Una imagen de Francisco Rogelio Cruz Calderón, tomada un día antes de que fue encontrado muerto en su apartamento, en San Francisco, California. LA PRENSA/ CORTESÍA

Una imagen de Francisco Rogelio Cruz Calderón, tomada un día antes de que fue encontrado muerto en su apartamento, en San Francisco, California. LA PRENSA/ CORTESÍA

Torturado, violado y preso: la impresionante historia del desterrado encontrado muerto

Bryan Cruz Calderón es el segundo del grupo de los 222 que muere en el destierro al que los condenó la dictadura Ortega Murillo. En 2018, tras ser torturado por policías y paramilitares, fue llevado a la morgue porque lo creían muerto. Pero vivió siete años más para seguir denunciando al régimen.

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El cadáver del nicaragüense Bryan Rogelio Cruz Calderón, uno de los 222 exprisioneros políticos desterrados a Estados Unidos por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en febrero de 2023, se encuentra desde hace 31 días en la morgue de un hospital de San Francisco, California.

Cruz Calderón, a quien la dictadura expatrió bajo la identidad de Rogelio Francisco, fue hallado muerto, a la edad de 37 años, el pasado viernes 18 de abril de este año 2025, en una cama, en el apartamento que hace un año le asignó el Gobierno de Estados Unidos, bajo la Administración de Joe Biden.

A pesar de que existen varias conjeturas sobre las causas de fallecimiento, la verdad es que las autoridades estadounidenses aún no han entregado el certificado de defunción, debido a que Cruz Calderón no tenía familiares en Estados Unidos, ni nadie que lo representara, además de que era apátrida, pues los Ortega Murillo lo despojaron de la nacionalidad nicaragüense.

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Así las cosas, nadie ha podido personarse ante las autoridades norteamericanas para reclamar el cadáver o pedir los resultados de la autopsia, explican Anita Wells y Juana María Porta, dos nicaragüenses que tienen décadas de residir en Estados Unidos y han actuado como buenas samaritanas de algunos de los 222 desterrados y otros exiliados, también nicaragüenses.

Bryan Rogelio Cruz Calderón en el apartamento que le asignó la Administración del presidente estadounidense Joe Biden. LA PRENSA/ CORTESÍA

“Todavía no tenemos la autopsia legal. Nadie sabe la razón por la que Bryan falleció. Nadie. Hay rumores de que lo habían acuchillado, pero el reporte inicial, de la persona que lo encontró, dice que no había señales de violencia. Lo encontraron en su cama, en su apartamento. No había señales de violencia, no había sangre, no había nada. Entonces no se sabe de qué murió Bryan”, expone Wells.

Hasta el cierre de la presente edición de la Revista DOMINGO, Juana María Porta y otras tres mujeres nicaragüenses habían obtenido dos logros importantes respecto del cuerpo de Cruz Calderón. Uno, que no fuera sepultado en una fosa común, como si no tuviera familiares. Y, dos, un documento autorizado por la familia del fallecido para que Porta se constituya en responsable del cadáver, de tal modo que podrá obtener el certificado de defunción y recibir el cuerpo para darle un “sepelio digno y el servicio que se merece”, indicó Porta.

Sin embargo, en Estados Unidos los procedimientos en este tipo de casos “son más complejos que en Nicaragua”, indican Wells y Porta, y por ello no ha sido posible aún obtener el cuerpo y conocer los resultados de la autopsia.

Independientemente de la causa exacta del deceso, lo que sí está claro, aseguran Wells y Porta, así como otras fuentes que piden anonimato, es que la muerte de Cruz Calderón está relacionada con una serie de torturas que sufrió desde 2018 durante los cuatro años que estuvo encerrado en las mazmorras del régimen Ortega Murillo.

“A este muchacho (en 2018) lo llevaron entre la vida y la muerte al hospital de Jinotega (Victoria Motta), después de ser torturado, después de que lo violaron con una bayoneta, le rompieron el colon, le perforaron el colon completamente”, expresa Wells.

“Hay video de cuando a él lo apresaron (en 2018). Yo no sé por qué le agarraron tanta saña. ¿Cómo puede un ser humano hacerle algo tan horrible a otro ser humano? Es que no se lo hacen ni al ganado lo que le hicieron a este hombre. Le metieron una bayoneta (en el recto), le rompieron completamente su colon. Completamente destrozado. Lo operaron dos veces allá porque se les estaba desangrando por dentro”, expone Porta.

Cruz Calderón fue el primer prisionero político que, en 2018, denunció que había torturas en las cárceles de los Ortega Murillo, tras las protestas de abril de ese año, indica Porta. Las torturas que sufrió incluyeron, además de la violación con una bayoneta, maltratos en el hospital de Jinotega por parte de los policías que lo custodiaban, asedio a sus familiares, más maltratos en la cárcel, manoseo físico a su esposa cuando lo llegaba a visitar, falta de atención médica, insalubridad, golpes, encierro sin exposición al sol, y también tortura psicológica.

