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Se va de fiesta en fiesta y así va todo, por supuesto, de mal en peor.
Ahora hay hasta fiestas de graduación infantiles. El nivel humano decae día a día y sin freno.
A las fiestas de graduación van todos entremezclados, el que aprueba y el que suspende.
Y a los que suspenden también los padres les dan dinero para que no vayan con los bolsillos vacíos a esas fiestas.
Esto es un ejemplo de la mala y pésima educación que comenzando por la base familiar se les está dando a las nuevas generaciones. Ya se les está incentivando en la corruptela porque estos ejemplos…
En definitiva, no hay consecuencias, si no cumples con tus estudios o trabajo eso no tiene consecuencias.
Todo un exceso y derroche y los niños o adolescentes no tienen tanto la culpa sino son los padres que, por alguna extraña razón, que no se sabe bien de dónde la han sacado, les están así orientando.
Los padres son o deberían de ser una autoridad y así educar, es decir, que mientras los hijos vivan bajo su techo tienen que obedecer sin rechistar.
Puede que en algún momento se le dé a un hijo un pequeño «premio» para incentivarlo, pero de una forma coherente y ordenada y cuando por supuesto se lo haya bien ganado.
Se están formando desde hace tiempo unas generaciones débiles y esto tendrá y ya las está teniendo por supuesto sus consecuencias: lo vemos diariamente en el aumento de la violencia en los jóvenes.
Todo esto lo han generado sus progenitores. Este rollo de los derechos humanos y las democracias ha generado una práctica que está viéndose en la bajeza, el aumento de los vicios populares, las faltas de respeto y por supuesto la pérdida del sentido común.
Los profesores también son autoridad, así como los representantes del orden público, como policías, jueces y fiscales.
Rectificar esto se puede, pero a un tiempo oportuno, porque si las ramas se tuercen mucho después cuando se quieran poner derechas se pueden partir.
El autor es escritor español.