Juventud y relevo generacional: un proceso de aprendizaje en la lucha contra la dictadura

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

En Nicaragua, la juventud ha sido históricamente una fuerza de cambio. Desde las luchas revolucionarias hasta las protestas recientes contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, los jóvenes han estado en la primera línea, exigiendo libertad, justicia y democracia. Sin embargo, en nuestro ímpetu por transformar el país, muchas veces caemos en una narrativa que nos dice que debemos ser los únicos protagonistas del cambio, que es nuestro turno de tomar el relevo generacional y asumir el liderazgo. Pero, ¿estamos realmente listos para ello? ¿No será que aún necesitamos aprender antes de asumir una responsabilidad tan grande?

No se trata de desvalorizar el papel de la juventud en la lucha por un futuro mejor, sino de reconocer que el liderazgo no se hereda automáticamente ni se impone por edad. Es un proceso de formación, de aprendizaje, de ensayo y error. Y aunque los jóvenes somos una pieza fundamental en el camino hacia la libertad, debemos comprender que no podemos hacerlo solos. La salida de la dictadura de Ortega y Murillo no será un acto espontáneo ni dependerá exclusivamente de una generación, sino de un esfuerzo conjunto donde converjan la energía y la rebeldía juvenil con la experiencia y la sabiduría de quienes han luchado por décadas.

El peligro de la inexperiencia y la falta de preparación

Uno de los mayores riesgos de asumir el liderazgo sin preparación es que podemos repetir los mismos errores que hoy criticamos. La historia de Nicaragua está llena de ciclos en los que un grupo asume el poder sin haber aprendido lo suficiente sobre gobernar, administrar, dialogar o construir consensos. ¿De qué sirve exigir un relevo generacional si no sabemos qué hacer con el poder una vez que lo tenemos? La inexperiencia puede llevarnos a decisiones apresuradas, a errores estratégicos e incluso a la reproducción de prácticas autoritarias.

En nuestra lucha por la democracia, necesitamos más que solo pasión. La indignación es un motor poderoso, pero no suficiente. Se requiere conocimiento, planificación y, sobre todo, humildad para aprender de quienes han estado en esta lucha antes que nosotros. No podemos caer en la arrogancia de creer que por ser jóvenes tenemos todas las respuestas. La historia y la política son complejas, y si queremos construir un país realmente distinto, debemos tomarnos el tiempo de aprender, de escuchar y de prepararnos.

Caminar juntos: un relevo generacional que no excluya

El verdadero relevo generacional no significa que los jóvenes debamos desplazar a los que llevan años luchando, sino que aprendamos de ellos para luego asumir el liderazgo con más herramientas. No se trata de una competencia entre generaciones, sino de una transición progresiva y acompañada. Quienes hoy tienen más experiencia pueden ayudarnos a evitar errores, a construir estrategias más sólidas, a entender los retos del poder y la gobernanza.

Al mismo tiempo, las generaciones mayores deben reconocer que la juventud tiene nuevas formas de ver el mundo, nuevas herramientas y una energía transformadora que es indispensable en este proceso. No podemos permitir que el miedo a la inexperiencia nos detenga, pero tampoco podemos dejarnos llevar por la impaciencia. El camino hacia la democracia exige un esfuerzo intergeneracional, donde los jóvenes y los mayores caminemos juntos, empujándonos unos a otros, apoyándonos en nuestras fortalezas y compensando nuestras debilidades.

La dictadura no caerá sólo con consignas, sino con preparación y estrategia

El régimen de Ortega y Murillo no se sostendrá eternamente. Su modelo de represión, corrupción y violencia tiene un límite. Sin embargo, no caerá sólo por nuestra indignación. Requiere estrategia, organización y una visión clara de lo que queremos construir después. De nada sirve derrotar a una dictadura si no estamos preparados para evitar que otra tome su lugar.

La juventud tiene un papel esencial en esta lucha, pero nuestro rol no es simplemente ocupar el lugar de quienes hoy están en el poder, sino transformar el país de manera estructural. Eso implica entender cómo funcionan las instituciones, cómo se reconstruye una democracia después de años de dictadura, cómo se garantiza la justicia sin caer en la venganza, cómo se equilibra el deseo de cambio con la estabilidad que necesita un país.

No podemos permitirnos ser ingenuos. No basta con querer un cambio, debemos saber cómo lograrlo. Y eso requiere formación política, económica, social y cultural. Necesitamos aprender a dialogar, a negociar, a construir consensos. Necesitamos entender que el liderazgo no es un premio ni un derecho por ser jóvenes, sino una responsabilidad que se gana con preparación y compromiso.

El verdadero cambio se construye con paciencia y unidad

La historia nos ha enseñado que los cambios verdaderos no ocurren de la noche a la mañana. No se trata sólo de derrocar a un dictador, sino de cambiar la cultura política de un país, de romper con las prácticas de autoritarismo, corrupción y clientelismo que han marcado nuestra historia.

Por eso, en lugar de exigir un relevo generacional inmediato, debemos enfocarnos en construir un relevo generacional sólido. Eso significa formarnos, organizarnos, aprender de quienes tienen más experiencia, pero también innovar, proponer nuevas ideas y desafiar las estructuras que perpetúan la opresión. Significa no ver a las generaciones anteriores como un obstáculo, sino como aliados en esta lucha.

El futuro de Nicaragua depende de nosotros, los jóvenes, pero no exclusivamente de nosotros. Es una tarea de todos, de quienes han resistido por décadas y de quienes hoy despertamos a la lucha. No podemos permitir que el deseo de cambio nos haga impacientes al punto de cometer los mismos errores del pasado.

La salida de Ortega y Murillo llegará, y cuando ese momento llegue, debemos estar listos. No sólo con discursos, sino con propuestas, con conocimiento, con una visión clara de qué tipo de país queremos construir. Porque el verdadero relevo generacional no es solo un cambio de rostros, sino un cambio de mentalidad, de prácticas, de estructuras. Y para lograrlo, aún tenemos mucho que aprender.

Por eso, en lugar de exigir el relevo generacional como un derecho automático, asumámoslo como un proceso de crecimiento. Caminemos juntos, aprendamos de quienes han estado antes, y preparémonos para el momento en que nos toque liderar. Porque cuando llegue ese día, no podremos improvisar. Nicaragua merece un cambio verdadero, y ese cambio sólo será posible si combinamos la energía de la juventud con la experiencia de quienes nos han precedido.

No estamos listos todavía, pero podemos estarlo. Depende de nosotros.

El autor es activista político democrático en el exilio y defensor de derechos humanos. Exprisionero político desterrado en el “vuelo de la libertad”.

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí