INCAE

El INCAE fue rebautizado como Centro Juan Ignacio Gutierrez Sacasa, pero destacaban más las imágenes de los dictadores Rosario Murillo y Daniel Ortega. LA PRENSA/TOMADO DEL 19 DIGITAL

Militantes reciclados: la dictadura convierte a desconocidos en “héroes” sandinistas

Sus nombres son usados para bautizar los edificios confiscados, pero estas personas son casi desconocidas en Nicaragua, olvidados hace décadas o forzados a encajar como “héroes”.

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La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha encontrado una forma peculiar de “reivindicar” las confiscaciones masivas de propiedades privadas a personas y organizaciones opositoras. Su estrategia es rebautizar los inmuebles con nombres de personajes desconocidos, olvidados o irrelevantes en la historia nacional.

Si en los años setenta y ochenta el Frente Sandinista contaba con un sólido aparato propagandístico que elevaba a sus combatientes a la categoría de leyendas épicas —con canciones, cuadros, libros y homenajes—, la nueva ola de “héroes” que el régimen impone en edificios confiscados ni siquiera son conocidos por los periodistas oficialistas.

Ya no se trata de figuras icónicas como el fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca Amador, cuya consigna lo elevaba a “novio de la patria rojinegra” y “tayacán vencedor de la muerte”. O Julio Buitrago Urroz, vendido por la propaganda como “padre de la resistencia urbana”.

Revista Domingo habló con una exprofesora de Publicidad y Comunicación de la confiscada Universidad Centroamericana (UCA), quien desde el exilio analiza que la nueva camada de figuras del FSLN “no cuentan con una historia o una narrativa heroica”.

Según ella, ahora se trata de personajes sin una historia trascendental, sin aportes científicos, culturales o políticos relevantes, cuyo único mérito en común fue militar en el sandinismo en algún momento de sus vidas.

Lea además: La estrategia de los “nombres bonitos” que usa la dictadura para lavar propiedades confiscadas

Erlinda López, guerrillera sandinista muerta en combate en los 70.
Erlinda López, guerrillera sandinista muerta en combate en los 70. LA PRENSA/TOMADA DE PRENSA POPULAR.

Confiscaciones con nombres improvisados

El asalto de Confidencial, medio de comunicación dirigido por Carlos Fernando Chamorro, no sólo representó un golpe a la prensa independiente, sino también una excusa para rebautizar el edificio como “Casa Materna Camila López”.

¿Quién es Camila López? Una enfermera que trabajó en el Centro de Salud Pedro Altamirano, de Managua, especializada en enfermería infantil, sin un legado más allá de su servicio al Ministerio de Salud (Minsa) durante poco más de 30 años.

Otro caso emblemático es el del canal 100% Noticias, expropiado en 2018 y convertido en el Centro de Atención para Personas con Adicción de Alcoholismo y/o Drogadicción Valentín Meléndez.

¿Y quién es Meléndez? Un exguerrillero sandinista de origen rural que murió en 2020 durante la pandemia de covid-19, en medio de la campaña del régimen que alentaba a sus militantes a “celebrar la vida” y desoír las alertas sanitarias. El régimen incluso convocó a sus adeptos a una manifestación llamada «Amor en tiempos de coronavirus».

Oriundo de La Cruz de Río Grande, Matagalpa, Valentín Meléndez viajó a Managua a la edad de 15 años para buscar fortuna, se volvió opositor a la dictadura de la familia Somoza y pasó a ser sindicalista como peón de construcción.

Fue parte del batallón de reserva 5013. También promovió las jornadas de salud e instigador de las de limpieza forzada denominadas “rojinegro”, miembro de los CDS y reclutador de jóvenes obligados a cumplir el Servicio Militar en los oscuros años ochenta.

Este veterano militante sandinista, Benjamín Medina, elevado a categoría de "héore" por haber servido como paramilitar en 2018. Murió en plena pandemia de Covid en 2020.
Este veterano militante sandinista, Benjamín Medina, elevado a categoría de «héroe» por haber servido como paramilitar en 2018. Murió en plena pandemia de covid en 2020.

Morir marchando

El “héroe” falleció a los 89 años el 28 de mayo del 2020, después de participar en las marchas de la dictadura para celebrar el covid.

Un caso similar es el del Centro de Atención a Personas con Adicciones de Alcoholismo y/o Drogadicción Benjamín Medina Solís, construido en el edificio robado a Cisas.

Este era un extrabajador de la salud y militante sandinista que recibió golpizas en la cárcel tras haberse rendido en un combate contra la Guardia Nacional de la familia Somoza en Batahola, Managua.

En los últimos años, Medina Solís estuvo trabajando en el Distrito II del FSLN en Managua, fue secretario político del barrio Batahola Sur, participó en los tendidos electorales para favorecer el fraude electoral y durante la represión del 2018 iba a hacerse una cirugía, pero abandonó el centro hospitalario para combatir como paramilitar contra los manifestantes.

Este hombre también murió de covid en mayo del 2020.

El patrón se repite en cada edificio robado. El Movimiento María Elena Cuadra, una organización feminista de larga trayectoria, terminó como el Centro de Salud Familiar y Comunitario Dra. Erlinda López, una guerrillera sandinista muerta en combate en 1979 contra la Guardia Nacional que, al igual que el Ejército y la Policía de hoy, defendían los intereses de la dictadura familiar de los Somoza.

El Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae), una de las principales escuelas de negocios de la región, fue bautizado como Centro Oncológico Nacional Dr. Juan Ignacio Gutiérrez Sacasa, en honor a un coronel sandinista y médico que dirigió el Hospital Militar de 1980 a 1992.

Lea también: Piñata 2.0: la inaudita voracidad de los Ortega Murillo

Homenaje o consolación

En Matagalpa, la sede de la Fundación María Cavalleri, dedicada a la defensa de derechos de mujeres rurales, pasó a llamarse Centro de Capacitación Las Mujeres del Cuá, en referencia a un poema de Ernesto Cardenal musicalizado por Carlos Mejía Godoy que hablaba de la represión somocista a las mujeres campesinas; casi un dejá vú con el caso de la campesina Elea Valle y su familia masacrada por el ejército sandinista al servicio de los Ortega Murillo.

A criterio de la exdocente de la UCA, a diferencia de la época dorada del sandinismo, cuando se glorificaba a sus mártires con eventos masivos y homenajes elaborados, el “reciclaje actual de nombres parece más un gesto de reconocimiento póstumo” para militantes leales sin mayor trascendencia o “un salvavida de rescate de la memoria”, como en el caso del guerrillero Casimiro Sotelo.

A la expropiada universidad jesuitas la bautizaron como Universidad Nacional Casimiro Sotelo, en honor a un estudiante sandinista de los años sesenta asesinado por la Guardia Nacional en una casa de seguridad, donde se escondió junto con otros guerrilleros después de matar a un sargento somocista.

Pero Sotelo, a diferencia de los nombres que usurpan otras propiedades confiscadas, nunca se destacó como académico ni realizó grandes aportes a la UCA, más allá de su activismo político.

Otro ejemplo de ello es el Centro Nacional de Diabetología Porfirio García, instalado en el edificio confiscado al Ipade, un instituto dedicado a la observación electoral y estudios de democracia.
García, quien lideró la Unidad Nacional del Adulto Mayor en la década del 2010, pasó de ser un sindicalista que movilizó jubilados en 2013 contra la dictadura a un aliado del régimen, cuando aceptó negociar con Ortega tras el desalojo violento de los manifestantes de Ocupa INSS.

Porfirio García
Porfirio García era presidente de la Unidad del Adulto Mayor (UNAM) cuando se dio el ataque de las turbas sandinistas. Se alió al régimen Ortega Murillo después de traicionar la solidaridad de los jóvenes de OcupaINSS. LAPRENSA/Óscar Navarrete

Traidores adulados

En la memoria de aquellos jóvenes que se solidarizaron con los jubilados, don Porfirio quedó como un traidor al sentarse en una tarima junto a Ortega y Murillo un día después que turbas sandinistas asaltaron, golpearon y encarcelaron a los estudiantes que acompañaban las demandas de los adultos mayores.

Otro nombre que brillaba en este panteón de lo olvidado es el del Centro Nacional de Fisioterapia Ciro Molina, ubicado en el expropiado Club Campestre Las Colinas. Molina fue un poeta sandinista que, tras sufrir polio en su infancia, se movilizaba en silla de ruedas y estuvo preso por su militancia en los años sesenta. Su obra, casi anónima, no ameritó antes del robo del club privado ningún reconocimiento oficial del régimen.

El caso más irónico es el del Centro de Desarrollo de Tecnologías Agropecuarias Compañero Cornelio Silva, construido en la antigua sede de las Hermanas Trapenses de Nicaragua en Chontales.
Silva fue uno de los conspiradores capturados y ejecutados por el asesinato de Anastasio Somoza García en 1956, cuando el caudillo se preparaba a una reelección presidencial ilegítima, como las muchas que ha ejecutado Daniel Ortega.

Un relato forzado

“Detrás de esta obsesión por bautizar edificios confiscados con nombres desconocidos hay una necesidad desesperada de reafirmación o una estrategia de comunicación muy pobre y precaria”, dice la exdocente de la UCA.

“No hay una narrativa, no hay un mensaje de comunicación articulado, no se ve un acompañamiento de campañas de marketing o propaganda política definida”, observa la excatedrática quien destaca que en el caso de la UCA, por ejemplo, la memoria histórica está bien “posicionada” en el imaginario social de Nicaragua.

“La UCA, en materia de comunicación, es un concepto bien arraigado y profundo en Nicaragua y Centroamérica. Los mismos estudiantes de la UCA, que aun siguen allí, no dicen ‘somos de la Casimiro’, dicen somos de ‘dónde fue la UCA’”, resalta.

Ella destaca, por ejemplo, que en el caso del paramilitar de la Alcaldía de Managua, Bismarck Martínez, fallecido en Jinotepe en 2018 cuando atacaba las protestas y tranques de la oposición, la dictadura sí creó toda una narrativa.

“Hubo un esfuerzo narrativo y comunicacional destinado a convertirlo en héroe, con homenajes públicos, actos solemnes y obras destinadas a ‘inmortalizar’ su nombre como un nuevo ‘héroe’”, explica.
Para ella, el problema de la dictadura para transmitir su mensaje con éxito “es que vivimos en tiempos de comunicación inmediata y amplio contraste de discursos y mensajes”.

“El problema de ahora para ellos, a diferencia de los años setenta y ochenta, es que las redes sociales informan en tiempo real a las audiencias, y los jóvenes que en su mayoría usan estas plataformas, tienen información abundante y datos que permiten contrarrestar mensajes propagandísticos como los de antes, cuando nos vertían las historias de héroes y mártires sin más opciones que aceptarlas como ciertas, admitirlas a medias o rechazarlas de plano”, agrega la excatedrática de Comunicación de la UCA

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COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    No importa cuanta propaganda al estilo Nazi introduzcan a la gente en general no le interesa o la detesta o se burla de ella. El otro dia conversando con una chica le pregunté acerca de que de donde era ella y me contestó que de Managua y que habia residido del mercado Ivan Montenegro tres cuadras arriba. Sepa Dios. Yo le pregunte que quién era Ivan Montenegro y ella me contestó «Quien sabe quien era ese pobre diablo y ni me interesa sabe quien era él.» Cuando el pueblo detesta y aborrece una propaganda política se burla de ella mas bien.

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