Bryan Rogelio Cruz Calderón, desterrado en Estados Unidos. LA PRENSA/ CORTESÍA

Ya fallecido, algunos simpatizantes de la dictadura dijeron a algunos de sus familiares que, si repatrian el cadáver, lo van a quemar.

Sin embargo, la familia de Cruz Calderón está consciente de que él será enterrado en Estados Unidos porque no existe posibilidad de repatriación. De momento, lo único que desean es al menos ver una foto del cadáver.

Un campesino contra la dictadura

Cruz Calderón era un campesino de Estelí, nacido en septiembre de 1987 y, a como explicaron familiares que pidieron anonimato, se crio en lugares montañosos.

“Como todo campesino, ayudaba mucho a su familia, especialmente a su mamá y su papá, dos personas adultas mayores. De los varones, él era el hijo mayor, pero tiene una hermana mayor que él”, manifiesta Juana María Porta, agregando que sus hermanos son numerosos.

Composición gráfica que muestra a Bryan Rogelio Cruz Calderón desterrado en Estados Unidos, a la izquierda, y, a la derecha, cuando aún era prisionero político de los Ortega Murillo. LA PRENSA/ CORTESÍA

En 2013, cuando los campesinos nicaragüenses protestaron por la ley 840 con que Daniel Ortega creó el proyecto del canal interoceánico, Cruz Calderón se unió a los reclamos.

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Luego, en 2018, también estuvo en los tranques que fueron apoyados por el movimiento campesino. “Era uno de los principales de los tranques de su ciudad (Estelí). Estaba bien reconocido en toda esa área”, señala Porta.

La versión que tiene Wells, respecto a la participación de Cruz Calderón en los tranques, es diferente. “Él me dijo: madre, yo no andaba metido en nada. Me acusaron que me había robado un celular”, recuerda Wells que le dijo Cruz Calderón, una vez que fue desterrado por la dictadura hacia Estados Unidos en febrero de 2023.

La captura y el bayonetazo

Sin embargo, tanto lo que dice Porta, como lo que afirma Wells, coinciden en parte con la denuncia que hizo la hermana mayor de Cruz Calderón, Antonia, en 2018, en la extinta Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), luego de la primera tortura que sufrió el ahora fallecido.

En ese año 2018, tras las protestas de abril, policías y paramilitares, ubicados en Pueblo Nuevo de Jinotega, buscaron a Cruz Calderón en una casa que su hermana Antonia tiene en la comarca El Dorado, en Jinotega.

Al principio, Cruz Calderón era buscado por el robo de un celular. Pero, la búsqueda se intensificó cuando los policías y paramilitares se enteraron de que había participado en los tranques.

“Él agarró un celular prestado, de un amigo. Y cuando él agarró ese celular prestado, le dice el amigo: no te llevés ese celular, porque es de mi mujer. Y mi mujer te va a ir a poner la denuncia. No lo creo que me haga eso porque somos los mismos, le dijo mi hermano. Y cuando ellos (policías y paramilitares) llegaron (a la comunidad El Dorado) por la denuncia, había una reunión (de los secretarios políticos del FSLN) y una mujer dijo que ahí estaba un muchacho que se llamaba Rogelio Cruz y que era tranquista”, expuso Antonia Cruz en la CPDH, en 2018.

Según lo que después le contó Cruz Calderón a Porta, en esa primera ocasión que lo buscaron policías y paramilitares en la casa de su hermana Antonia, él intentó escapar por un cafetal, pero finalmente lo capturaron.

Escena de la captura de Bryan Rogelio Cruz Calderón, en 2018, cuando fue torturado por policías y paramilitares. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN DE VIDEO

“Uno de los hombres le cercenó un testículo. Lo violaron y al final le metieron una bayoneta en el recto. Y lo balearon. Recibió nueve impactos de bala. Lo capturaron para hacerle maldad. Como pensaron que él estaba muerto, lo fueron a volar al Hospital Victoria Motta de Jinotega”, relata Porta.

Sobre esa primera tortura, Wells cuenta: “No es que le cortaron sus genitales, no, pero sí le pelaron la piel de su genital. Hay fotos y él las publicó, son públicas. Imagínese la tortura, el horror, de las cosas más horripilantes que yo he escuchado en mi vida y que he visto. Una cosa aberrante que yo creo que algún día, en una corte internacional, aunque él esté muerto, es algo que debe de presentarse. Son cosas que no escuchás que se hagan”.

Ya lo habían metido a la morgue

En el Hospital Victoria Motta de Jinotega, los médicos ya habían dado por fallecido a Cruz Calderón.

