Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
El financiamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (United States Agency for International Development), conocida como USAID, a programas sociales, ha sido históricamente benéfico en América Latina.
Esta agencia proporcionaba recursos para educación, salud, infraestructura y desarrollo económico en países empobrecidos. Algo así como explotarnos, y después poner una curita en la herida. Sin embargo, la administración de Donald Trump ha mostrado una actitud violenta hacia la USAID y su enfoque en la asistencia internacional, lo que plantea preguntas sobre las motivaciones detrás de esta postura.
Es cierto que, en el manejo de grandes sumas de dinero, puede haber situaciones en las que se produzcan «metidas de manos». No obstante, lo que realmente irrita y revuelve la bilis al “trumpismo” es que muchos de los beneficiarios de la ayuda de la USAID pertenecen a sectores sociales que han sido desterrados con odio de la agenda excluyente y extremista del gobierno de Trump.
Estos sectores incluyen a migrantes, comunidades LGBTQ+ (comunidades de lesbianas, gays, transgéneros, bisexuales e Intersexuales, más otras identidades y orientaciones.), defensores de la libertad de expresión, y de los derechos humanos, así como aquellos que abogan por la salud sexual y reproductiva. La visión de Trump y su Administración ha estado marcada por un enfoque ultraconservador que rechaza y margina a estos grupos, lo que contrasta fuertemente con la misión de la USAID de promover la inclusión y el desarrollo social.
Un aspecto particularmente controvertido es el financiamiento que la USAID ha proporcionado a grandes medios de comunicación, cuyos detalles no conozco, pero lo rechazo. Sin embargo, apoyo el respaldo a pequeños medios, especialmente en contextos de extrema violencia como México y en regímenes autoritarios y opresivos como los de Cuba y Venezuela.
Estos pequeños medios periodísticos son esenciales para dar voz a la población que anhela ser escuchada, y para promover las libertades de prensa y expresión, que son pilares fundamentales para una democracia saludable. La capacidad de los medios para informar y cuestionar a los poderes establecidos es esencial.
Aquí es donde se encuentra el núcleo del asunto que parece amargar la vida a los ocupantes de la Casa Blanca. La ayuda proporcionada por la USAID no era simplemente un acto de generosidad; estaba diseñada para socavar dictaduras que se oponen al periodismo libre y a los movimientos sociales. Esto incluye a las comunidades LGBTQ+, que han enfrentado históricamente discriminación y violencia. La inclusión de estas comunidades en los programas de la Agencia refleja un compromiso con los derechos humanos y una oposición a las políticas opresivas que han caracterizado a muchos regímenes en América Latina.
Además, es importante reconocer que las mujeres representan un poco más de la mitad de la población mundial, y sus organizaciones suelen ser muy activas y beligerantes. Esto se debe a que enfrentan numerosas reivindicaciones históricas debido a la opresión de género. La USAID ha apoyado al movimiento feminista, lo que no solo ha permitido avanzar en recuperación de los derechos de las mujeres, sino que también ha servido como una estrategia para torpedear regímenes autoritarios. Al empoderar a las mujeres y fomentar su participación en la vida pública, esta Agencia ha contribuido a neutralizar corrientes políticas que son enemigas del Estado de derecho.
La USAID ha sido un instrumento valioso para defender un sistema que reivindica y derechos humanos, aunque los violenta con sus invasiones militares, y maltrato a las minorías. Sin embargo, bajo la administración de Trump, este enfoque ha cambiado drásticamente. El presidente parece estar enterrando a esta Agencia por su sed de dominación y control, así como por su desprecio hacia las libertades y derechos civiles fundamentales.
Esta tendencia actual del gobierno misógino de EE.UU. es alarmante, pues pone en riesgo no solo los avances logrados en América Latina, sino también el papel histórico de Estados Unidos como defensor de los derechos humanos en el ámbito internacional.
Trump ha mostrado una inclinación a hacer buenas migas con líderes autoritarios, lo que contradice el legado histórico de la política exterior estadunidense. Este acercamiento a regímenes que violan sistemáticamente los derechos humanos es preocupante y refleja una falta de compromiso con los principios democráticos. La administración Trump parece priorizar intereses políticos inmediatos sobre el bienestar a largo plazo de las sociedades empobrecidas.
Además, al desmantelar a la USAID Trump está enviando un mensaje claro: no hay espacio para la diversidad ni para aquellos que luchan por sus derechos. Este enfoque excluyente no solo afecta a los beneficiarios de la ayuda, sino que también tiene un impacto negativo en la reputación global de Estados Unidos.
En conclusión, el desmantelamiento de la USAID bajo la administración Trump no solo es un ataque a una agencia que ha trabajado arduamente por el desarrollo social y económico en América Latina, sino también un golpe a los valores democráticos y a los derechos humanos.
La decisión de recortar fondos destinados a programas que benefician a sectores marginados refleja una agenda política excluyente y extremista que no tiene cabida en un mundo que lucha por mayor igualdad y justicia social. Es esencial que se reevalúe esta postura y se reconozca el valor del trabajo realizado por la USAID para promover una sociedad más justa e inclusiva tanto en América Latina como en el resto del mundo.
El autor es un profesional nicaragüense con master en Ciencias Políticas: Política Global, de la Universidad de Malmó, Suecia.