, donde se encontraba cuando estallaron las protestas de 2018, en un tratamiento médico. 

“Siempre creí que la sensatez y la cordura se podía imponer en ustedes y proceder a una negociación política que permitiera el adelanto de las elecciones y algunos de los otros puntos planteados por la oposición, pero la realidad ha demostrado todo lo contrario”, expresó Solís en su misiva de tres páginas. 

“Ya no existe derecho alguno que se respete, con las consecuencias inevitables de la instalación y la consolidación al menos de una dictadura con caracteres de monarquía absoluta de dos reyes, que ha hecho desaparecer todos los poderes del Estado, dejando al mismo Poder Judicial al que yo pertenezco reducido a su más mínima expresión”, agregó. 

Desde entonces el exmagistrado de casi 72 años ha vivido en el exilio, concediendo esporádicas entrevistas. La dictadura confiscó todas sus propiedades e incluso las de algunos familiares cercanos, incluida la vivienda de su mamá. 

En junio de 2024 Solís declaró al Diario LA PRENSA que en Nicaragua “inexorablemente se va a llegar a la lucha armada” para que Ortega salga del poder. “Lo conozco bien”, dijo. “Tampoco digo que va a ser una gran guerra. Si no se necesita volver a la época de las guerrillas largas de varios años, pero sí se necesita que haya gente en las calles con un respaldo mínimo, aunque sea militar, de armas, municiones y recursos económicos”.

Humberto y Daniel Ortega Saavedra en uno de sus últimos acercamientos. ARCHIVO

Crítico y reo de su hermano 

2018 fue un año de sorpresas, entre ellas los enfrentamientos públicos entre Daniel Ortega y su hermano Humberto, de cuya relación no se había escuchado mucho en 13 años, desde que discutieron en plena iglesia el sitio donde sepultarían el cuerpo de doña Lidia Saavedra, madre de ambos. 

Con el estallido de las protestas de abril, surgieron más diferencias entre los Ortega Saavedra. El 4 de julio de 2018 circuló viralmente una carta en la que Humberto alentaba a su hermano mayor a adelantar las elecciones presidenciales y desarmar a los paramilitares. A partir de ahí las tensiones fraternales escalaron más y más, con Humberto brindando ocasionales entrevistas que despertaban sospechas en el sector opositor y Daniel dedicándole indirectas e insultos. 

El 27 de julio de ese mismo año, en entrevista con CNN, el exjefe del Ejército responsabilizó al régimen por la “sangría” causada al pueblo nicaragüense y volvió a llamar al desarme de las fuerzas paramilitares. El 3 de diciembre Ortega lo acusó de haberse cruzado en 1990 a la acera de quienes ganaron las elecciones presidenciales, convirtiéndose en “peón de la oligarquía y del imperio” estadounidense. 

Humberto volvió a aparecer en CNN el 4 de julio de 2021, ahora reconociendo que los opositores detenidos por el régimen no eran “terroristas” ni “traidores a la patria”. “(…) No han atentado en contra de la estabilidad del país, simplemente son opositores que tienen su punto de vista como yo lo tengo (…) Yo he criticado con toda firmeza y respeto al Gobierno actual, por eso yo podría ser catalogado de terrorista o traidor a la patria”, señaló. Su hermano lo llamó “traidor”, “vendepatria” e incluso “idiota”. 

La cuerda se tensó más en febrero de 2022, cuando el exguerrillero sandinista Hugo Torres murió bajo custodia, como preso político de la dictadura, y Humberto lamentó el hecho en un artículo de opinión publicado por LA PRENSA. 

“Hugo Torres integra una de las varias fracciones en que el antiguo Frente Sandinista se divide desde la década de los noventa, y no rehúye el sacrificio, la cárcel, en la que una vez más demuestra sus convicciones revolucionarias, y muere, como cualquiera a su edad y condiciones físicas, al ser expuesto en el cruel encierro”, expresó. En esa ocasión también pidió la “libertad los encarcelados políticos, por medio de cualquiera de los instrumentos jurídicos, legales requeridos”. 

A pesar de todo, los ánimos parecieron enfriarse a raíz de una recaída de Humberto en sus males cardiacos, en diciembre de 2022. Ortega incluso lo visitó durante la convalecencia y, según su hermano, intercambiaron “puntos de vista” sobre la situación del mundo y de Nicaragua. El propio Humberto lo contó en la que sería su última entrevista, concedida al medio argentino Infobae en mayo de 2024.

Humberto Ortega pasó sus últimos días como reo político de su propio hermano. ARCHIVO

Durante esa plática, en la que dio la impresión de querer quedar bien “con Dios y con el diablo”, afirmó que su hermano “no es un asesino” y dijo que no eximía “a ninguno de la derecha” por haber aprovechado “el malestar del pueblo” para montar “una insurrección sin rumbo” que dio lugar “a crímenes horrendos”. Pero también reconoció los “excesos repugnantes” del régimen y sostuvo que el poder dictatorial de Daniel carecía de sucesores. 

El 21 de mayo, dos días después de la publicación de la entrevista, la dictadura confirmó que el general en retiro se hallaba bajo régimen de casa por cárcel. Murió cuatro meses más tarde, el 30 de septiembre, como preso político de su hermano. 

Tres meses antes, el 9 de junio, había enviado a Confidencial un mensaje de audio urgente en el que advertía lo que podía pasar. “Soy el General de Ejército retirado Humberto Ortega Saavedra. Hoy domingo cumplo tres semanas de estar prisionero político en el régimen de casa por cárcel”, declaró. 

“Se me impiden las visitas, incluyendo las de mis familiares cercanos. Estoy totalmente aislado, sin teléfono, computadora, radio o televisión. Este (teléfono) que empleo lo tengo escondido para emergencias. Se me impide mi tratamiento médico en el hospital privado Vivian Pellas. Mi condición de salud está muy precaria, y hace unas horas más, por lesiones que han brotado y amenazan en mis piernas, infección que se podría extender a mi corazón. Todo el estrés que mi prisión injusta multiplica, puede producir un desenlace fatal en cualquier instante”, avisó. 

“El Gobierno de Nicaragua del presidente Daniel Ortega, tiene en sus manos la solución inmediata para la libertad incondicional de mi persona (…)”, dijo. Pero su hermano lo dejó morir en condición de reo.  

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