Nacer en los 80 en Nicaragua me brindó una visión interesante de la vida, así como tener muy de cerca datos del sistema educativo. Cuando conocí sobre la hazaña de la Cruzada Nacional de Alfabetización tuve una guía que me hizo ver que un pueblo analfabeto era fácilmente manipulado y por eso una de las primeras misiones después de la dictadura de Somoza fue enseñar a leer y escribir.
Ahora que los nicaragüenses tienen a alguien más “encariñado por el poder”, “enranchado en la presidencia” tenemos el riesgo de tener un nuevo tipo de analfabetismo. Uno digital, con una narrativa dominada por una pareja, una familia, un partido, un gobierno.
Lo difícil es que es más fácil enseñar a la gente a leer y escribir que enseñarle a pensar o a defender su derecho a estar informado. Supongo que el sentimiento que hoy tenemos los comunicadores sociales y periodistas es el que tenían los maestros y los miles de jóvenes que salieron a la labor de llevar las primeras letras a campesinos en diferentes puntos de Nicaragua… “cómo vamos a sobrevivir”, “cómo vamos a lograr conectar con la gente”.
La falta de información nos hace extremadamente vulnerables por no decir ciegos ante la realidad. Creer que en Nicaragua no pasa nada cuando históricamente no era un país de migrantes y hoy más de un millón salieron de sus hogares y abandonaron familias, mascotas y proyectos de vida; o pensar que está bien que los simpatizantes del gobierno hagan lo que quieran escudados en que forman parte de un “partido” es no ver que las reglas del juego han cambiado.
Cuando trato de abordar este punto siempre pregunto ¿sabes jugar ajedrez? Y si me responden no, les cuestiono si se sentarían en un partido y la respuesta me ayuda a demostrar lo que trato de decir “no, porque no sé cómo se mueven las fichas, las reglas del juego, si gano o pierdo y el otro siempre tendrá ventaja”. Entonces para muchos nicaragüenses que no están “alineados”, y son considerados “traidores a la patria” el juego es uno que no conocen, con fichas que se mueven y no entienden y con ventajas de parte de los que no se quieren levantar de la mesa.
Este es parte del nuevo analfabetismo y me pregunto si como en los 80 se logró enseñar las primeras letras, se logrará enseñar la verdadera realidad, sobre todo sin hemerotecas, que nos muestren que a veces son las mismas fichas, con reglas del juego y movimientos diferentes.
El nuevo analfabetismo tiene eso en común con el anterior, no es que los campesinos no tuvieran acceso a lápiz o papel, no sabían cómo usarlo, si justo como tener un celular, una computadora, internet y navegar horas y horas en redes sociales en lugar de usar la información para tu propio desarrollo.
Me pregunto si los que salieron volverán a suelo pinolero y con qué mentalidad lo harán. ¿Será que querrán un nuevo proyecto de vida en el país que los vio nacer o llegarán con la idea de que en un país que se está levantando se van a necesitar también nuevos ricos?
No hemos lanzado a miles de jóvenes a promover el uso adecuado del internet, a apoyar a los nuevos analfabetos a tener una visión más completa de la realidad, y me empiezo a preguntar si esta vez lo podremos lograr.
Termino preguntando si tendremos la oportunidad de enseñar la importancia de la información, de los derechos humanos, de tener ideas, de pensar y de ver la realidad con todas sus letras, no con las cuatro que quieren algunos que la veamos.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.