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La crisis de Nicaragua no es solo política, sino también de confianza. La dictadura de Daniel Ortega ha destruido el tejido social y cívico del país, sembrando el miedo, la división y la desconfianza entre los nicaragüenses. En este escenario, cualquier esfuerzo por restaurar la democracia debe partir de una premisa fundamental: la unidad en la acción, más allá de las diferencias ideológicas.
La historia reciente demuestra que la oposición nicaragüense ha estado fragmentada por intereses personales, agendas partidarias y rencillas internas. Esto sólo ha beneficiado al régimen, que aprovecha la desunión para perpetuarse en el poder. Sin embargo, esto no significa que sea necesario forzar una unidad artificial. No se trata de alinear a todas las fuerzas opositoras bajo una misma bandera, sino de garantizar que todos los esfuerzos apunten en una misma dirección: la liberación de Nicaragua.
Para lograrlo, hay un principio clave que debe guiar cualquier estrategia: no boicotear el trabajo de quienes luchan contra la dictadura, sin importar sus afiliaciones o posturas políticas. La prioridad absoluta debe ser el pueblo de Nicaragua, su derecho a la libertad de expresión, a una prensa independiente y a unas elecciones justas. Mientras se compartan estos objetivos, las diferencias ideológicas deben quedar en segundo plano.
La confianza no se decreta, se construye con acciones. Es necesario demostrar con hechos que el interés común está por encima de los protagonismos. Esto implica dejar atrás el sectarismo, reconocer el valor de cada esfuerzo y aprender a coexistir en la diversidad. Si cada sector que se opone al régimen trabaja en su propio ámbito sin deslegitimar a los demás, el mensaje será claro: Ortega y Murillo ya no pueden jugar con la división del pueblo.
La dictadura ha hecho todo lo posible por sofocar la esperanza, pero Nicaragua ha demostrado una y otra vez que su espíritu es inquebrantable. El reto ahora es transformar esa resistencia en un camino concreto hacia la libertad. Sólo con confianza en el trabajo de cada nicaragüense que lucha, sin sabotajes ni ataques internos, se podrá construir el país libre que tanto anhelamos.
El autor es ex preso político y desterrado nicaragüense