De izquierda a derecha: los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Fotomontaje: LA PRENSA.

Tres papas, un régimen: la tensa relación del sandinismo con el Vaticano

Desde el histórico enfrentamiento con Juan Pablo II en 1983, pasando por la prudente advertencia de Benedicto XVI, hasta el abierto conflicto con el papa Francisco se observa la creciente hostilidad del sandinismo hacia la Iglesia católica

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Las relaciones entre los papas católicos y el régimen sandinista desde su llegada al poder en julio de 1979 han estado marcadas por altibajos. Aunque con los dos últimos pontífices el sandinismo intentó mantener una apariencia de cordialidad, con el papa Francisco las tensiones escalaron notablemente.

En la década de 1980, el papa Juan Pablo II visitó Nicaragua en lo que muchos nicaragüenses recuerdan como el episodio más emblemático del conflicto histórico entre el sandinismo y la Iglesia católica.

Con el papa Benedicto XVI, una vez que Daniel Ortega retornó al poder en 2007, no hubo mayor interacción, salvo un discurso del sumo pontífice en el que alentó al mandatario a ser transparente y a no permitir la corrupción.

Sin embargo, con el papa Francisco, el régimen sandinista llevó el conflicto a un nuevo nivel, llegando incluso a ofender a la Iglesia católica, al Vaticano y al propio pontífice.

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El mismo Ortega confesó el 21 de febrero de 2023 que no tiene ningún respeto hacia los papas y los obispos católicos, a quienes calificó de «mafia».

“Los papas, los obispos y los curas son una mafia. ¿Qué respeto puedo tener yo a los obispos? No creo ni en los papas ni en los reyes”, dijo Ortega.

Estos son los momentos que ha vivido el sandinismo con los tres últimos papas católicos:

Papa Francisco y el régimen: de la cordialidad a la hostilidad

El papa Francisco ha sido el pontífice que más se ha pronunciado sobre Nicaragua en los últimos 40 años, en gran parte debido a la crisis sociopolítica que estalló en abril de 2018. Desde entonces y hasta el 25 de diciembre de 2024, se refirió en 17 ocasiones a la situación del país.

Tras su elección en 2013, Jorge Bergoglio inició su pontificado con una relación aparentemente cordial con la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sin embargo, a partir de 2022, ese vínculo dio un giro drástico hacia la hostilidad. Ese mismo año, como primera señal de ruptura, el régimen expulsó al nuncio apostólico, monseñor Waldemar Sommertag.

Entre 2018 y 2021, Murillo llegó incluso a elogiar públicamente al papa, citando sus mensajes, reinterpretando sus escritos pastorales y adaptándolos al discurso oficial, que presentaba la crisis como un “fallido golpe de Estado”.

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La tensión aumentó hasta que, el 12 de marzo de 2022, el régimen expulsó al nuncio Sommertag. Un año después, el 13 de marzo de 2023, Nicaragua suspendió relaciones diplomáticas con el Vaticano, luego de que el papa Francisco calificara al régimen Ortega-Murillo como una dictadura “hitleriana” en una entrevista publicada en el medio Infobae.

LA PRENSA/AFP

La advertencia de Benedicto XVI

El papa Benedicto XVI fue quizás quien tuvo menos interacción con el régimen sandinista, en parte porque durante su pontificado la represión no había alcanzado los niveles de los años 80 ni los registrados a partir de 2018.

La única declaración pública conocida fue un discurso dirigido al embajador de Nicaragua ante la Santa Sede, publicado el 24 de septiembre de 2007.

En ese mensaje, Benedicto destacó que ante los proyectos planteados por el régimen como “Hambre Cero”, era fundamental la transparencia y la honradez en la gestión pública. “Frente a cualquier forma de corrupción, favorecen la credibilidad de las autoridades ante los ciudadanos y son determinantes para un justo desarrollo”, expresó.

Además, señaló que los obispos estaban dispuestos a mantener un diálogo constante y sincero con las autoridades.

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Benedicto XVI fue papa desde 2005 hasta su renuncia en 2013. Falleció el 31 de diciembre de 2022, y el régimen sandinista expresó públicamente su pésame.

