Querida oposición

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Recientemente, hemos atravesado dos duelos importantes como país; ambos conmovedores y enternecedores: la expresidenta Violeta Chamorro, que sin lugar a dudas fue un símbolo de esperanza, que nos permitía ver al pasado para imaginarnos un futuro, y el asesinato del mayor Roberto Samcam, que nos recordó, de forma muy abrupta y desgarradora, el tamaño del régimen al que hemos estado sometidos, incluso en nuestro exilio.

Ambos fueron también personas promotoras del encuentro, del diálogo y de la escucha; personas que se dedicaron a aportar sus pensamientos y sus manos a transformar el desorden en propuestas, en ideas y en trabajo. Ambos conocieron nuestras diversidades, nuestros retos y los asumieron, hablándonos desde ahí, desde nuestros tonos y criterios.

De una vez por todas, es el momento de la concordia y del encuentro, de un diálogo sensato con verdadera voluntad de cambio, donde todas las personas protagonistas reconozcan la importancia que tiene cada aporte, cada palabra y cada acera, y que la ideología de recuperar nuestro país resalte ante el resto de colores políticos que tienen el derecho a existir, sin embargo, no de prevalecer ante el deseo que tenemos cada uno de nosotros por dejar de vivir con el miedo de terminar de perderlo todo por completo.

Muchos de los jóvenes que hoy somos actores y actrices importantes en esta coyuntura crecimos admirando los liderazgos de muchas personas que nos permitieron sentar las bases del criterio político al que apuntamos ahora; y es en este momento en que estas personas —los comandantes, los exfuncionarios y los pensadores— tienen que confiar y apostar por seguir luchando, haciéndolo de la mano de esta bandada contestataria de muchachos y muchachas, que hemos hecho del futuro y de la utopía una forma de vida.

Ojalá seamos capaces de darnos una respuesta, una respuesta humana que entienda las dificultades de una conversación, pero que de igual forma considere las consecuencias de evitar esa conversación.

Hace mucho tiempo dejamos de ser liberales, conservadores, sandinistas, libertarios, socialistas; y empezamos a ser solo un número, para una familia atornillada en nuestras calles, en nuestros barrios y en nuestros pensamientos. Hace mucho tiempo que tuvimos que darnos la mano para avanzar y presentarle a la población una alternativa sólida que haga de nuestra nación una República.

El autor es poeta nicaragüense en el exilio

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