Turbia postura de Trump ante la dictadura de Venezuela

Veinticuatro días después de su ascensión a la Presidencia de Estados Unidos (EE. UU.), la postura de Donald Trump ante la dictadura de Venezuela ha sido más turbia que clara. Lo decimos así por el hecho de gran relevancia política, de que un representante personal de Trump, Richard Grenell, fue a Caracas para negociar con Nicolás Maduro. Logró la libertad de varios estadounidenses que la dictadura mantenía y que aceptara recibir a los deportados venezolanos. Esto a cambio de prorrogar la licencia de una compañía petrolera para la extracción del crudo de Venezuela y su exportación a EE. UU.

Pero, además, para algunos analistas el viaje de Grenell a Venezuela y sus acuerdos con la dictadura fue un reconocimiento tácito, de EE. UU., a la presidencia de Nicolás Maduro, a pesar de que es fruto de un fraude electoral denunciado por la comunidad democrática internacional incluyendo al anterior gobierno estadounidense.

De manera que ese hecho real y objetivo cayó sobre la oposición venezolana como un balde de agua helada. Es que se esperaba que en su nuevo mandato presidencial Trump vendría con una actitud enérgica contra la dictadura, mucho más que la de su primer mandato presidencial, pero no ha sido así sino lo contrario.

En un amplio artículo sobre este tema publicado por el periódico El Tiempo, de Colombia, y reproducido por El Nacional, de Venezuela, se señala que “la postura inicial de Washington ha impactado en la solidez de la oposición venezolana, puesto que, aunque digan que mantienen los contactos con la administración Trump, en la práctica con quien Estados Unidos está interactuando públicamente es con Maduro”.

Se refiere a que María Corina Machado declaró hace unos días a Fox News, que para la oposición venezolana Trump es “un gran aliado”. Y agregó que “Estados Unidos y sobre todo el presidente Trump tienen clarísimo lo que Maduro representa… que es el cabecilla del Tren de Aragua y el que ha patrocinado estas redes criminales”.

Algo semejante ha dicho también Edmundo González, quien es reconocido por la comunidad democrática internacional como el verdadero presidente electo de Venezuela. Pero la verdad es que González no ha sido recibido por Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, en su gira por Centroamérica no se reunió con él en Panamá como se esperaba. Circularon rumores de que se habían encontrado en secreto, pero de eso no hay ninguna evidencia y es difícil creerlo.

Daniel Arias, reconocido politólogo venezolano, opina que la actitud de Trump hay que verla como de “cautela con Venezuela, porque esta es una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos y se trata de una estrategia integral que también incluye a Cuba y Nicaragua”.

Otros analistas más pragmáticos opinan que en realidad las dictaduras de América Latina y el Caribe no son un problema prioritario para el nuevo presidente de EE. UU. Y que si bien es cierto que Trump no ha venido a ser el “libertador” de Venezuela que algunos o muchos venezolanos creían y esperaban, el secretario de Estado Marco Rubio, que ya calificó a las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua como “enemigas de la humanidad”, podrá establecer una política clara y enérgica contra ellas.

Eso se verá a medida que pase el tiempo, pero entretanto el dictador Nicolás Maduro se afianza en el poder en Venezuela y, de hecho, con el reconocimiento internacional representada en las Naciones Unidas.

Editorial
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