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La vida después de la cárcel: secuelas en los presos políticos

Ansiedad, alcoholismo, depresión, insuficiencia renal, problemas cardíacos, paraplejia y muchos padecimientos más. Después de salir de la cárcel, varios excarcelados políticos han muerto o han desarrollado graves secuelas físicas y psicológicas. Algunos han atentado contra su vida.

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Cada noche, después de que Santos Camilo Bellorín termina su jornada laboral de ocho horas en una fábrica, tiene que tomarse ocho pastillas para mantener controlada su hipertensión y su diabetes. También padece de “mucha depresión”, y hay días en los que se siente muy débil y sin ánimos de levantarse de la cama, “pero ni modo. Tengo que levantarme para ir a trabajar porque si no, no me pagan”, comenta.

Este hombre de 59 años vive en Nueva Jersey después de que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo lo desterró el 9 de febrero de 2023. En Nicaragua era un campesino de la comunidad Guasuyuca, municipio de Pueblo Nuevo, departamento de Estelí. No sabía usar computadoras y ni siquiera tenía un teléfono inteligente, pero lo acusaron de cometer ciberdelitos en contra de la dictadura.

La diabetes, la hipertensión y la depresión la desarrolló en los 461 días que estuvo en la cárcel La Modelo, según relata él mismo. “Yo no tenía nada de la presión ni nada más. Fue después que me echaron preso que me enfermé. Ahora no puedo llevar mi vida normal después de lo que viví en la cárcel”, insiste.

Santos Camilo Bellorín, campesino desterrado por la dictadura Ortega Murillo. CORTESÍA

Un caso similar vive Adela Espinoza, otra excarcelada política. Ella tiene 27 años y estuvo 574 días presa. En su celda de aislamiento en el Sistema Penitenciario de Mujeres La Esperanza, le daba mucho sol. Apareció una mancha en su ojo y una vez que la desterraron hacia Guatemala, el 5 de septiembre de 2024, le dijeron que debía usar gafas para protegerse.

Además, Espinoza tiene que practicarse exámenes en los oídos. “Tengo pérdida de audición, pero se necesita un examen especial para determinar cuánto y cuál de los oídos es el que está fallando”, señala.

Tanto Espinoza, que es de las excarceladas más jóvenes, como Bellorín que es de las personas que tienen mayor edad, sufren de secuelas tanto físicas como psicológicas tras haber vivido la cárcel y, posteriormente, el destierro.

Por mencionar algunos casos, están el de José Pérez Canales, quien desarrolló ansiedad, taquicardia y dificultad para dormir. Kevin Solís sufrió una parálisis facial al poco tiempo de ser desterrado y Lesther Alemán desarrolló hipertensión, un problema cardíaco y una complicación en una pierna porque se le inflamó el nervio ciático.

También hay casos más graves. Justo Rodríguez, de 71 años, salió de prisión con muerte cerebral tras varias golpizas recibidas, y yace en una humilde habitación de su casa en la Isla de Ometepe. Eliseo Castro, de 61, lleva los últimos tres años parapléjico y encadenado en una camilla de hospital después de sufrir un derrame cerebral en la cárcel, pero el régimen se niega a liberarlo. Donald Alvarenga, de 59 años, padece de insuficiencia renal crónica y sus riñones solo funcionan en un 15 por ciento. Su tratamiento se complica en medio de su destierro en Estados Unidos.

Justo Rodríguez quedó parapléjico después de recibir una golpiza por policías en una prisión. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Asimismo, hay secuelas a nivel psicológico como la depresión, la ansiedad, el alcoholismo y hasta las ganas de acabar con la vida.

Efectos de las torturas

Entre 2018, desde que estalló la crisis política en Nicaragua, y el corriente año 2025, el régimen Ortega Murillo ha encarcelado a miles de personas. Cientos han sido liberados y al menos 357 han sido desterrados de manera oficial, pues existen casos en los que se les ha prohibido la entrada al país y otros que han optado por salir al exilio por temor a ser encarcelados nuevamente.

Casi todos ellos, después de permanecer en prisión, han desarrollado algún tipo de enfermedad o secuela psicológica. Las más comunes son hipertensión, diabetes, estrés postraumático, depresión y ansiedad, señala el defensor de derechos humanos, Salvador Marenco. A su criterio, los padecimientos físicos y psicológicos que tienen muchos excarcelados políticos se deben a las torturas que vivieron en prisión. Estas torturas no fueron solamente físicas, sino también psicológicas.

“La tortura se ha aplicado generalmente por etapas. De 2018 a 2019 se ha caracterizado más por una tortura con violencia, más física. Y de 2020 a un inicio de 2023, una tortura un poco más psicológica, y después una tortura mixta. Es decir, combinando la tortura psicológica con la tortura física”, detalla.

