Roger Reyes estuvo detenido en las celdas del Chipote por más de un año y fue desterrado a Estados Unidos en febrero de 2023. CORTESÍA

Día de liberación: Testimonio del desterrado Róger Reyes

El ex preso político en este escrito narra el día que tomó el "Vuelo de la Libertad" junto a 221 nicaragüenses más

Acostado en mi colchoneta con un sentimiento inquieto el que no me dejaba dormir la noche del 8 de febrero del 2023, el silencio cubría todo el entorno, cada reo en sus celdas, quizás algunos estaban de la misma manera sin poder dormir, algunos con pensamientos sin dirección al no saber cuando las puertas de las celdas se abrirán para dejarnos caminar con rumbo al abrazo de la libertad, quizás otros fueron vencidos por el sueño y reposan en el único lugar en donde se alejan de las celdas en el momento que duermen, aunque muchas veces aun así no te liberas de la realidad de donde te encuentras porque eres atrapado con tus pesadillas de prisionero.

Estando ahí batallando para poder dormir y alejarme de esa inquietud que tenía en ese momento, el silencio que cubría todo el pasillo es arrebatado por pasos y gritos diciendo “Juan Sebastián, Juan Sebastián, ¿Dónde está Juan Sebastián?”, me levanto rápidamente y trato de ver por las verjas de la puerta de la celda, muchos oficiales desesperados buscando personas, logro escuchar nuevamente el nombre de Juan Sebastián y con mi voz un poco fuerte les digo: ¡“Aquí, aquí esta Juan Sebastián”!, ya no era solo este nombre, ya eran varios nombres a quienes buscaban los oficiales, cada oficial sostenía en sus manos bolsas, entonces corrí hacia donde estaba Juan Sebastián y le digo: ¡Juan, Juan, Juan, despertate que te están buscando!.

Se despierta desorientado al igual que todos, quienes estaban dormidos y ya no era solo ese nombre que mencionaban, ya eran varios nombres, él corre hacia el portón de la celda diciendo “Aquí estoy”, momento en que se le acerca un oficial y saca de la bolsa, ropa y un par de zapatos. Le dice el oficial “Tomá, cambiate el uniforme y ponete esta ropa”.

Róger Reyes

Luego escucho: «Róger, Róger», y yo: «Aquí, aquí estoy». De la misma manera y bajo las misma instrucciones recibo la ropa, esta y una ropa que había utilizado en una de las visitas, rápidamente comencé a quitarme e uniforme para ponerme la ropa que me fue entregada, en el pasillo se escucha todo el alboroto de los oficiales, ese comportamiento era como que última hora sin saber algo sobre lo que sucedería, tomaron por sorpresa a los mismos oficiales, quizás sin más instrucciones, quizás sin saber para que estaban haciendo eso.

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Pasaban los minutos y uno de mis compañeros de celdas aún no recibía su ropa ni escuchaba su nombre, miré su rostro y reflejaba preocupación porque él no estaba en “lista de un posible escenario de liberación”. Quizás pensó “estos serán liberados y yo me quedare aquí”, porque cuando enviaban algunos de los prisioneros a sus casas era selectivo, pequeños números, a veces una, dos personas a la vez, pero de repente escuchamos el nombre de mi compañero de celda y este se le miró como le regresó su alma. Emocionado se acerca a las verjas de la puerta y recibe su ropa.

No queríamos ilusionarnos

De repente dejan de entregar ropa y llamar por nombre y vuelve a tomar el control el silencio en todo el pasillo, pero esta vez más débil porque se escuchaban susurros, cada quien cuestionando en sus celdas con sus compañeros.

Como era de costumbre tratábamos de ver por los barrotes si estábamos siendo cuidados por algún oficial y si no era así tratábamos de hablar en voz baja con otros que se encontraban en otras celdas o bien hacer señas para comunicarnos, es ahí donde comenzamos a preguntarnos entre celdas qué era lo que estaba pasando y todos sin dar una respuesta, porque nadie sabía o porque nadie quería reconocer que ese día que todos esperábamos había llegado, nadie quería llenarse de ilusión porque después era un golpe fuerte cuando no era lo que pensábamos o queríamos.

Ya teníamos la experiencia de otros acontecimientos que habían sucedido que pensábamos que ya era ese momento y cuando mirábamos no sucedía y eso hacia que dentro de ti pensaras que pasarías mas tiempo de lo que esperabas.

