El próximo 14 de abril en Costa Rica, el escritor nicaragüense, periodista y académico, Arquímedes González, presentará su nuevo libro En abril yo seguía viva y otras historias verdaderas, una colección de 21 relatos inspirados en hechos reales que narran las experiencias de presos políticos en Nicaragua entre 2018 y 2024.
Aunque la presentación del libro se realizará el 14 de abril, también habrá un lanzamiento el 30 del mismo mes en San José, Costa Rica, en el marco de sexto aniversario del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, que se conmemora el 30 de abril.
González, en entrevista a LA PRENSA, dice que la obra busca ser mucho más que un ejercicio literario: es un acto de memoria, una denuncia contra el olvido y una forma de resistencia frente a la represión sistemática del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
“Estos cuentos son apenas 21 historias, pero cada una refleja el horror vivido por cientos de personas que fueron encarceladas injustamente. Muchos de ellos se verán reflejados en estas páginas, porque todos pasaron por la misma barbarie”, expresó González en entrevista.

Recrear a través de la ficción
A través de la ficción, el autor recupera episodios reales de violencia estatal, aislamiento y dolor familiar. Entre los casos abordados se encuentran el del periodista Miguel Mendoza, a quien se le prohibió ver a su hija durante su detención de año y medio; el del excanciller Francisco Aguirre Sacasa, apresado a los 79 años; el del filósofo Freddy Quesada, encarcelado por expresar sus opiniones en redes sociales; y el del joven líder estudiantil Max Jerez, a quien el régimen le ocultó la muerte de su madre y no le permitió asistir al funeral.
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“La ficción toma fragmentos de la realidad y los convierte en historia. Eso hice con estos relatos, que no sólo interpelan a los presos políticos, sino también a sus familias”, explicó González.

Las historias que más dolieron escribir
Aunque todo el libro está cargado de dolor, González reconoce que hubo historias que lo marcaron más profundamente durante el proceso de escritura. Una de ellas fue la de los menores de edad que no pudieron ver a sus padres durante más de un año por decisión del régimen.
“Eso fue terrible para una familia. ¿Qué entiende un niño sobre una violación de derechos humanos? Un niño sólo quiere ver a su familiar”, expresó conmovido.
También confiesa que escribir sobre los asesinatos de manifestantes desarmados fue uno de los momentos más duros.

La memoria como resistencia
Uno de los ejes centrales de esta obra —y de la trilogía completa que González está escribiendo— es la importancia de la memoria como herramienta de justicia y dignidad frente a los crímenes de lesa humanidad.
“El problema de Nicaragua es que ha sido un país desmemoriado. Por eso se repiten las dictaduras. Nosotros tenemos la misión de mantener viva la memoria y señalar con nombre y apellido a los responsables de estos crímenes. La literatura puede ser un ladrillo más en ese muro de la memoria colectiva”, señaló el autor.
González advierte que la dictadura actual utiliza una maquinaria diaria de propaganda y desinformación para intentar borrar las violaciones a los derechos humanos desde abril de 2018. En ese contexto, dice, los escritores, periodistas y defensores de derechos humanos deben asumir el compromiso de preservar la verdad.
“Mientras haya alguien que recuerde, la dictadura no ha ganado. Hacer memoria también es una forma de resistencia”, subrayó.
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Un ladrillo en el muro de la memoria
Al preguntarle cómo quisiera que se recordara esta trilogía en un eventual futuro democrático en Nicaragua, González aseguró que desea que sus libros contribuyan a la memoria.
“Yo sólo quiero que mis libros sean un ladrillo más en ese muro de la memoria que necesitamos construir los nicaragüenses. Porque después de la dictadura somocista no hubo mucha producción literaria sobre esa etapa, sólo versiones ideológicas. Tampoco la hubo tras los años 80. Hoy tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de contar nuestras historias con honestidad”, manifestó González.