La primera vez que vi moverse plata en línea fue por Paypal. Un amigo tenía una tarjeta y me explicaba que ya podía retirar lo que estaba en su cuenta virtual y pasarlo a billetitos reales, constantes y sonantes. Fue entonces que me di cuenta que además de conectar a la gente el internet podía ser una fuente de ingresos.
Un segundo momento fue cuando vi moverse lo recaudado en una cuenta de Spreaker, plataforma para subir podcast y si los promueves bien esperar a que la platita llegue sola. Si sabemos usar las plataformas, pero sobre todas las cosas generar los contenidos atractivos es una posibilidad para ganar, decimos los nicas “pa’ los chicles”, pero ya es algo y cuidado que terminamos comprando Trident o de esos caros.
Las plataformas si bien funcionan con algoritmos hay otras que están saliendo de estas redes, como Substrack para los que hacemos blogs y de pronto queremos saber si alguien pagaría por leernos es una buena alternativa. Les resumo la plataforma: se pueden hacer boletines, colgar contenidos y definir cuánto cobraremos por ambos servicios y a partir de qué punto, porque claro está hay que dar esa pruebita gratis.
Estamos claros que internet tiene muchas plataformas y obvio que también hay plata, el tema es que concuerden en un solo individuo. Hay plataformas que yo no monetizo porque no soy lo que llamamos “un personaje”. Puedo hacer payasadas en Tik Tok pero no creo que la gente quiera pagar por eso o no estoy convencida de ello. Puedo lograr verificar cuentas en redes sociales, pero eso del montón de seguidores para tres pesos me parece un esfuerzo y tiempo que no tengo. Por eso hablo de las que pagan por contenido propio, por esas que te dan la opción de conquistar a los suscriptores o que alguna red sea la que te pague cuando te consumen.
Hablemos de los personajes. Ya hay premios para esos influencers que se convierten en personalidades del internet y si no hay plata de por medio, que estoy segura debe haber, hay pasaje de avión o invitaciones a eventos y no es lo mismo sufrir en un país latinoamericano que ir a sufrir a los grandes imperios.
¿Cómo me hago un personaje?, ¿cómo me hago un influencer? Esa es otra cuestión para la cual no estoy calificada. En mis tiempos, sí, esos de Tangamandapio, un influencer o “generador de opinión” escribía artículos, daba entrevistas, comentaba temas y quizá no le pagaban por eso, pero se iba construyendo un nombre de manera que antes de llamar a Chico de los palotes, preferían una consultoría o una asesoría del que miraban en televisión o en ese papel que circulaba en Nicaragua y le llamábamos periódicos.
Las plataformas digitales vinieron a reducir increíblemente los espacios de opinión, con la idea de que ahora todo mundo puede decir lo que quiera en internet, pero creo que ya son pocos los que tienen que decir.
Me gustó que un colega al que leo en otro medio en opinión dijera que sigue mis artículos, en primera porque yo sigo los suyos y en segunda porque es bueno saber que lo que escribo es bien recibido.
Recuerdo que este espacio me lo fui abriendo desde que empecé en el periodismo y agradezco que LA PRENSA dé oportunidades a mujeres jóvenes (aunque yo ya no lo sea tanto) para que digamos qué pensamos y si con estos aportes puedo atraer un par de seguidores a uno de los pocos medios que quedan ya no diré en Nicaragua, sino de producción nicaragüense, pues bienvenido sean esos pesitos. (Campo publicitario no pagado, jajaja).
Y es que cuando sabes generar contenido y promoverlo adecuadamente, no te das cuenta pero tienes la oportunidad de que te genere plata y hacer lo que te gusta. Si no fuera así no habría sobrevivido con la comunicación social y mucho menos con el periodismo.
La autora es licenciada en Comunicación Social.