El lunes 20 de enero se produjo la juramentación de Donald Trump como 47º presidente de los EE. UU. de América, en su segundo periodo presidencial, después de perder en 2020 las elecciones de ese año que fueron ganadas por el tándem Joe Biden, presidente y Kamala Harris como segunda de abordo, es decir, como vicepresidenta de Biden. Trump como candidato republicano esta vez venció a Kamala Harris, que fue presentada como candidata por el partido demócrata a última hora, ya que el presidente Biden aspiraba a un segundo mandato, pero su senilidad y las presiones de los demócratas lo hicieron retirarse y ceder la candidatura a su vice, Kamala Harris.
Las elecciones del 5 de noviembre del año pasado las ganó ampliamente Donald Trump, tanto en delegados del colegio electoral como en votos populares ya que reunió 312 votos electorales, muy por encima de los 270 que se necesitaban y en los populares también Trump tenía 71.56 millones y su contendiente 66.5 millones. Contra todo pronóstico Trump ganó las elecciones y más en los estados en que las encuestas le adjudicaban la victoria a Harris.
Trump, el mismo día de la inauguración, aparte de los festejos habidos también le dedicó tiempo a firmar órdenes ejecutivas, llamadas también órdenes presidenciales, decretos presidenciales. Son directivas pertenecientes al derecho administrativo en su carácter de líder del poder ejecutivo de los EE. UU. y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la nación. Por consiguiente no leyes que emanan de las Cámaras de Representantes y del Senado.
Todas esas órdenes ejecutivas, que son recurribles por los estados de la unión, giran en torno al programa de gobierno del candidato republicano, como son la expulsión de millones inmigrantes irregulares, es decir, sin ser legales por las vías establecidas, la imposición de aranceles especialmente a los productos de origen chino que lleguen a los EE. UU. o indirectamente a través de terceros países, como es el caso de México. Y volver a los valores tradicionales de los EE. UU. como volver a hacer América grande (Make America Great Again, en inglés).
Por supuesto que gran parte de esas órdenes ejecutivas derogan otras dictadas por el gobierno de Joe Biden, especialmente las relacionadas con políticas neo-liberales y cuestiones de género, en la que una de ellas mantiene que solo hay dos clases de género: masculino y femenino, dejando fuera las llamadas políticas woke, donde tenían cabida los LGTBI, y ha dicho que se es hombre o mujer impulsada por la progresía como la Ocasio-Cortés.
También ha hablado de comprar Groenlandia a Dinamarca, revertir la entrega del Canal de Panamá, y anexar Canadá como el estado 51 de la Unión, políticas que es muy difícil de llevar a cabo y producen fricciones o enfrentamientos con esos Estados a los que quiere perjudicar con esas intenciones. Lo de Groenlandia es quizás la de menos importancia desde el punto de vista de población, pero de gran importancia por las riquezas que hay debajo de suelo, las llamadas tierras raras, combustibles fósiles con grandes reservas, y posibilidades de otros minerales como el litio de gran valor para el mundo de las tecnologías y acortar la posible ruta marítima entre el Ártico y el Atlántico norte.
Mucho más importancia en la actualidad es querer revertir la devolución del Canal de Panamá, que fue entregado a Panamá en virtud de los tratados Carter-Torrijos firmados en 1977, en cuyas riberas se estableció la llamada Zona del Canal bajo el dominio de los estadounidenses, donde había un fuerte destacamento militar dotado de viviendas, hospitales, tiendas para uso de los residentes de la zona.
El presidente de Panamá ha reaccionado a tal pretensión del gobierno Trump y sería muy mal visto para los panameños y por los países de América Latina, pues sería volver a la política del big stick o gran garrote usada en tiempos del presidente Theodoro Roosevelt, que desgajó de Colombia el territorio de los que es hoy Panamá en 1903 para fundar la república del mismo nombre en donde se construyó el citado canal para acortar las rutas que llevaban mercancías de países de Asia a América y viceversa. Hoy Trump arguye como apoyo a su tesis que los barcos de EE. UU. pagan caro atravesar dicho canal lo que no es cierto ya que se paga según carga que llevan los barcos.
El otro gran tema que Trump quiere promover es ver que las grandes empresas norteamericanas que están asentadas en terceros países vuelvan a EE. UU. para generar más fuentes de trabajo, reducir los impuestos, frenar la inflación, además se ha salido de los acuerdos de París en temas medioambientales tan necesarios hoy que estamos viendo terremotos, huracanes, altas temperaturas.
En política exterior llama la atención el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado, que es el que dirige la política exterior, dado que es un cubano-americano que conoce muy bien lo que pasa en toda Iberoamérica y el resto del mundo. En estos temas Trump no parece muy a gusto por ejemplo en su membresía en la OTAN, en la que exige a los otros países integrantes que aporten al fondo común al menos un 2 por ciento de su producto interno y promete terminar con la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. Aunque su intención en un poco ambigua, no hay que estar inerte pues el presidente Trump es impredecible.
Es verdad que mientras fue presidente en su anterior periodo, no entró, ni promovió guerra durante sus cuatro años, pero ahora el contexto es diferente ya que hay dos guerras en activo, la de Rusia contra Ucrania, en la que los EE. UU. ha proporcionado miles de millones de dólares en efectivo y en material militar puntero, ya que si no hubiera sido así probablemente esa guerra ya la hubiera ganado Rusia, pero hay que tener en cuenta que Europa también ha contribuido para mantener a Ucrania y a Zelenski en el poder.
Trump ha prometido terminar con las dos guerras y parece que en la tregua entre Israel y los palestinos Trump ha tenido intervención para que se produjese. Aunque no es una tregua total ya hay resultados tangibles de la misma, como la entrada de ayuda a los palestinos de Gaza y desplazamiento de los gazatíes al norte de Gaza. Pero la otra, la de Rusia, no se sabe qué método utilizará para terminar con la misma, pues si es verdad que tiene relación con Putin, este no se volverá sin bastantes condicionamientos como mantenerse en los territorios ocupados. Tampoco Ucrania estará a merced de las políticas estadounidenses, y Europa tampoco está dispuesta a quedar fuera de cualquier acuerdo, ya que ella también ha ayudado a Ucrania desde el principio del conflicto. Trump ya ha prometido sanciones más fuertes a Rusia, China, Corea del Norte si siguen como aliados del oso ruso.
Ya han empezado las deportaciones de inmigrantes a México y Colombia donde en este último país el presidente Petro se había negado a las deportaciones de colombianos, pero el gobierno Trump rápidamente promovió aranceles de hasta 30 por ciento de productos colombianos a EE. UU. y hasta llegó el tema pues Colombia inmediatamente cedió el envío de los deportados. Quedamos pues a la espera de acontecimientos en esta legislatura norteamericana liderada por Trump en la que por ejemplo ha considerado al gobierno salvadoreño de Bukele como su gran aliado en la zona.
El autor es abogado nicaragüense radicado en España.