Murillo anuncia que universidades públicas llevarán nombres de “héroes y mártires” sandinistas

Las instalaciones de la confiscada Universidad Politécnica (Upoli) cuando fueron tomadas por la dictadura de Daniel Ortega. Foto tomada de internet

De CNU a CNRU: Qué cambia con el nuevo Consejo de Rectores recién creado por la dictadura

Críticos valoraron que la creación del Consejo de Rectores es parte del desmantelamiento de los fundamentos de la autonomía universitaria.

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La vocera y vicepresidenta de la dictadura de Daniel Ortega, Rosario Murillo, dijo al anunciar la creación del Consejo Nacional de Rectores de Universidades (CNRU) que esto es parte del «reordenamiento institucional» que vienen implementando desde el año pasado. Sin embargo, ex académicos valoraron que se trata de otra acción para centralizar las decisiones de las universidades, cambiando el nombre de un órgano que no tiene poder de decisión ni autonomía bajo la dictadura Ortega Murillo.

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El nuevo organismo que reemplaza al Consejo Nacional de Universidades (CNU) está conformado por los 13 rectores de las universidades públicas del país, todos sandinistas conocidos por su lealtad a la dictadura Ortega Murillo.

El ex rector de la Universidad Americana (UAM), Ernesto Medina, manifestó que la creación del nuevo Consejo de Rectores solo genera dudas, porque tras haber dado un control total al CNU en las pasadas reformas a la Ley de las instituciones de educación superior, ahora crean otro órgano igual, pero con otro nombre. 

Ernesto Medina, the former rector of UAM (Universidad Americana), currently resides in exile in Europe.

Sin embargo, Medina valoró que ni el CNU ni este nuevo Consejo de Rectores tienen facultad o autonomía para mejorar el funcionamiento ni la calidad de las universidades.

«En Nicaragua, estas instancias no tienen ningún significado, porque sabemos que el día de mañana le cancelan el nombramiento a un rector sin dar ninguna explicación, o sea, que todos esos rectores que están ahí, todos saben que están pendiendo de un hilo, dependiendo del estado de ánimo con que amaneció la copresidenta, de manera de que todos sabemos que no tienen ningún poder real».

«Las principales decisiones en Nicaragua, sobre todo los temas particularmente de la educación, los toma la señora, de manera que este Consejo no es más que un pretexto para decir que están haciendo cosas, que están avanzando, que es un país donde todas las cosas se están ordenando», dijo Medina.

«La lápida que sella el entierro de la autonomía universitaria»

Otro ex académico nicaragüense que pidió no ser identificado manifestó que la instauración de este nuevo Consejo «se trata de la consolidación de un modelo de control estatal absoluto sobre las universidades, que entierra décadas de avances en autonomía académica y universitaria, y del pensamiento crítico».

«El CNRU no es una apuesta por el fortalecimiento de la educación superior, como lo ha querido presentar el oficialismo. Es, por el contrario, la lápida que sella el entierro de la autonomía universitaria en Nicaragua. En nombre de la eficiencia y la ‘coordinación institucional’, se consolida un modelo donde pensar distinto es un delito, y donde las universidades ya no serán motores del cambio, sino engranajes de la maquinaria oficialista del régimen de Ortega», expresó la fuente.

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El ex académico recordó que el Consejo Nacional de Universidades (CNU), establecido en 1990 como parte de la Ley de Autonomía de las Instituciones de Educación Superior, fue durante más de tres décadas un espacio plural, donde coexistían representantes de universidades públicas y privadas, con voz estudiantil y académica.

Solo rectores sandinistas

Según la fuente, la misión del CNU no solo era coordinar el funcionamiento del sistema universitario, sino también garantizar la libertad de cátedra, la gestión descentralizada y la protección del quehacer universitario frente a las injerencias políticas.

«Ese modelo acaba de ser reemplazado por el CNRU, un órgano integrado únicamente por rectores de universidades alineadas con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo», dijo este ex académico.

También mencionó que la creación de este nuevo Consejo de Rectores no responde a una demanda académica ni a una necesidad del sistema educativo, sino a un proceso de centralización política que ha venido desmantelando, paso a paso, la autonomía universitaria y es parte de la represión a la comunidad universitaria.

A la par del nuevo Consejo de Rectores, Murillo anunció la creación de la «Secretaría técnica especialista que atenderá todos los temas relacionados con registro nacional de títulos y grados académicos, gestión y desarrollo tecnológico, planificación, evaluación y acreditación». Esta Secretaría técnica estará a cargo de Bismarck Santana, quien en el pasado fue dirigente de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), brazo político del partido gobernante FSLN en las universidades públicas.

Bismarck Santana. Captura

El académico manifestó que todo este nuevo engranaje significa que el Estado se convierte en juez y parte del sistema académico universitario, con poder para decidir qué instituciones merecen existir, qué carreras deben ofertarse y a quién se le otorgan los títulos.

«Bajo este nuevo esquema, la gestión financiera y administrativa de las universidades ya no será autónoma: estará supervisada directamente por el Ministerio de Hacienda y la Procuraduría General de la República». 

«Lo que está en juego no es simplemente un cambio de siglas o estructuras burocráticas: es la esencia misma de la universidad como espacio de pensamiento libre, debate plural y producción crítica del conocimiento. Un país sin universidades autónomas es un país sin futuro. Es un país donde la formación profesional se convierte en adoctrinamiento, y donde la ciencia y la investigación se subordinan a los intereses del poder político.

Los últimos siete años, la dictadura Ortega Murillo ha perseguido a los líderes universitarios que se rebelaron contra el sistema en 2018, hoy todos en el exilio. Las universidades privadas, desde las cueles los universitarios protestaron, fueron confiscadas y canceladas. También decenas de académicos tuvieron que salir del país tras el cierra de las universidades.

Para el ex académico, esta «nueva estructura vertical y autoritaria, forman parte de una estrategia deliberada para sofocar la disidencia desde las aulas» y evitar nuevas disidencias en el ámbito universitario.

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