¡Ojo, hay un sheriff en Washington!

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Cualquiera que haya estado dándole seguimiento a las noticias en estos días sabe que uno de los temas más importantes ha sido el comercio internacional entre países y los aranceles que sus gobiernos utilizan para reducir sus importaciones y para recaudar fondos.  Este tema ha surgido por el nivel de aranceles que el presidente Trump les ha impuesto a países como la China y los miembros de la Unión Europea por sus robustos superávits comerciales con los Estados Unidos. En el vernáculo del presidente Trump, estos países han estado robándole (ripping off en inglés) a los Estados Unidos por años utilizando aranceles altos y otras restricciones para impedir exportaciones estadounidenses a sus países.  

Estas noticias se han enfocado en el comercio de exportaciones y servicios entre Estados Unidos y la República Popular China. Esto no debe de sorprender a nadie ya que ambos países tienen las economías más grandes del mundo y son importantes “jugadores” en el comercio internacional. Pero el tema del comercio internacional y los aranceles va más allá de estas dos naciones.

Recientemente, el presidente Trump apareció en los medios con un listado de países y su comercio con los EE.UU. Naturalmente, los medios se concentraron principalmente en el comercio entre Estados Unidos y la China. Pero en este listado también aparecen otros socios comerciales con los EE.UU., incluyendo a pequeñas naciones como Nicaragua.

He aprovechado estas noticias para actualizar mi análisis del desempeño y los desafíos que enfrenta nuestra economía, tema que he abordado en varias ocasiones en mis escritos en LA PRENSA.  Como siempre, mi análisis también se basa en datos del Fondo Monetario, del Banco Mundial y de otras fuentes serias como Lloyds Bank, un prestigioso grupo financiero británico que le da seguimiento a temas económicos mundialmente.

Entrando en materia, en 2023 —el año más reciente con datos mundiales— Nicaragua importó US$10.9 mil millones en bienes y exportó US$7.4 mil millones. O sea que Nicaragua tuvo un déficit de US$3.5 mil millones en bienes. Pero en cuanto a servicios, nuestro desempeño fue favorable. El valor de nuestra exportación de servicios fue US$1,552 millones y el de nuestras importaciones fue US$1,115 millones lo cual arrojó un superávit de US$437 millones en servicios. Redondeando las cifras de bienes y servicios, en 2023 tuvimos un déficit, de aproximadamente US$3.1 mil millones.

Segundo, nuestro principal socio en el comercio de bienes y servicios han sido los Estados Unidos. En 2023 la Unión Norteamericana fue el mayor comprador de nuestras exportaciones importando el 50.2 por ciento de estas. También fue el suplidor del 26 por ciento de nuestras importaciones. Pero más importante es que hemos tenido un superávit en nuestro comercio de bienes y servicios con Estados Unidos. Esto es algo que ningún otro país centroamericano ha logrado. Y en el resto de Latinoamérica sólo exportadores de petróleo, como Venezuela y Ecuador, lo tienen.

Tercero, ¿qué es lo que más exportamos y cuáles son nuestras principales importaciones? No sorprendentemente, en el primer lugar de nuestras exportaciones figuran los productos de nuestras zonas francas, principalmente vestuario. Este rubro fue igual al 15.6 por ciento de nuestras exportaciones. En segundo lugar —y prácticamente en un empate con nuestras maquilas— estaba el oro con el 15,3 por ciento del valor de nuestras exportaciones. El alambre aislado quedó en tercer lugar con el 11 por ciento de nuestras exportaciones, seguido por la carne bovina (9.3 por ciento) y, en quinto lugar, el café con el 8.3 por ciento.

En cuanto a nuestras importaciones, el petróleo y el bitumen quedaron en primer lugar en 2023. El valor de estos rubros fue US$1.4 mil millones, igual al ocho por ciento del valor de nuestras importaciones. Ropa —tanto nueva como usada— ocupó el segundo lugar en nuestras importaciones con un 4.7 por ciento, seguido en el tercer lugar por medicamentos que fueron igual al 3.8 por ciento de nuestras importaciones.

Cierro mi análisis con los siguientes puntos. Primero, Nicaragua es un pequeño y empobrecido país cuyo socio comercial más importante es EE.UU. con el cual tenemos un superávit de bienes y servicios. Mantener esta relación comercial con EE.UU. es crucial para nosotros.                                                                       

Segundo, a pesar de nuestro superávit comercial con los Estados Unidos, nuestro comercio global de bienes y servicios nos arrojó un déficit anual de aproximadamente US$3,5 mil millones en 2023. Una buena parte de este déficit lo financian préstamos conocidos como blandos por sus bajas tasas de interés y largos plazos. Estos préstamos nos los otorgan instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. . En ambas instituciones EE.UU. es el socio más grande y tiene gran influencia.

Finalmente, las remesas que nuestros compatriotas en el exterior envían a Nicaragua son, sin duda alguna, cruciales para nuestra economía. En 2023 fueron igual a US$5.2 mil millones. El 80 por ciento de las remesas vienen de Estados Unidos en donde nuestros compatriotas —muchos de ellos deportados por la dictadura Murillo-Ortega— sacrifican su nivel de vida para enviarles generosas sumas a sus seres queridos en Nicaragua.    

Los EE.UU. son cruciales económicamente para Nicaragua. Por ende, El Carmen debe de manejar muy cuidadosamente su relación con Washington, sobre todo ahora que hay un sheriff en la Casa Blanca. Me refiero, por supuesto, al presidente Trump cuyo secretario de Estado, Marcos Rubio, conoce mejor a nuestra triste realidad que sus predecesores por ser él hijo de una pareja cubana desterrada por Castro y por sus nexos en el Sur de la Florida con la comunidad de exilados de dictaduras latinoamericanos incluyendo, por supuesto, la nuestra.

El equipo Trump-Rubio es ágil, activo y audaz. Además, no suele actuar conforme a la diplomacia tradicional. Esto es mala noticia para El Carmen. ¡Y es peligroso para su dictadura!

El autor fue canciller de Nicaragua y Embajador de en los Estados Unidos. También fue director en el Banco Mundial.

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