El circo político montado el pasado viernes 10 de enero por el dictador Maduro en Venezuela, con el acompañamiento sólo de los dictadores de Cuba y Nicaragua, dizque para recetarse otro período de gobierno luego de haberse robado las elecciones que organizaron ellos mismos, y que fueron ganadas por el candidato democrático González Urrutia en forma masiva, los coloca hoy como parias internacionales.
Sin legitimidad, sin credibilidad, y expuestos ante el mundo como unos usurpadores, necesitaron tomarse el territorio venezolano con soldados, policías y paramilitares motorizados, para infundir miedo al pueblo libre que eligió a González Urrutia como el verdadero presidente de los venezolanos. Pero hoy se vuelven huérfanos absolutos de toda decencia política, y de toda autoridad que un gobierno democrático se gana ante su pueblo.
Cuadro lastimero que no pueden ocultar con el cinismo inaudito de discursos rimbombantes en que hablaron de “paz”, “soberanía popular” y hasta de “democracia”, para disimular el abandono y desprecio que les hizo el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla de los Lula y los Petro, y otros gobernantes de izquierda como Boric que les han dado bruscamente la espalda.
Ningún gobernante centroamericano estuvo en el circo, aparte del despistado dictador de Nicaragua, ningún gobernante latinoamericano, y ya ni digamos representantes de la Unión Europea, o de los Estados Unidos o Canadá, o Japón, etc.
¿Qué piensa ahora el reino de Noruega que promovió el diálogo que resultó en unas elecciones que Maduro y sus secuaces convirtieron en el robo electoral del siglo? Quizás otros como el español Zapatero, cómplice desde el inicio en el fraude que estaban preparando, ahora se relame con los beneficios económicos que logró en ese operativo malévolo.
Son unos parias internacionales, Maduro y sus secuaces quedan aislados de todo reconocimiento, de todo respeto, de todo elogio como gobierno, y sólo les esperan más protestas, más condenas, más sanciones internacionales, y sobre todo más lucha del bravo pueblo que ya se sacudió el yugo, pero que el estado de terror impidió por ahora la fiesta y alegría popular de un nuevo gobierno.
Por hoy pareciera que Maduro se salió con la suya con el circo de su “toma de posesión” del pasado 10 de enero, con burlarse impunemente de la voluntad popular, de votantes que llegaron con devoción a expresarse en las urnas a favor de la libertad y la democracia.
Pero esto no ha terminado, Maduro y su dictadura están condenados a caer, no tienen otra opción, caer es su destino, la reciente caída de la dictadura de Siria, y otras en las últimas décadas luego de la caída de la Unión Soviética, incluyendo la caída del muro de Berlín, les marcan el camino inevitable. Es sólo cuestión de tiempo.
El autor es presidente del Partido Humanista Social Cristiano de Nicaragua (PHSC), partido miembro de la Organización Demócrata Cristiana de América ODCA.