La reserva DeConcini en las amenazas de Trump para revertir el Canal de Panamá a Estados Unidos

Las amenazas del presidente Trump de revertir el Canal de Panamá a los EE. UU., vertidas personalmente en varias ocasiones verbalmente y a través de los medios de comunicación, han despertado una serie de opiniones sobre el tema con base en una reserva del Tratado de Neutralidad que luego describiré, firmado conjuntamente con los Tratados Torrijos-Carter de entrega del Canal de Panamá y del Tratado de Neutralidad firmado en Washington el 7 de septiembre de 1977, por los presidentes Jimmy Carter y Omar Torrijos Herrera a la sazón jefe del Gobierno panameño.

Estos tratados fueron negociados por sendas comisiones de los países firmante tras duras sesiones de trabajo de varios años y su ratificación fue hecha por el Senado de los EE.UU. el 16 de marzo de 1978, habiéndolo ratificado por Panamá por medio de un plebiscito que el pueblo panameño aprobó por amplia mayoría. EE.UU. fue el constructor del final de dicha vía marítima que unía el Pacífico con el Atlántico y suponía un hito histórico en materia de navegación ya que acortaba la ruta que antes era por el estrecho de Magallanes en el sur del continente.

La firma de los Tratados no significó la entrega inmediata de lo que era conocido como Zona del Canal, donde en un franja aneja a la ruta canalera había construcciones de viviendas, un fuerte militar llamado Fort Gullik, una base de la fuerza aérea llamada Howard que era proveída desde EE. UU. con hospitales y escuelas, era en definitiva una ciudad diseñada al estilo norteamericano. En Fort Gullik, funcionó la Escuela de las Américas donde se daban cursos de instrucción militar a ejércitos de América Latina para su lucha contra el comunismo en plena guerra fría.

Por Panamá se formó un equipo que integraron Rómulo Escobar Betancour, Arístides Royo, Adolfo Ahumada, Carlos Alfredo López Guevara, Nicolás Ardito-Barletta, Omar Jaén Suarez, entre otros. Por Estados Unidos el principal negociador fue el secretario de Estado, Henry Kissinger, secundado por un equipo de negociadores de Departamento y otros profesionales de prestigio.

En definitiva, la entrega efectiva se produjo en 1999, puesto que en los tratados así lo estipularon, y mientras a Panamá se le dio una cierta intervención en la administración del canal y se le entregó una paupérrima suma de 10 millones de dólares anuales como compensación de las entradas que producía el cobro del peaje por la pasada por la ruta marítima, quedándose con la mayor tajada los EE. UU.

La llamada Zona del Canal, dejó de ser tal el 1 de octubre de 1979, pero la entrega se produjo como dije anteriormente en 31 de diciembre de 1999. En esta fecha EE. UU. renunció al control del canal y todas las áreas que había sido la Zona del Canal con todo lo anejo a la misma incluyendo las bases militares que eran de vital importancia para el gobierno de EE. UU.

Pero volvamos a lo que constituye el objeto de este artículo, la llamada reserva DeConcini, introducida bajo la batuta del senador por Arizona, Dennis Webster DeConcini, en el Tratado de Neutralidad que se firmó conjuntamente con el Tratado del Canal. Y hay que decir que incluso hubo senadores que se negaban a la entrega del Canal que había sido costeado y construido por la nación norteamericana. DeConcini, condicionó su voto al hecho que se consignara en el citado tratado su reserva, que constituye una garantía para que se mantenga lo propuesto y aceptado.

Esta reserva dice lo siguiente: “No obstante las estipulaciones del artículo V o cualquier otra estipulación del Tratado, si el Canal fuere cerrado o se interfiera con su funcionamiento, la República de Panamá y los Estados Unidos de América cada uno tendrá, independientemente, el derecho a tomar las medidas que cada uno considere necesarias de conformidad con sus procedimientos constitucionales incluyendo el uso de la fuerza militar en la República de Panamá, para reabrir el Canal o reanudar las operaciones del Canal según fuera del caso”.

Esta reserva tan esclarecedora es la argumentación que arguye el presidente Trump para revertir el Canal a su estatus anterior a los tratados, ya que considera que China está metiendo su poder en conexión con el uso del canal implementado a través de un memorándum de entendimiento y del contrato de operación y mantenimiento de los puertos de Colón en el Atlántico y Panamá en el Pacífico bajo el paraguas de la llamada Ruta de la Seda.

Esto que parece no tener importancia en las relaciones de China con Panamá, sí que la tiene y de gran manera estando el canal de por medio, ya que el dinero chino se mueve en grandes cantidades en forma de coimas que son la base de la corrupción de muchos países donde China tiene inversiones en el llamado patio trasero de los EE. UU.

En estrecha relación con este tema, se ha producido en días recientes la visita del secretario de Estado de EE. UU, Marco Rubio, después de protestas de los panameños por las palabras de Trump respecto del canal y como resultado de esa visita, se han calmado los ánimos después de la entrevista de Rubio con el presidente, e incluso éste ya se ha comprometido con Rubio a romper el entendimiento con China y no renovarlo a partir del próximo año. Además, se han sellado otros acuerdos relativos a la inmigración y a cerrar la ruta del Darién a los inmigrantes que lo cruzan, sobre todo venezolanos y colombianos e incluso asiáticos camino a la frontera sur de EE. UU., donde el gobierno de Trump está fortificando su frontera sur con Méjico con el que llegó a un acuerdo para recibir inmigrantes de terceros países.

Trump tiene entre sus programas la expulsión de miles de inmigrantes indocumentados que son la mano de obra de trabajos que los estadounidenses desechan, como en la construcción y los servicios, especialmente la agricultura, lo es injusto hasta cierto punto, puesto que sabemos que la mayoría de esos inmigrantes son personas que han huido de sus países por la represión desatada por quienes no comulgan con las ideas políticas de los gobernantes autoritarios de izquierda, que los hay y todos sabemos quiénes son.

El autor es abogado nicaragüense radicado en España.

Opinión
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