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Este defensor de derechos humanos ha trabajado el tema de las secuelas en las personas excarceladas políticas desde los primeros casos en 2018 y está convencido en que los padecimientos que tienen se deben a los niveles de tortura que sufrieron en prisión.

“La tortura tiene un efecto de destruir la confianza en la humanidad porque uno no espera que una persona sea capaz de infringir dolor con sangre, de realmente quererte destruir a niveles físicos y psicológicos. Entonces la tortura tiene ese efecto, de quitarte la confianza en la sociedad y en las demás personas. Incluso en tus propios familiares”, explica Marenco.

El experto indica que hay excarcelados que han manifestado que después de la cárcel empiezan “a volver a sentirse humanos”, porque la tortura les quita dignidad y les destruyen como persona.

El informe sobre tortura en Nicaragua publicado en diciembre de 2024 por el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, refleja que 350, de más de mil excarcelados políticos, han buscado ayuda psicológica.

De esas 350 personas, “al menos 105 relataron actos de tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes experimentados en centros penitenciarios, estaciones de policía y centros de detención clandestinos, con actos atroces realizados por agentes estatales o paraestatales en la totalidad de los relatos”, indica el informe.

El Colectivo también documenta 229 casos de personas que sufrieron hasta 40 tipos diferentes de torturas.

Entre las torturas se señala la privación de atención médica porque en las cárceles, a los presos políticos con enfermedades ya existentes, les negaban sus medicamentos y ver a un médico cuando se sentían mal de salud.  

Salvador Marenco señala que en algunos casos esto funcionó para que los custodios jugaran psicológicamente con los presos. “Estuvieron durante meses pidiendo su tratamiento, durante varias semanas, hasta que un policía se lo llegó a dar personalmente, entonces a este policía lo tuvieron como el policía bueno y eso evidentemente es un acto psicológico para que vos confiés en alguna persona y comenzar con este juego malvado”.

También les cambian las dosis que ya están prescritas por sus médicos de base. “Les dicen que la dosis es muy alta y aunque esa sea la dosis requerida, ellos juegan con eso y te ponen una más baja, te cambian el medicamento y te dicen: ´El médico soy yo aquí. Usted no sabe´”.

El excarcelado Marcos Antonio Sánchez, de 48 años, sufrió dos derrames cerebrales cuando estaba en La Modelo. Le negaron atención médica y solamente le tomaban la presión cuando lo veían muy grave.

Fue detenido el 13 de junio de 2023, y por su hipertensión y el calor insoportable de la celda, sufría fuertes dolores de cabeza y se le entumecían las manos. “Los guardias no me creían. Decían como que era invento mío hasta que hice el primer derrame”, cuenta.

El 25 de mayo de 2024, sufrió ese primer derrame cerebral. Para que se recuperara le daban azúcar porque le decían que se trataba de un bajón de azúcar. Recuperó el conocimiento y los guardias lo dejaron de atender.

En los siguientes días pasó con dolores intensos de cabeza y el 5 de junio de 2024 sufrió el segundo derrame cerebral. “Yo recuperé el conocimiento a los dos días y no podía mover la parte derecha del cuerpo, pero no les importó, me dejaron en la celda”, relata. El 5 de septiembre de 2024 fue excarcelado y desterrado hacia Guatemala.

Otro caso es el de Eliseo Castro Baltodano, de 61 años. Él no ha sido excarcelado, pero su situación nos ayuda a dimensionar el nivel de secuelas físicas que puede dejar la prisión.

Actualmente está encadenado a una cama del Hospital Lenín Fonseca, pese a que está parapléjico y no puede valerse por sí mimo. Para que sus familiares puedan atenderlo, deben pedirle permiso a los guardias que lo custodian día y noche. Ellos autorizan que le den de comer, que le cambien su ropa interior, que lo bañen, y hasta que tome sus medicinas, según relata una fuente allegada a la familia y que solicita no ser mencionada.

Eliseo Castro Baltodano permanece detenido en el Hospital Lenín Fonseca con paraplejía. CORTESÍA

Castro fue detenido por la Policía el 11 de septiembre de 2019 por participar en las protestas contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Dos años después de permanecer en La Modelo, bajo golpizas y malos tratos, sufrió un derrame cerebral que lo dejó postrado en una cama de hospital.

Los familiares han intentado de todo para que liberen a Castro y puedan cuidar de él en su casa, pero todos los intentos han sido infructuosos. Incluso han pedido el cambio de régimen carcelario a convivencia familiar, sobre todo después de que la familia supiera que él iba a ser liberado con el grupo de los 222 presos políticos, el 9 de febrero de 2023, pero fue rechazado por las autoridades de Estados Unidos, según dijo el dictador Daniel Ortega en un discurso.

