El lunes 10 de febrero LA PRENSA publicó la información de que Nicaragua como país es percibido como uno de los más corruptos del mundo. Es peor que Corea del Norte, con el que se le suele comparar por su autoritarismo gubernamental extremo.
Dice la información que Nicaragua está entre los 10 países más corruptos del mundo. Es una vergüenza, pero así lo indica el informe del año 2024 del Índice de Percepción de Corrupción (IPC), un programa de Transparencia Internacional (TI) que es la organización no gubernamental global especializada que tiene su sede central en Alemania.
Transparencia Internacional se identifica a sí misma como “una organización de la sociedad civil que lidera la lucha contra la corrupción. Se une a las personas en una poderosa coalición mundial para poner fin a los efectos devastadores de la corrupción en los hombres, mujeres y niños de todo el mundo. Su misión es provocar un cambio en todo el mundo, para convertirlo en zona libre de corrupción».
Es alentador saber que los países con menos corrupción son los más democráticos, mientras que los peores son aquellos donde la gente es menos libre o del todo carece de libertad. Y como la democracia ha retrocedido en el mundo durante los últimos años, el cáncer de la corrupción ha avanzado en la misma proporción.
La corrupción, dice Transparencia Internacional, es “el abuso del poder para beneficios privados que finalmente perjudica a todos y que depende de la integridad de las personas en una posición de autoridad”. En ese espíritu el presidente del IPC, Francois Valérian, advirtió al presentar el informe de 2024 que “la corrupción es una amenaza global en constante evolución que hace mucho más que socavar el desarrollo; es una causa clave del deterioro de la democracia, la inestabilidad y las violaciones de los derechos humanos”.
En honor a la verdad con la que informamos y opinamos de acuerdo con nuestra ética profesional, debemos aclarar que el Índice de Percepción de Corrupción no mide realmente los actos y hechos corruptos que se practican. Hacer eso es prácticamente imposible porque la corrupción no se practica a la luz pública, sino que en secreto.
Lo que se puede conocer y medir de la corrupción es la percepción que se tiene de ella, cómo la perciben los ciudadanos y los expertos y los organismos de la sociedad civil. Por eso el IPC es elaborado a base de encuestas y respaldado en estudios de instituciones responsables y creíbles como Economist Intelligence Unit, el World Economic Forum y algunos centros calificados de pensamiento e investigación como Freedom House.
La importancia del Índice de Percepción de la Corrupción radica en que influye en la confianza o la desconfianza en los gobiernos y las instituciones gubernamentales. Lo cual tiene mucho valor para los inversionistas y para la asignación de recursos y la ejecución de programas de cooperación con los países que la necesitan, pero también deben merecerla.
Además, el Índice de Percepción de Corrupción es muy útil para aquellos gobernantes honestos —porque sin duda los hay— que quieren combatirla en sus propios países, sociedades y Estados.