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Hasta el momento, este será un Jueves Santo sin Misa Crismal en las diócesis de Jinotega, Matagalpa, Siuna y Estelí. Así lo confirmaron fuentes cercanas a la Iglesia católica, consultadas por LA PRENSA.
Un hecho inédito que golpea profundamente la vida espiritual de miles de fieles y pone en evidencia la creciente fragilidad provocada por la persecución religiosa del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
“Tengo entendido que estas diócesis no van a celebrar la Misa Crismal. En el caso de la Diócesis de Jinotega, hoy celebraron una misa con todo el presbiterio, pero esa no es una Misa Crismal porque no está el obispo. Tampoco hubo bendición del Crisma ni de los santos óleos”, explicó la investigadora Martha Molina.
Estas diócesis no han comunicado nada sobre la posible celebración de esta eucaristía. El año pasado, el arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, asistió a la Diócesis de Matagalpa para celebrarla.
Una celebración muy importante
La Misa Crismal, una de las celebraciones más importantes del calendario litúrgico católico, reúne tradicionalmente a todo el clero diocesano en la Catedral para renovar sus promesas sacerdotales y consagrar los santos óleos: el Crisma, el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos.
Esta misa, presidida por el obispo, tiene un profundo significado de comunión, unidad y servicio pastoral. Su omisión no es sólo un vacío litúrgico: es una herida en la comunidad eclesial.
Pero en el norte de Nicaragua, las diócesis que abarcan una vasta región montañosa y profundamente católica —Matagalpa, Estelí y Jinotega— están actualmente sin obispos en funciones, sin olvidar la remota Diócesis de Siuna, en el Caribe Norte de Nicaragua.
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En el caso de Estelí, debido a que su obispo Abelardo Mata pasó a retiro, hasta la fecha no se ha nombrado a un nuevo obispo.
En el caso de Matagalpa, Jinotega y Siuna, sus pastores han sido arrestados, exiliados o forzados al silencio, en medio de una de las más severas campañas de represión contra la Iglesia católica en América Latina en las últimas décadas.
Sin misa y sin confirmaciones
La figura más conocida es monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, condenado injustamente en 2023 por supuestos delitos políticos, luego de haber denunciado los abusos del régimen.
Su encarcelamiento y posterior deportación a Roma —tras negarse a abandonar el país en un primer momento— fue un golpe simbólico que estremeció al mundo católico.
Lo mismo ha ocurrido en Siuna, con el obispo Isidoro Mora, y en Jinotega, con el obispo Carlos Herrera, ambos desterrados. Estas diócesis están en manos de administradores temporales sin la potestad de realizar plenamente funciones episcopales, como la consagración del Crisma.
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Esta vacancia prolongada impide no sólo la celebración de la Misa Crismal, sino también la realización de confirmaciones y otras funciones esenciales.
A este respecto, el periodista Israel González, quien se ha especializado en el seguimiento del día a día de la Iglesia en Nicaragua, señala que es posible que los pocos sacerdotes que aún quedan en Matagalpa participen en la Misa Crismal en Managua. Cabe mencionar que la Arquidiócesis de Managua está actualmente sin obispo auxiliar, luego de que monseñor Silvio Báez se viera obligado al exilio en 2019, al conocerse de un plan por parte de la dictadura sandinista para asesinarlo.
“Me imagino que, ante el poco clero que aún queda en la Diócesis de Matagalpa, lo que sucederá es que participen de la Misa Crismal en la Catedral Metropolitana de Managua, y veamos este jueves una cantidad más grande de sacerdotes al momento de renovar sus promesas sacerdotales”, agrega.
Golpe fuerte a los fieles
Para los fieles, esta situación es dolorosa, ya que durante esta celebración podían acompañar a sus líderes espirituales y preparar los días más importantes de la Semana Santa. Sin embargo, a pesar de las presiones de la dictadura de Daniel Ortega, mediante la Policía Nacional, los templos en Nicaragua están recibiendo a miles de creyentes todos los días.
La persecución a la Iglesia católica en Nicaragua ha incluido el cierre de medios de comunicación católicos, la expulsión de congregaciones religiosas como las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, el congelamiento de cuentas bancarias y la vigilancia constante a los templos. Los sacerdotes que aún permanecen en el país viven bajo amenaza y con severas restricciones para predicar o movilizarse.
“Este Jueves Santo, en lugar de ser un día de alegría y renovación, se convierte en un recordatorio amargo de la ausencia del pastor, la fragilidad de la fe bajo represión y la urgencia de la solidaridad internacional con una Iglesia perseguida”, se limitó a decir un sacerdote consultado por LA PRENSA, quien se encuentra en el exilio y pidió anonimato por razones de seguridad.