Todos ansiosos queríamos saber qué era lo que estaba sucediendo y es ahí donde ejecutamos el canal de información que habías creado durante meses, y es informarnos por quienes estaban más cerca de la entrada que conectaba con los pasillos que dirigían a los cuartos de interrogatorios o las celdas preventivas, pasillos donde pasaban los oficiales.

Entonces quienes estaban en estas celdas eran nuestros ojos y oídos, comenzaron a decirnos cada movimiento que miraban, una celda le comunicaba a la que tenía de frente y esta otra le comunicaba a la que tenía de frente pero al lado contrario y así hacíamos triangulaciones de información, una de las informaciones importante eran: “andan con muchas bridas en las manos (lo que utilizaban para prensarnos las manos al momento que nos sacaban de las celdas para llevarnos a la clínica, interrogatorio, o a cualquier otro lugar).

Comida y bebida

Andan corriendo los oficiales como locos, desesperados, hay mucho oficiales más de lo que tenían que estar habitualmente. Con  estas informaciones cada uno comenzaba a sacar sus propias conclusiones y quizás todos sabíamos que sí, el día había llegado, recibimos la información que algunos oficiales pasaban con bandejas con vasos con gaseosa y sándwich.

No sé cómo lograron saber que era gaseosa y no otra bebida, entonces una persona dice “nos van a dar comida porque seguro nos llevarán hasta la frontera con Costa Rica y como el camino es largo no quieren que tengamos hambre, esta persona lo dice con risa, todos tratábamos de sacarle el humor para calmar el ansiedad que estábamos viviendo en ese momento. Pero al final a nosotros no nos llegó la gaseosa ni el sándwich.

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Regresan todos los oficiales acompañados de listas con nuestros nombres divididos por grupo, quitan todos los candados de las celdas y eso era algo que nunca habíamos vivido porque en una cárcel no mirarás al “prisionero” estar sin candado en puerta de su celda. Nos indican que salgamos conforme a la lista que estén llamando y así fue, íbamos en fila, nos llevaron hacia otro pasillo y cuando miramos la sorpresa que los demás prisioneros que se encontraban en otro pasillos estaban ahí, todas las celdas estaban llenas, quizás mas de 20 personas por celdas, algo que nunca permitían tener más de 4 personas por celda porque su propósito era tenernos incomunicados.

Róger Reyes en Estados Unidos trabaja con niños, niñas, y jóvenes.

Al entrar a ese pasillo el ambiente era diferente, parecía que estabas en otro lugar, como que si la cárcel había sido tomada, recuerdo que caminaba por ese pasillo y mirando las celdas de mi alrededor personas que tenía meses de no ver, personas que solo les escuchaba la voz, personas que solo las saludaba por guiños de ojos cuando quizás nos encontrábamos en algún pasillo, cuando íbamos a interrogatorio escoltados por oficiales.

Los abrazos

Recuerdo que a mi grupo nos meten a una celda con otros que ya los habían metido antes que a nosotros, comenzamos a abrazarnos fuertemente, ese momento fue emocionante porque después de meses aislados sin poder abrazar a otras personas que estaban pasando lo mismo que tú pasabas, compartir ese sentimiento, escuchar muchas voces provenientes de las otras celdas.

Después de cada saludo comenzamos a preguntarnos qué estaba pasando y ahí sí todos decíamos que ya era ese día. Recuerdo a Miguel Mora que decía repetidamente que ya íbamos a  nuestras casas, que seríamos liberados y daba gracias a Dios, eso te llenaba de fe y confianza.

En esa celda estaba el Padre Ramiro (Tijerino), a quien no conocía en persona, sino solo su voz al momento que rezábamos cuando los oficiales no nos estaban cuidando. El padre cambió el ambiente de incertidumbre a un ambiente de risas, ya que contaba con mucho humor el día que lo capturaron junto a otros religiosos, contaba chistes, esa parte ayudó mucho a olvidar por unos minutos lo que estaba pasando o lo que podía pasar.

Regresan los oficiales y de la misma manera que ingresamos a ese pasillo, así fuimos retirados para abordar unos autobuses que estaban afuera esperando por nosotros, recuerdo que en la puerta del autobús estaba el comisionado encargado de Auxilio Judicial con su segundo.

Abordamos los buses sin poder hablar con otros porque estábamos siendo vigilados por oficiales en todo el camino, recuerdo que en la vía intenté ver la ventana para sacar una conclusión de hacia donde íbamos, si llevaba una dirección hacia mi departamento, momento en que escucho un grito con una voz de regaño que dejara de ver la ventana, que mirara al frente.