“Lo llevaron a la morgue porque pensaban que estaba muerto. El de la morgue se fijó que estaba vivo y lo llevaron para dentro (del hospital), porque la mamá llegaba a reconocerlo”, asegura Juana María Porta.

Cruz Calderón estuvo hospitalizado 33 días en Jinotega, custodiado por policías y esposado a la cama. Luego, lo llevaron a la cárcel.

Tras ser operado en Estados Unidos. LA PRENSA/ CORTESÍA

Mientras se dirigía a prisión, con la ayuda de una muleta, iba chorreando sangre por la calle, mientras los policías le decían que lo que le había pasado no era nada. “Te íbamos a matar”, le insistían.

En algún momento, personeros de la dictadura le ofrecieron dinero y bienes para que dijera que la denuncia de torturas que había hecho su hermana Antonia era falsa, pero Cruz Calderón se negó, enojando más a los policías contra él.

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En ese mismo año 2018, Cruz Calderón fue liberado, pero sólo unos días, porque al poco tiempo fue recapturado. Fue el Día del Padre de ese año 2018. Por la noche, iba a tener una cena especial con su único hijo, el que en la actualidad tiene 17 años. Desde entonces, permaneció encerrado en las mazmorras de la dictadura Ortega Murillo.

Acusado de delincuente

Aunque Cruz Calderón fue señalado por las autoridades del régimen Ortega Murillo como un delincuente, asaltante asiduo en varios barrios de Estelí, finalmente lo incluyeron entre los 222 prisioneros políticos que enviaron a Estados Unidos el 9 de febrero de 2023.

Una revisión que la Revista DOMINGO realizó en el sistema en línea de los juzgados de Estelí revela que Cruz Calderón, con el nombre de Rogelio Francisco, y no con el de Bryan Rogelio, que es el que reclama su familia como el correcto, tiene un sinnúmero de causas por robos con violencia.

Se sabe que el acusado Rogelio Francisco es el mismo que su familia identifica como Bryan Rogelio porque en algunas causas judiciales lo señalan con el sobrenombre de “Montañita”, y la familia admite que al ahora fallecido le decían así por haberse criado en las montañas de Estelí.

El jefe de la Policía de Estelí en 2018, comisionado general Marvin Castro, brindando conferencia de prensa sobre la captura de Bryan Rogelio Cruz Calderón. LA PRENSA/ ARCHIVO

En casi todas las acusaciones, alrededor de 26 procesos penales, Rogelio Francisco Cruz Calderón fue dejado en libertad porque no había pruebas contra él y sólo en dos causas el proceso había seguido hasta el fin.

“Son mentiras todo eso. Él nunca hizo eso. Fue porque no lo querían a él. Los policías le pusieron así porque no lo querían. Le pusieron un poco de denuncias, 26 denuncias, y de todas salió libre, sólo quedó en dos”, dijo, bajo anonimato, un familiar.

La llegada a Washington

Apenas llegó el avión con los 222 desterrados a Washington, Anita Wells se dirigió hacia el hotel donde los reconcentraron a todos. Al día siguiente, Wells agarró a Bryan Rogelio Calderón Cruz y lo subió a su camioneta para llevarlo de compras a Walmart. En el momento en que él se subió a la camioneta, tuvo una reacción bien rara.

–Ay, madre, perdóneme. De repente sentí como que estaba en la patrulla.

–¿Por qué, hijo?

–Fue de momento, madre.

Iban por un lugar oscuro en la carretera, pero Wells detuvo la camioneta, abrió las ventanas y le dijo:

–No, mi muchachito. Extienda los brazos, respire aire libre. Usted está libre. A usted ya nadie lo va a herir más.

Otra cosa que Wells notó es que Cruz Calderón no sabía lo que era un cinturón de seguridad en un carro. “Nunca había andado en vehículos así”, dice.

Al llegar a Walmart, Cruz Calderón era como un niño, recuerda Wells.

“Era como llevar a un niño a Disneylandia. En su vida había visto tantos carros en un estacionamiento”, dice Wells.

–Chocho, má, ¿y todo este montón de carros?

–Son de la gente que está comprando adentro.

–A la, má, mirá cuántas luces.

Entraron a Walmart y Cruz Calderón empezó a comprar de todo.

De compras, en Washington. LA PRENSA/ CORTESÍA

“Vieras la ropa que escogió. Unas cosas de Pokemón. Era como un niño en el cuerpo de un hombre. Había pasado tanta tortura. Su forma de ser, de actuar, en el cuerpo de un hombre. Un cuerpo torturado”, expresa Wells.

