La noche de este 26 de febrero de 2025, el primer comisionado, Francisco Díaz Madriz, fue juramentado para un nuevo período de seis años como director general de la Policía Nacional. La ceremonia se realizó en la plaza Juan Pablo II, rodeado de paramilitares y en donde se puso, al mismo nivel de la bandera nacional, a la bandera rojinegra del Frente Sandinista. A la que Díaz llamó “símbolo patrio”.
El primer comisionado y consuegro del dictador, ha estado al frente de la Policía desde septiembre de 2018 y tras este nombramiento, estaría al frente de la Policía hasta 2031. Su nuevo período se produce en el contexto de recientes reformas constitucionales que extienden el mandato de los jefes policiales de cinco a seis años y permiten al régimen, prolongar estos nombramientos, indefinidamente, bajo el argumento de «intereses de la nación».
Este acto, al igual que anteriores juramentaciones de “policías voluntarios” llamó la atención por su magnitud y la formación de los encapuchados.
Muchos usuarios en redes sociales compararon el evento con las celebraciones en la Alemania Nazi. Los paramilitares formados frente al dictador, recordaron las ceremonias de la Gestapo, que era la Policía secreta de Adolf Hitler y los actos de la SS (Schutzstaffel, que significa «Escuadra de Protección» en alemán) que fue una organización paramilitar del régimen nazi liderada por Heinrich Himmler.
Entregó bastón a Murillo
Por primera vez en la historia de Nicaragua, el jefe policial entregó de manera simbólica el bastón de mando de la Policía al “copresidente y la copresidenta” y juró el cargo refiriéndose a ambos.
Además, ratificó lealtad y obediencia en nombre de la institución y de la nueva fuerza paramilitar a los que se refirió como “defensores de la paz”.
“Los miembros de la Policía Nacional, la Policía voluntaria y del Ministerio del Interior, le ratificamos nuestra lealtad y obediencia. Jamás permitiremos que el golpismo provoque destrucción, muerte y zozobra”, dijo Díaz entre aplausos.
Según los medios de propaganda, al acto asistieron “30 mil policías voluntarios”. Que fueron juramentados junto al primer comisionado. Según los dictadores, esta fue la última juramentación de los encapuchados.

Díaz inició su carrera policial en 1979, poco después del triunfo de la Revolución Sandinista. A lo largo de su trayectoria, ha ocupado diversos cargos dentro de la Policía, ascendiendo hasta convertirse en su máximo líder.
En el acto estuvo presente Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional; el general de Ejército Julio César Avilés Castillo; María Amelia Coronel Kinloch, ministra del Interior; el comisionado General Luis Cañas Novoa, viceministro del Interior; la comisionada General Victoriano Ruiz Urbina, jefe de la Dirección de Auxilio Judicial. Destacó la ausencia del comisionado general en retiro de la Policía, Horacio Rocha.
Quien era el encargado de ejecutar las purgas internas en la dictadura de Daniel Ortega. Según publicó LA PRENSA, fue separado de sus funciones de asesor para asuntos de seguridad con rango de ministro, a inicios de este año.
La gestión de Francisco Díaz, está manchada de sangre, especialmente tras las protestas de abril de 2018, durante las cuales la Policía Nacional fue señalada por organismos internacionales de cometer serias violaciones a los derechos humanos. Como resultado, Díaz fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2018. Además, está acusado en un tribunal de Argentina de cometer crímenes de lesa humanidad.
Ortega justificó matanza
Luego de su habitual repaso por hechos históricos en los que hizo referencia de nuevo a Augusto C. Sandino, mencionando a los Estados Unidos y al filibustero William Walker, el dictador, justificó los crímenes cometidos por la Policía Nacional durante la “operación limpieza” asegurando que se estaba cometiendo un “genocidio”, mencionando antes a 22 policías, asegurando que “fueron asesinados por los golpistas”.
“Se demostró que el pueblo quería la paz. Por mucho que mataron, quemaron, incendiaron, destruyeron, trancaron todo el país. Tuvimos la fortaleza de resistir, y que el pueblo juzgara y que el pueblo luego reclamara, que la Policía Nacional, que los combatientes históricos; desmontaran lo que era un verdadero genocidio que se estaba cometiendo contra la patria”, dijo Daniel Ortega.
Cabe recordar que, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), durante la represión del sandinismo que comenzó en abril de 2018, este organismo registró al menos 300 muertes violentas.
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Las víctimas fueron principalmente manifestantes, estudiantes, opositores políticos y minoritariamente miembros de las fuerzas de seguridad y en algunos casos paramilitares, encapuchados y vestidos de civil.
Además, luego de la juramentación, Ortega se refirió a estos paramilitares, como “combatientes históricos”, y celebró su incorporación a las filas de la Policía Nacional.
“Ustedes no son más que continuadores de los combatientes históricos. Porque a lo largo de la historia, en esta tierra, en esta patria, se han estado dando batallas por la paz. Vienen los combatientes que se incorporan a la Policía Nacional”, finalizó el dictador.
Los insultos de Murillo
Como de costumbre, al finalizar el acto entre gritos de “que se rinda tu madre”, Rosario Murillo, habló ante los micrófonos de los medios de propaganda para nuevamente insultar a los opositores al régimen.
Antes, Murillo aseguró que este nuevo brazo represor, al que llaman “policía voluntaria, surgió de las luchas populares a lo largo de nuestra historia. Surgió recientemente enfrentándose con valentía al golpismo”.

La dictadora concluyó su intervención llamando escoria a los nicaragüenses que se oponen al régimen, mientras Ortega y Francisco Díaz, se abrazaban con el jefe del Ejército, Julio César Avilés y se marchaban en una caravana policial.
“Los traidores de la patria. Traidores insepultas huellas de la escoria. Es la escoria. Traidores que quisieron destruirnos”, dijo Murillo.
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Con este acto de juramentación, se consolidan una serie de movimientos estratégicos por parte de la dictadura Ortega-Murillo para consolidar su poder sobre las fuerzas armadas y policiales. Además de la extensión del mandato de Díaz, el general Julio César Avilés también fue confirmado para continuar al frente del Ejército hasta 2031.
Estas acciones refuerzan el control sobre las instituciones de seguridad y han sido interpretadas por analistas como un esfuerzo por garantizar la lealtad de las fuerzas armadas.