Ortega mencionó que su dictadura presentó inicialmente una lista de 228 presos políticos que serían desterrados hacia Estados Unidos. “La primera respuesta que nos dieron ante esta lista, que era la lista original con 228, nos responden que de la lista ellos no aceptan a cuatro prisioneros que están por diversos delitos”, dijo el dictador y mencionó sus nombres: Walder Antonio Ruiz Rivera, José Manuel Urbina Lara, Jaime Enrique Navarrete Blandón y Eliseo de Jesús Castro Baltodano.

“Se perciben presos”

La psicóloga Ruth Quirós, también del Colectivo Nicaragua Nunca Más, ha atendido a varios excarcelados políticos y valora que “el diagnóstico principal ha sido el trastorno de estrés postraumático. También viene acompañado de depresión, de muchísima ansiedad y cambios en sus estados de ánimo”.

La experta explica que esto se debe a que las personas que han salido de prisión “vienen muy alteradas emocionalmente” y suelen tener pensamientos negativos. “Su cuerpo es libre, pero en su mente no. Se perciben presos. Siguen como en ese estado de aislamiento, de desconexión. Les es difícil incluso comunicarse o alimentarse. Dormir también. Su cuerpo permanece como en un estado de alerta permanente”, indica.

Santos Camilo Bellorín se identifica con la explicación de Quirós. “Me cuesta dormir. Necesito pastillas para dormir”, comenta. Pero también dice que no es tan barato para él comprarse el medicamento porque el salario que consigue trabajando en una fábrica de Nueva Jersey le alcanza para pagar su alquiler, su alimentación, su transporte y nada más. “A mi edad es difícil conseguir trabajo y si me corren, ¿dónde más me van a contratar?”, lamenta.

Por otro lado, Quirós explica que hay excarcelados políticos que tienen emociones alteradas y pierden el control de estas. Esto se manifiesta cuando sienten profunda tristeza, enojo e incluso “miedo irracional” y desconfianza de todas las personas a su alrededor.

Algunos tienen conductas autodestructivas. “Aumentan muchísimo el consumo de medicamentos para dormir o de otras drogas. El consumo de alcohol también es algo muy evidente, incluso las autolesiones. También los intentos de suicidio, tenemos que hablarlo, porque hay un pensamiento tan irracional y un sufrimiento tan prolongado que la persona empieza a visualizar la muerte como la única salida”, detalla.

Además, hay excarcelados que suelen revivir sus experiencias en sueños o imágenes intrusivas en su cerebro. “Principalmente las personas que han vivido violencia sexual tienden como a repetir mucho esta experiencia en su mente”, señala Quirós.

Por otro lado, la psicóloga advierte que hay muchos de los excarcelados que prefieren no recibir ningún tipo de ayuda psicológica. “El psicólogo no me va a entender de lo qué es un juicio político. No me va a entender nada. Yo nunca tuve una terapia psicológica”, dice Santos Camilo Bellorín.

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Lo que a él le haría bien y le ayudaría con su depresión, asegura, es reencontrarse con su familia, porque casi dos años después de haber sido desterrado no ha podido verlos. “Estamos en comunicación por teléfono. Ahí apoyándome moral y psicológicamente. Es lo único que puede hacer la familia, pero darme un abrazo, tocarme. No pueden”, lamenta.

222 presos políticos fueron desterrados en un avión Boeing 767 de Omni Air Intenational hacia Estados Unidos. Un segundo grupo de 135 fue desterrado hacia Guatemala. ARCHIVO

De la prisión al destierro

Los presos políticos viven sus secuelas de manera distinta, porque no es lo mismo ser excarcelado y enviado a sus casas, que ser desterrados a un país desconocido y lejos de su familia. No es que unos estén mejor que otros necesariamente, si no que lo viven de manera distinta y la ayuda requerida también es diferente.

“Las personas que estuvieron detenidas entre 2018, 2019, 2020, muchas de ellas no inmediatamente tuvieron que salir del país. Muchas de ellas intentaron volver a tener una vida”, señala Marenco y recuerda también que varios de ellos fueron encarcelados nuevamente, provocando que el trauma sea mayor. Otra buena parte de esos primeros excarcelados tuvo que salir al exilio.

En el caso de las personas que fueron desterradas entre 2023 y 2024, el shock es distinto. “De repente te ves que estabas detenido, torturado, sin ver a tu familia y al día siguiente estás en un país extranjero donde ni siquiera manejás el idioma. Al menos tenías en Nicaragua un hogar donde retornar, pero en el extranjero no tenés nada y ni siquiera podés vender tus cosas en Nicaragua porque te las confiscan”, explica Marenco.