A Cruz Calderón le habían entregado una ayuda de 360 dólares en el hotel y Wells pensó en pagar parte de lo que él estaba comprando, pero también quiso hacerle ver que él debía ser autosuficiente y usar el dinero que le habían dado. Por lo que, al llegar a la caja, lo invitó a pagar una parte.

–Bryan, sacá la plata que te dieron.

–No, madre. Sí yo ya la mandé.

–¿Cómo que ya la mandé?

–Le mandé dinero a mi madre (en Nicaragua).

–¿Por qué hiciste eso?

–Yo estoy vivo por mi madre. No me regañe, mita. ¿Cómo va a creer que yo no le iba a mandar a mi mamá el primer dinerito que me daban en este país?

Wells pagó la cuenta.

“Bryan tenía muchos problemas emocionales a consecuencia de todo lo que había sufrido. Pero tenía un alma tan noble ese muchacho. Y un amor muy grande por su familia”, asevera Wells.

Con lo que logró trabajar, más una ayuda que recibió, le mandó dinero a la familia para que se compraran una pequeña finca.

Cuando llegó a Washington, Cruz Calderón tenía una hernia estomacal, con una barriga muy grande producto de las torturas que había recibido. Un poco más que hubiese permanecido en Nicaragua y pudo haber muerto en prisión, cree Wells.

En Estados Unidos le realizaron una cirugía mayor y le pusieron una malla. “Le curaron el estómago, pero no la mente”, lamenta Wells.

La comida del hotel

Juana María Porta recibió a seis de los 222 desterrados en su casa, en San Francisco, California, entre ellos a Bryan Rogelio Cruz Calderón.

Sin embargo, antes de salir del hotel, Cruz Calderón le pidió a Porta: “Déjeme estar en el hotel hasta el último día, porque aquí hay buena comida”.

Porta comprendió en ese momento todas las necesidades que Cruz Calderón había pasado durante los cuatro años de encarcelamiento a manos de la dictadura, que no le daba de comer de manera digna.

Cuando finalmente se fue a San Francisco, Porta lo llevó a vacunarse y le ayudó a tramitar el permiso de trabajo.

Cruz Calderón estuvo algún tiempo en la casa de Porta, pero luego se fue alegando que había mucha gente en la casa de ella. “Aquí estamos muchos”, dijo. Y se fue.

Tras varios meses rentando junto a otras personas, Cruz Calderón terminó en un refugio.

A su llegada a Washington. LA PRENSA/ CORTESÍA

Sin embargo, para diciembre del pasado año 2024, el gobierno de Joe Biden le asignó un apartamento pequeño, pero con todas las comodidades.

“Él estaba feliz. Tengo un video que me mandó. Mirá el apartamento que me dieron, me dijo”, recuerda Anita Wells.

Juana María Porta rememora que Cruz Calderón estaba alegre con el apartamento y decía que se lo había dado su “papá Biden”. En el apartamento, tenía una perrita a la que llamó “Princess” y era la que le hacía compañía.

A veces estaba triste

Bryan Rogelio Cruz Calderón trabajaba lavando platos en un restaurante que está cerca del apartamento en el que vivía. Con la ayuda de Juana María Port, pensaba también inscribirse en la escuela, porque no sabía leer ni escribir.

Wells recuerda que Cruz Calderón en ocasiones se ponía a vender camisetas y otras cosas en la calle, para ganar más dinero. “Muchacho, aquí no estás en Managua. Búscate otro trabajo, ya tenés permiso”, le decía ella.

Poco a poco se iba adaptando a la vida en Estados Unidos. Aunque en el tema del transporte, prefería caminar varias cuadras antes que usar transporte público.

La mayoría de las veces, Cruz Calderón estaba contento, señala Porta. Sin embargo, a veces él le mandaba mensajes diciéndole que estaba triste porque se sentía solo, sin su familia.

A Anita Wells varias veces le mandó mensajes en la madrugada hablándole de los problemas que tenía. Otras veces, se aislaba, incluso de las personas que lo habían ayudado.

Ni Wells ni Porta se atreven a decir que Cruz Calderón estaba deprimido en los días previos a aparecer muerto.

“No importa cuál haya sido la causa (de su muerte), yo sí pienso que el culpable es el Gobierno (de Daniel Ortega y Rosario Murillo). Sólo por decir que no les quiten sus tierras (a los campesinos), por la ley 840, y por alzar una bandera y protestar que están matando muchachos, fue torturado tan severamente. Es difícil que el trauma se vaya de un día para otro. Algunas veces él me llamaba a la medianoche porque él soñaba que lo estaban siguiendo y lloraba”, dice Porta.

“Si hay héroes en Nicaragua, él es uno de ellos. Él se salió de la muerte para denunciar a Daniel Ortega”, sentencia Porta.

Cruz Calderón es el segundo del grupo de los 222 que fallece. El primero fue el empresario Michael Healy, en enero de 2024.

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