Un obispo, en el estricto y mejor sentido religioso e histórico es un sucesor de los 12 apóstoles que acompañaron en su campaña a Jesús de Nazaret y, por su enseñanza y mandato, fundaron la religión cristiana devenida posteriormente en Iglesia católica.
En ese sentido, se puede decir que un obispo por excelencia es monseñor Rolando Álvarez, el prelado nicaragüense que durante 17 meses estuvo secuestrado, encarcelado y maltratado por la dictadura, condenado a una larga y absurda pena de prisión y luego excarcelado y desterrado a Roma, sede de la Ciudad del Vaticano que es el centro de la Iglesia católica universal.
Un año después, la semana pasada, el obispo Álvarez concedió su primera entrevista pública en video y audio, que ha tenido gran repercusión en Nicaragua, a pesar de la oscurana informativa que hay en este país por la férrea censura de prensa impuesta por la dictadura bicéfala de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El obispo de Matagalpa y a la vez administrador apostólico de la Diócesis de Estelí ofreció esas declaraciones a la red global de televisión católica EWTN, las que fueron replicadas masivamente por los medios independientes de información nicaragüenses que desde el exterior operan los periodistas exiliados, así como en las redes sociales.
Aparte de sus mensajes explícitos el carismático obispo nicaragüense martirizado por la dictadura demostró su extraordinaria inteligencia y capacidad comunicacional transmitiendo también mensajes implícitos de igual o mayor importancia y significación.
La abogada Martha Patricia Molina, quien ha hecho y sigue haciendo una encomiable y exhaustiva investigación y documentación de la persecución contra la Iglesia católica de Nicaragua, y a la fe religiosa en general, en declaraciones a LA PRENSA que fueron publicadas el sábado pasado hizo algunas valoraciones de los mensajes de monseñor Álvarez.
“Las palabras del obispo Álvarez manifiestan que sabe cómo estar cercano a su pueblo y aunque esté a miles de kilómetros de distancia estoy segura que se encuentra más unido a su pueblo y en particular a su clero”, señaló la abogada Molina. Se refería obviamente a que en la entrevista para EWTN monseñor Álvarez se dirigió para agradecerles a “todos aquellos hombres y mujeres que en el silencio gestionaron mi salida (de la cárcel) y a todo el mundo que oró por mí… a todos aquellos hombres y mujeres, no solo creyentes, sino también no creyentes agnósticos que me desearon todo bien y que desde ese buen deseo, estoy seguro, el Señor recibió esas buenas intenciones como una plegaria por mi liberación”.
Pero además, y sobre todo, monseñor Rolando Álvarez explicó que él sigue siendo obispo de Matagalpa y administrador de la Iglesia católica en Estelí. Relató que cuando llegó a Roma, desterrado, pensó que inmediatamente iba a renunciar a sus cargos episcopales. “Tenía listo ya para presentarle al Papa mi renuncia, pero me encontré con la bondad de Dios y del Santo Padre que quieren que siga siendo el ordinario de Matagalpa y el administrador apostólico de Estelí, aun estando en la diáspora”.
Suena lógico que monseñor Álvarez haya pensado en su renuncia, puesto que por fuerza mayor no puede ejercer las funciones episcopales en Matagalpa y Estelí, ni puede saber por cuánto tiempo estará fuera y tan lejos de su país y de sus diócesis y fieles que debe pastorear.
Sin embargo, el hecho de que el papa Francisco lo mantenga como obispo de Matagalpa y administrador de la Diócesis de Estelí, aunque prácticamente no pueda desempeñar esas funciones, es un mensaje claro a Nicaragua, al pueblo, pero también al Gobierno, de que la Iglesia católica no se somete a un poder arbitrario que pretende decidir quién debe o no ser obispo en Nicaragua. El régimen entendió muy bien el mensaje, por eso su injurioso ataque de este domingo 9 de febrero contra el Vaticano y el papa Francisco, con palabras de extrema procacidad que por respeto a nuestros lectores y a nosotros mismos, no podemos repetir aquí.
Cabe sí señalar que ese mismo mensaje está implícito en el hecho de que la Iglesia católica mantiene como titulares de sus parroquias a los sacerdotes que han sido desterrados por el régimen, nombrando a administradores parroquiales para que los remplacen temporalmente.
Y el principal de todos los mensajes es que la Iglesia católica siempre ha sobrevivido a sus enemigos que la han querido destruir, desde Nerón y Atila hasta los tiranos comunistas, ateos y anticristianos de los tiempos actuales. El mensaje de que la Iglesia, aunque golpeada por la represión y la persecución, sigue y seguirá existiendo para hacer el bien a las almas y a las personas físicas que lo necesitan. Y que seguirá mirando pasar el cortejo fúnebre de quienes, malévolamente, pero en vano, la han querido y la quieren destruir.