«Nos van a sacar del país»

Algunos pensaban que nos llevaban a presentarnos ante Ortega y Murillo en alguna actividad, otros que nos llevaban al juzgado ya que no sería la primera vez que nos llevaran así al juzgado en horas de la noche o madrugada. Juan Sebastián, quien siempre estuvo a mi lado desde la salida de celda hasta llegar a EE.UU., me dijo, “Róger, nos van a expulsar del país porque estamos entrando a la Fuerza Aérea» y me toca la rodilla para decirme que había llegado el día, entonces le dije que aún no sino hasta que estemos en el aire.

Antes de entrar a la base aérea se detiene el bus, un oficial toma unas hojas de papel y nos dice que firmemos leyendo que nosotros autorizábamos nuestra salida de Nicaragua y que se estaban cumpliendo todos los requisitos para lo requerido, agregó que si alguien no quería hacerlo este sería regresado a prisión.

Claro, era de esperar que no nos negaríamos porque ya no queríamos estar en ese infierno, por lo que procedí a firmar junto con quienes estaban en mi bus, el oficial recibe la orden de ingresar a la base y miré que todos los buses nos movimos para ingresar.

Uno de los momentos que nunca olvidaré es cuando bajamos del bus, como que alguien me dijo: “Róger mirá hacia el cielo” y miro que nos está dando la bienvenida una hermosa luna llena, la cual tenía más de un año de no ver y apreciar, siento correr lagrimas sobre mi rostro y solo dije: “Gracias Dios, gracias, gracias, gracias” y no dejaba de agradecer y llorar.

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Seguíamos caminando y es donde miro personas con rostros llenos de felicidad, amor y misericordia, es lo que puedo decir que miré en las personas del Departamento de Estado que estaban ahí para recibirnos, nos saludaban diciendo que ya todo estaba bien, «ya están seguros”, y es así como me sentí, seguro con ellos, como cuando un niño escucha de su padre que no tenga miedo que ya el peligro pasó.

Estas eran personas que no les importó que para la mayoría solo éramos desconocidos, ellos ni nosotros nos conocíamos pero aun así su amor fue más grande, su amor por vernos libres, lejos de todo peligro, a cada persona que le daba la mano, abrazo solo les decía que “gracias, gracias por todo”.

Una mesa con nuestros pasaportes demostraba que esto no había sido solo ese día de trabajo, sino que estas personas a las que no conocíamos y habían estado trabajando para la operación de nuestra libertad.

Nos subimos todos al avión, un avión inmenso, mirar aquellos rostros de felicidad, rostros que por mucho tiempo fueron opacados por la tristeza y dolor, esa noche habían vuelto a brillar, el alma había regresado en la luz de sus ojos, nos abrazamos, lloramos pero no de dolor, sino de felicidad y convicción que ya todo había pasado, aunque dentro de mí me detenía a no explotar de felicidad sino hasta que el avión estuviera en el aire, porque Ortega y Murillo eran tan malos que no les importaba solo llenarnos de una ilusión momentánea y bajarnos de ese inmenso avión sin importarle que la delegación del Departamento de Estado se encontraba con nosotros.

Broma de Michael Healy

Después de todos los abrazos nos sentamos y aun no despegábamos, quizás muchos nos perdimos en el cronómetro del tiempo esperando que ese inmenso avión despegara, pero como todo nicaragüense escuchamos a alguien que estaba dándonos la bienvenida y diciendo como que era parte del personal del vuelo y ese era nuestro gran Michael Healy, que en paz descanse, cuando nos dimos cuenta que era él quien hablaba, todos nos reímos, porque aun sin conocerlo personalmente pero sí por medio de Lesther Alemán, Álvaro Vargas y Juan Sebastián, llegué a saber que tenía una personalidad de alguien que contagiaba con su humor.

Todos desde nuestras sillas llegamos al momento de  caer a la realidad, saber que estamos siendo obligados a dejar nuestra patria, nuestra tierra que nos miró nacer y que no sabíamos cuando regresaríamos, cuando volveríamos a ver a nuestra familia, esto sucedió en el momento que todos con llantos, emociones entonamos nuestro Himno Nacional, nunca había sentido lo que sentí en ese momento al cantar el Himno, saber que estuve dispuesto a entregar todo por mi país, el avión despega y toco la rodilla de Juan Sebastián y le digo: «¡Ahora sí Juan, ahora sí! Terminamos con un apretón de mano.

Managua Nicaragua, 8 de febrero de 2023 volví a nacer.

Política Nicaragua presos políticos Roger Reyes archivo

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