El papa Benedicto XVI. LA PRENSA/ EFE

La noche oscura y Juan Pablo II

El episodio más emblemático del conflicto entre el sandinismo y la jerarquía católica fue en 1983, durante la primera visita del papa Juan Pablo II a Nicaragua. Considerado por muchos como un ferviente anticomunista, el papa fue recibido con tensiones por parte de los sandinistas, quienes ya entonces mantenían fricciones con la Iglesia.

Juan Pablo II llegó a Managua el 2 de marzo de 1983 a las 9:15 de la mañana en un avión de Alitalia. Lo esperaba la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, conformada por los nueve comandantes sandinistas, junto al gabinete, ministros, el nuncio apostólico Andrea Cordero Lanza, los obispos de la Conferencia Episcopal y cientos de feligreses.

(foto de archivo) Visita del papa Juan Pablo II a la ciudad de León, Nicaragua en el año 1983. LA PRENSA/Cortesía

Durante el saludo protocolario, el papa se encontró con el sacerdote Ernesto Cardenal, quien fungía como ministro de Cultura. El propio Cardenal relató el momento en su libro La Revolución Perdida:

“Cuando se acercó a mí, hice lo que había previsto hacer: quitarme la boina y doblar la rodilla para besarle el anillo. No permitió que se lo besara, y blandiendo el dedo como si fuera un bastón, me dijo en tono de reproche: ‘Usted debe regularizar su situación’. Como no contesté nada, volvió a repetir la brusca admonición. Mientras tanto, todas las cámaras del mundo lo enfocaban”.

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Durante la misa que ofició en los predios de la Plaza 19 de Julio —frente a la ahora confiscada Universidad Centroamericana (UCA)—, simpatizantes sandinistas comenzaron a lanzar consignas como: “¡Entre cristianismo y revolución no hay contradicción!”, “¡Dirección Nacional, ordene!” y “¡Queremos la paz!”.

El papa pidió silencio en varias ocasiones hasta que, visiblemente molesto, exclamó: “¡Silencio! La primera que quiere la paz es la Iglesia”.

El mensaje de Juan Pablo II por la crítica situación de la Iglesia

El 7 de julio de 1986, la Conferencia Episcopal de Nicaragua publicó una carta enviada a los obispos del mundo en la que denunció las agresiones del sandinismo contra la Iglesia católica.

El 22 de agosto de 1988, el papa Juan Pablo II compartió su discurso a los obispos de Nicaragua «En Visita Ad imina Apostolorum» (Hasta los umbrales de los apóstoles), en el que aludió con claridad, aunque de manera diplomática y sin nombrarlo directamente, a la crisis entre la Iglesia y el régimen sandinista.

En su carta, el papa se refirió a la labor mediadora del cardenal Miguel Obando y Bravo y otros obispos en el conflicto. A la vez, pidió a los sacerdotes y obispos en el país a no dejarse dividir «al servicio de una ideología», aludiendo a los sacerdotes que simpatizaban con la ideología sandinista.

«La Iglesia, que no está ligada a sistema político alguno, lejos de tener pretensiones de orden temporal, desea ofrecer su servicio pastoral al hombre», señala el discurso.

El único papa que visitó Nicaragua

Aunque Juan Pablo II no usó directamente las palabras “confiscación” ni “destierro”, sí se refirió de forma clara y crítica a ambas situaciones.

«La Iglesia en Nicaragua espera igualmente que pronto se puedan reincorporar a su anterior trabajo pastoral los sacerdotes que fueron sacados del país. También espera poder recuperar cuanto antes todos aquellos bienes materiales que estaban dedicados al servicio del pueblo fiel. Con no menos urgencia, la comunidad eclesial, fiel a la Jerarquía, siente la necesidad de reemprender las obras de promoción social que se venían desarrollando en beneficio de los más necesitados», señaló el papa en su discurso.

Juan Pablo II ha sido el único papa que ha visitado Nicaragua y lo hizo en dos ocasiones, la segunda el 7 de febrero de 1996, ya bajo el mandato de Violeta Barrios de Chamorro. En su visita se enfocó en promover la paz y reconciliación.

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