La India, una gran potencia

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Periódicamente escribo un artículo de opinión para LA PRENSA abordando temas relacionados con países cuya importancia ameritan la consideración de sus lectores.  Este artículo, que aborda el extraordinario crecimiento que la India ha tenido en las décadas recientes, es uno de estos.

Como muchos otros, lo escribí en mi finca en Virginia. Cada fin de semana procuro visitar a Valhalla —así se llama la finca— ahora que me encuentro desterrado de Nicaragua. Pero quiero aclararles, amigos lectores, que mi patria sigue siendo Nicaragua, a pesar de las pretensiones de la dictadura Murillo-Ortega de que soy apátrida.

Mi finca, queda en Culpeper, un condado a dos horas en carro de Washington, donde resido. Tengo más de 30 años de haberla comprado y en ella cosecho pacas de heno que, a su vez, las compran ganaderos de la zona para alimentar a su ganado.

Cuando compré mi finca, el condado de Culpeper era totalmente rural y la vasta mayoría de sus habitantes eran norteamericanos blancos y negros. Los de este último grupo eran, en su mayoría, descendientes de esclavos ya que Virginia, como los otros estados sureños estadounidenses, permitía la esclavitud hasta que esta fuese abolida a mediados del Siglo XIX como fruto principal de la Guerra Civil estadounidense. Esta guerra, por cierto, fue el conflicto militar más cruento en la historia estadounidense. Sí, el más cruento. En muertos estadounidenses, ¡superó hasta las bajas en la primera y segunda guerras mundiales!

Con el pasar del tiempo, Culpeper ha ido evolucionando. Cada vez se construyen más barrios de clase media para acomodar a decenas de miles de familias que se han mudaron al condado para vivir económicamente, pero lo suficientemente cerca de Washington para viajar diario a la capital norteamericana para trabajar. O sea, que Culpeper se ha convertido en un suburbio de Washington.

En la medida que su población ha ido creciendo, Culpeper ha ido evolucionando de una pequeña aldea rodeada por fincas a un pueblo de varias decenas de miles de habitantes y con un centro comercial lleno de tiendas, restaurantes, cines e iglesias etc. Pero dos cosas, en particular, me han impactado. La primera es que con el pasar del tiempo las fincas han ido utilizando cada vez más maquinaria moderna. Me refiero a tractores, camiones de tina o más grandes y equipo moderno para cosechar los frutos del campo. Y cada vez más, ese equipo ha dejado de ser de marcas tradicionales norteamericanas, como John Deere y Ford. Una de las más populares de estas es Mahindra, una empresa de la India.

Otro cambio que he notado es que comenzaron a establecerse centros de estudio, como universidades de dos o cuatro años, y hasta oficinas grandes que albergan centros cibernéticos: muchos de ellos call centers. Y en estos centros abundaban hombres enturbantados, obviamente de la India.

Pero la creciente comunidad india no se ha limitado a estos oficios. Sus miembros han comenzado a abrir —o adquirir— pequeños negocios como supermercaditos, restaurantes y cafés, que antes o no existían, o si existían, sus dueños eran blancos norteamericanos de clase media y baja. Uno de estos mercaditos o country stores queda a medio kilómetro de mi finca y me provee muchas de mis necesidades. Su dueño es un indio que llega —o envía a su esposa— a supervisar su negocio cuyos empleados son blancos locales, muchas veces los dueños o trabajadores anteriores de estos locales.

Este mismo fenómeno se está dando en todos los EE.UU. incluyendo en el extremo sur norteamericano. Me refiero a estados como Luisiana y Mississippi a como lo demostró la exitosa película india titulada Mississippi Masala. Esta se estrenó en 1991 y abordó la vida de un creciente número de personas originarias de la India en zonas rurales del sur estadounidense.

El éxito de los indios en EE.UU. refleja sus logros en su tierra natal: la India. Este país fue conquistado por los ingleses después que fueron expulsados de lo que ahora conocemos como los Estados Unidos en la Revolución de 1776.

Por su gran tamaño, los ingleses llamaron a la enorme península que ahora comparten la India y Pakistán, como el “Subcontinente indio”.  Y el mar que rodea a la península se llama el Océano Índico.

La India es un gran “jugador” a nivel mundial. Cuenta con una superficie de 2.2 millones de kilómetros cuadrados, dándole un ranqueo de séptimo lugar en tamaño del mundo. En población, la India tiene mil cuatrocientos millones de habitantes. Esta cifra sólo es superada por la China. Pero contrario a lo que sucede en la China, la India es un país de jóvenes. La cuarta parte de su población tiene 15 años o menos de edad.

Uno podría decir que la India es en realidad una unión de diversas naciones ya que su población habla 23 idiomas. De estas, hindi es el idioma nacional que más se habla. Pero el inglés es la lengua franca del subcontinente y es la que más se habla en los negocios y por la aristocracia india.

Políticamente la India es una democracia —por cierto, la más grande del mundo— y su gobierno es una república parlamentaria, al estilo británico.

En cuanto a su peso económico, la India es la cuarta economía más grande del mundo. Su producto interno bruto es igual a US$14.5 mil millones, dos veces por encima de la economía del Brasil, otro país BRIC. Por otro lado, su ingreso per cápita es US$10,000.  Esta cifra es muy por debajo de las de los países más desarrollados del mundo, como EE.UU., y es tan sólo la mitad del ingreso per cápita de Brasil. Pero ha subido mucho y rápidamente. Por ejemplo, cuando yo visité la India cuando trabajaba en el Banco Mundial hace treinta años, su ingreso per cápita era tan sólo ¡US$200!

Del punto de vista espiritual, la tres cuartas partes de sus ciudadanos practican la religión hindú. Aproximadamente el 15 por ciento de los habitantes del país son musulmanes y periódicamente chocan los seguidores de estas dos religiones. Cinco por ciento de los indios son cristianos, principalmente católicos. Y dos connotados católicos vivieron en la India. Uno fue Santo Tomás, uno de los discípulos de Jesús, que se instaló en el estado sureño indio de Kerala, que tiene la mayor concentración de católicos de la India. El otro fue San Francisco Xavier que está enterrado en Goa, una ciudad que por siglos fue una colonia portuguesa.

Cierro con un breve comentario sobre su capacidad militar. La India tiene un ejército grande que ha tenido enfrentamientos con la China con la cual comparte una frontera. También cuenta con una fuerza aérea y una armada importantes y estalló su propia bomba nuclear en una prueba. O sea que es uno de los seis países que ha logrado entrar al “club atómico” cuyos otros miembros son la China, EE.UU., Francia, el Reino Unido y Rusia.  

El autor fue canciller, embajador y diputado de Nicaragua. Fue director del Banco Mundial.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    Con la migracion pesadda de países del Tercer Mundo la germanizacion de los EE.UU. va desapareciendo poco a poco. Espero que la influencia de los países nórdicos y aleman no desaparezca en ese pais. El estilo arquitectonico de los paises nordicos va siendo reemplazada por estructuras que parecen cajones lo cual le da un aire tercermundista a la arquitectura. Trump dijo en su primer período que las construcciones de edificios federales deben de seguir el estilo arquitectonico de la Grecia clásica.

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