A esto se le conoce como una ruptura del círculo de apoyo lo cual aumenta la vulnerabilidad de la persona y complica su recuperación.

Por otro lado, al tema de las secuelas de los excarcelados, hay algunos que tenían graves afectaciones y terminaron muriendo después de salir de la cárcel.

Excarcelados que murieron después de la prisión

José Modesto Solís murió tres meses después de ser excarcelado. ARCHIVO

José Modesto Solís

Fue liberado en condición de agonía el 16 de septiembre de 2023. Ese día los guardias llegaron a sacar a José Modesto de su celda en La Modelo. Lo encadenaron de pies y manos, y casi a rastras se lo llevaron con rumbo desconocido.

Entre los presos se rumoró que lo subieron a un microbús y pensaron que lo habían llevado a un hospital porque tenía meses con sus brazos muy débiles, sus piernas enflaquecidas, su cabellera se había caído casi por completo y con moretones en sus extremidades. Tenía desnutrición, padecía fiebre y se quejaba de dolor intenso en el cuerpo.

Nadie de la celda volvió a saber de él hasta que en una visita que recibieron en enero de 2024, sus familiares les contaron que José Modesto había muerto en su casa el 21 de diciembre, tres meses después de que lo sacaran de la celda, según contó a la Revista DOMINGO el excarcelado político José Enrique Sánchez.

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Carolina Gutiérrez murió de leucemia tras ser excarcelada. ARCHIVO

Carolina Gutiérrez

Otra excarcelada que murió fue Carolina Gutiérrez, una mujer transgénero que padecía leucemia. Vivía en pobreza extrema junto a su madre en Diriamba y murió sin recibir atención médica por haber sido presa política del régimen de Ortega.

Su nombre de nacimiento era Gustavo y se unió a las protestas en contra del régimen. Fue encarcelada el 9 de julio de 2018 y excarcelada el 20 de mayo de 2019. Denunció que sufrió abuso sexual por parte de los guardias de La Modelo, además de golpizas que le hicieron perder parte de su dentadura.

La mujer no quiso asistir a un centro médico para atenderse de la leucemia que padecía por temor a que no la atendieran o que la volvieran a encarcelar. La enfermedad terminó acabando con ella en su casa.

El mayor en retiro Tomás Maldonado murió de un infarto luego de ser excarcelado. LA PRENSA

Tomás Maldonado

El mayor en retiro del Ejército de Nicaragua, Tomás Maldonado, falleció asediado por paramilitares en su casa de Jinotepe, el 24 de junio de 2021, producto de un paro cardíaco. Él participó en las protestas de su ciudad y por las noches salía a orar junto a los jóvenes de los tranques.

Fue detenido el 2 de agosto de 2018 y excarcelado el 11 de junio de 2019. Cuando salió de prisión, denunció que le negaban su medicamento para la hipertensión y lo retomó hasta que estuvo en su casa.

Maldonado es padre de Joao Maldonado, el joven que lideró tranques en Jinotepe y que ha sobrevivido a dos atentados en Costa Rica, de los cuales todavía no está claro quiénes y por qué motivo quieren asesinarlo.

Michael Healy murió de un infarto en Panamá. ARCHIVO

Michael Healy

Era productor y empresario, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). Murió el 25 de enero de 2024 por un infarto en Panamá, donde comenzaba un trabajo, casi un año después de haber sido excarcelado y desterrado hacia Estados Unidos el 9 de febrero de 2023.

Healy fue encarcelado el 21 de octubre de 2021. Estuvo detenido en el Chipote y cuando fue excarcelado se le vio muy bajo de peso. Además de ser enviado a prisión, sus propiedades fueron confiscadas, así como las de su madre.

Presos que murieron antes de ser excarcelados

Eddy Montes. ARCHIVO

Eddy Montes

Murió de un disparo en el abdomen por guardias de La Modelo durante un amotinamiento de presos políticos el 16 de mayo de 2019. Tenía 57 años, era originario de Matagalpa y tenía nacionalidad estadounidense.

Hugo Torres. LA PRENSA

Hugo Torres

Murió encarcelado en el Chipote el 12 de febrero de 2022. Tenía 73 años y fue general del Ejército de Nicaragua y exguerrillero del Frente Sandinista.

Humberto Ortega, a la izquierda, cuando fue visitado por su hermano, el dictador Daniel Ortega. ARCHIVO

Humberto Ortega

Murió el 30 de septiembre de 2024 mientras estaba bajo resguardo domiciliario después de que brindara una entrevista a la agencia Infobae y en donde criticó a Rosario Murillo.

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