LA PRENSA informó este lunes 17 de febrero sobre el inicio de cursos de educación universitaria para presos comunes, en al menos cinco universidades de Nicaragua, incluyendo las de las regiones del Caribe.
La información titulada “De la cárcel a las universidades: La ´peligrosa estrategia´ que vende la dictadura con reos comunes”, es totalmente crítica, pues está fundada en opiniones de personas que adversan a la dictadura o han sido víctimas de sus atropellos.
Pero la educación en las cárceles para los presos comunes, incluyendo la universitaria, no es algo nuevo. Se practica en muchos países del mundo y en algunos desde el siglo pasado e incluso antes, como en los del norte de Europa. Y también es habitual que haya quienes critiquen esos programas de educación por los gastos que produce a cuenta del Estado y porque los califican como un privilegio para quienes han delinquido, le han hecho daño a gente honrada y pacífica y tienen una gran deuda con la sociedad.
En cambio los partidarios de la educación en las cárceles destacan los beneficios que producen tanto para los mismos presos comunes como para la sociedad en general. Y los estudios técnicos y los datos estadísticos parecen darles la razón.
Entre los resultados positivos de la educación en las cárceles se menciona que ayuda a la reinserción social de las personas presas porque cometieron delitos; disminuye la reincidencia en la comisión de delitos; cambia la mentalidad de los presos y les ayuda a cambiar sus actitudes y a superar la predisposición a delinquir; proporciona a los reos sentido de utilidad y los ayuda a su autorrecuperación; reduce la violencia en las prisiones; y es un derecho humano que forma parte del principio de que la cárcel no solo debe ser para castigar a las personas que delinquen sino también para su recuperación y para que vuelvan a ser útiles a ellos mismos, sus familias y la sociedad.
En realidad, en sí mismo no es malo o negativo que el actual régimen de Nicaragua promueva la educación en las cárceles, incluyendo formación de nivel universitario. Lo malo es que la educación que este régimen puede darle a los presos es deleznable, pues, si el sistema educativo en general ha sido degradado en su calidad y pervertido en sus objetivos, igual o peor debe ser la que se imparte dentro de las cárceles.
Aquí el problema radica en que todo el sistema nacional de educación ha sido minado por la politización sectaria y el adoctrinamiento ideológico. De manera que aun peor debe ser la educación que se proporciona a los presos en las distintas cárceles del país, incluyendo la de nivel universitario.
Los beneficios humanos y sociales de la educación en la cárcel han sido comprobados. Para verificarlo basta saber o recordar que el campeón de los presos políticos del mundo y adalid de lucha por la libertad, el líder surafricano Nelson Mandela, completó sus estudios de Derecho y obtuvo su título profesional estudiando en la cárcel donde estuvo encerrado 27 años.