El oprobio que vive Nicaragua

Habría que recurrir a la pluma de Dante Alighieri (1265-1321) para describir el horrendo espectáculo que estamos dando los nicaragüenses al mundo, con un gobierno cuyo propósito principal parece ser sustituir todo lo bueno que tras arduo trabajo habíamos logrado alcanzar, por todo lo malo que se les ocurre a las mentes calenturientas de la pareja presidencial.

Hago esta pequeña reflexión, porque ya es hora de que los nicaragüenses nos demos cuenta y despertemos de ese letargo, ya que el daño que los Ortega-Murillo están causando con su extraño proceder en contra de Nicaragua es tan inconmensurable, que no solo va a perjudicar a la presente generación sino también a las venideras.

Para comenzar, hay que destacar que el poder que hoy olímpicamente detenta esa familia es ilegítimo. Todas las constituciones, desde la Independencia en 1821 hasta nuestros días, establecen claramente que el poder público emana del pueblo y que dicha soberanía popular es ejercida mediante elecciones libres, justas y honestas. Todos sabemos que el origen de los gobiernos Ortega-Murillo es fraudulento y que nunca han ganado una elección popular, pues siempre se han valido de artimañas y de la corrupción imperante en el Consejo Supremo Electoral (CSE) siempre dispuestos a favorecer sus espurios intereses.

Otro aspecto que sorprende especialmente a los extranjeros que observan con atención lo que sucede en Nicaragua, son las casi 5 mil ONG a quienes arbitrariamente se les ha arrebatado su personería jurídica, por no comulgar con las aberrantes políticas que caracterizan a la dictadura y a sus epígonos. Por esta actitud, más de 25 mil personas han sido lanzadas inclementemente al desempleo y centenares de niños y ancianos de origen humilde se han visto privados de los servicios que estas organizaciones humanitarias ofrecían gratuitamente.

Las libertades fundamentales han sido totalmente decapitadas. Sindicatos como la CTN (socialcristiano) y otros conservadores han sido brutalmente eliminados. Alrededor de una docena de partidos políticos han sido prohibidos y sus dirigentes perseguidos de tal forma que la mayoría de ellos se encuentran en el ostracismo. No hay libertad de expresión, 250 periodistas han tenido que abandonar el país huyendo de la represión gubernamental. Casi 1 millón de ciudadanos(as), el 15 por ciento de la población total de Nicaragua, han tenido que emigrar a otras naciones por la represión de la dictadura en contra de los opositores.

No hay libertad religiosa. La Iglesia católica ha sufrido una tenaz persecución que ha obligado a 261 religiosos, entre obispos, sacerdotes, monjas y diáconos, a buscar refugio en otros países. La educación anda por los suelos, 35 universidades han sido clausuradas y sus profesores lanzados a la calle sin sus prestaciones sociales. Miles de estudiantes universitarios deambulan por las calles de las ciudades y municipios privados de sus derechos a la educación superior y de sus nobles deseos de contribuir con sus avanzados conocimientos al desarrollo nacional.

Lo último, han reformado totalmente la Constitución de la República, en flagrante violación de la misma ya que esta mandata que eso solo se puede hacer por medio de una Asamblea Constituyente. Han cambiado todas las leyes nacionales, adaptándolas al proyecto de instaurar una dinastía. Razón tenía Montesquieu cuando expresó: “No hay tiranía más cruel que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con apariencia de justicia”.

Como para ponerle la tapa al pomo me acaba de llegar el último informe de Transparencia Internacional (TI) en el que entre 180 países coloca a la dictadura de Nicaragua en el lugar 172, como uno de los 9 gobiernos más corruptos del mundo.

Me he permitido hacer este compendio de la dolorosa situación por la que atraviesa Nicaragua bajo la férula de los Ortega-Murillo por dos razones fundamentales: la primera, porque es de impostergable necesidad que todas las organizaciones democráticas en el exilio nos unamos, sin discriminaciones de ninguna clase, para aprovechar las oportunidades que vendrán en pro de la democratización de Nicaragua y segundo, porque la comunidad internacional lo está demandando, no solo para dar más apoyo a la más justa de las causas sino porque desean saber lo que vendrá después, de la caída inevitable de la nefasta dictadura de los Ortega-Murillo.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí