Un extenso comunicado de siete páginas emitido por la Cancillería de Nicaragua el pasado 8 de febrero sorprendió por lo colérico, virulento y cargado de epítetos contra el Vaticano y en particular contra el obispo monseñor Rolando Álvarez, tanto así que por su intensidad a nadie le cabe duda de que su autoría viene con el sello “poético” de la codictadora Rosario Murillo.
Refiriéndose al Estado Vaticano el comunicado concluye: “Sepan señores que sus inmorales adefesios y esperpentos disfrazados de pastores, que aquí no volverán, ni pasarán”.
Y para recalcar el origen antirreligioso de su incendiaria verborrea, el comunicado cierra con esta frase orweliana: “La fe nos vale. Desde nuestra Nicaragua cristiana, socialista y solidaria, ratificamos todo lo dicho. Siempre más allá”. Definitivamente que este comunicado viene del oscuro “más allá”, no podría ser de otra manera.
¿Qué sería lo que desató tanta ira de la codictadora, al extremo de haber martillado con palabras soeces e impronunciables un comunicado del ente estatal que debería ser modelo de la expresión escrita de la diplomacia entre los Estados?
Seguramente que monseñor Álvarez, y de hecho el Vaticano, rompieron la “tregua” que se habían dado a raíz del destierro y apatridia de este y muchos otros sacerdotes, tregua que era de una sola cara porque mientras los sacerdotes guardaron prudente silencio, la persecución contra la Iglesia y la expropiación de sus bienes más bien se incrementó.
Entonces monseñor Álvarez fue confirmado por el papa Francisco como obispo para las Diócesis de Matagalpa y Estelí a pesar de su ausencia física de las mismas y las declaraciones de monseñor Álvarez en el sentido de que el se siente cercano a su pueblo y tiene maneras de conjugar su expatriación con esta cercanía.
Para un régimen totalitario esta es una “intromisión” inaceptable del Estado Vaticano en los asuntos internos de Nicaragua porque de acuerdo con su predicado, el único poder que puede hacer nombramientos de cualquier índole en el territorio nacional, es la pareja dictatorial y absolutista.
Aún en el caso de que la ratificación del nombramiento de monseñor Rolando Álvarez viniese del propio Jesucristo en persona, no sería reconocido por la dictadura con pretensiones monárquicas de los codictadores.
Entonces Murillo hace gala de su vocabulario “del más allá” para calificar al Vaticano de “Estado depravado y pedófilo cuyas conductas ilícitas e inapropiadas de falsarios, fariseos y profetas del vacío en nada difieren de ideologías fascistas y proimperialistas”.
Así las cosas, se ha roto la una tregua efímera entre la dictadura bicéfala y el Vaticano, que solo fue respetada por el Vaticano, hasta que ya no fue posible por el empecinamiento de los primeros en acabar todo vestigio de la labor profética de la Iglesia.
Como católico me consuela el hecho de que la Iglesia en sus más de dos milenios de existencia, ha visto pasar bajo sus pies a muchas dictaduras que se creían eternas, así que en este enfrentamiento, la dictadura totalitaria con pretensiones monárquicas lleva todas las de perder, aunque cuente con el apoyo “del oscuro más allá”.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.