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Estoy escribiendo este artículo sobre Jimmy Carter, el trigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, el 9 de enero, unos minutos después de una impactante ceremonia conmemorando su vida y carrera después de su muerte el 29 de diciembre y horas antes de su entierro en Plains, una aldea en el estado norteamericano de Georgia. Carter murió a los cien años y fue el presidente más longevo en la historia estadounidense.
Su funeral se llevó a cabo en la Catedral Nacional en Washington que estaba repleta de gente, a pesar de su inmensidad. Estos incluían a cuatro expresidentes norteamericanos —Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump— y a Joe Biden, el actual jefe de Estado estadounidense.
Jimmy Carter, un demócrata, fue electo presidente en noviembre de 1976 y su mandato acabó en enero de1981. Se había postulado para un segundo período en la Casa Blanca, pero fue derrotado por Ronald Reagan, un republicano, en las elecciones de 1980.
Carter era oriundo de Georgia, un estado sureño. Nació en una familia de clase media que se dedicaba a la agricultura. Sembraban maní. Se postuló a la Academia Naval estadounidense en Annapolis, Maryland, y fue aceptado a esa prestigiosa academia. Al graduarse sirvió en la armada estadounidense, incluyendo abordo de un submarino nuclear. Al fallecer su padre, volvió a la vida civil y se dedicó al cultivo de maní en la finca que heredó de su padre.
La carrera política de Carter inició en 1963 cuando fue electo al senado de Georgia y, posteriormente, a gobernador del estado, cargo que ejerció hasta 1975. Un año más tarde se postuló como el candidato demócrata para la presidencia de la Unión Norteamericana y fue electo. Pero sólo estuvo en la Casa Blanca para un período, comenzando en enero de 1977. Fue derrotado por una amplia mayoría por Ronald Reagan (republicano) en la elección de 1980. Durante sus años en la Casa Blanca, Carter perdonó a aquellos varones estadounidenses que evadieron el servicio militar obligatorio durante la guerra de Vietnam. Jugó un papel crucial en la negociación de un tratado de paz entre Egipto e Israel, que sigue vigente. Y también acordó un tratado con Omar Torrijos poniéndole fin al control estadounidense del Canal de Panamá.
El tratado que cedió el Canal a Panamá no fue popular con gran parte de la población estadounidense que tampoco vio con buenos ojos su manejo de la economía durante sus cuatro años en la Casa Blanca. Fue durante su gobierno que el flujo del petróleo importado a la Unión Norteamericano se había reducido, su precio de bomba se había subido y se dieron largas filas de automóviles en las gasolineras para comprar gasolina en cantidades racionadas. Durante su mandato, Carter también le dio amparo temporal en Estados Unidos al shah de Irán cuando los ayatolas se adueñaron de ese país y, en revancha, encarcelaron a 52 miembros de la embajada estadounidense en Irán. Y en 1979 la Unión Soviética invadió a Afganistán.
El pueblo estadounidense estaba inconforme con lo que percibían como un manejo débil de la situación económica y de su política internacional. Contribuyó a esa visión la caída del régimen de Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua y el establecimiento de un gobierno sandinista y antiamericano en Nicaragua en 1979.
Carter había prohibido que Estados Unidos y sus aliados suplieran a la Guardia Nacional con armas y municiones y obligó que un barco enviado por Israel para reforzar a la Guardia regresara sin atracar en Nicaragua. Además, no autorizó el envío de tropas estadounidense a Nicaragua en los últimos días de la revolución a pesar de que las bases aéreas norteamericanas en la zona del Canal de Panamá estaban repletas de soldados estadounidenses y de aviones C-130 traídos de Estados Unidos para llevarlos a Nicaragua. Se especula que Carter finalmente no le dio luz verde a esta operación por el asesinato de un periodista norteamericano por un miembro de la Guardia Nacional cuando el norteamericano estaba dándole cobertura a la revolución sandinista.
Durante los cuatro años de Carter, el pueblo norteamericano percibió que había un malaise o malestar en Estados Unidos debido a la debilidad de la Casa Blanca bajo Carter. Los republicanos, por su parte, postularon a Ronald Reagan, un dinámico y popular exartista de cine y gobernador de California, como su candidato en las elecciones de 1980. Y el resultado fue predecible. Reagan obtuvo 60 por ciento de los votos populares y 90 por ciento de los votos electorales. En buen nica, Reagan le dio una soberana penqueada a Carter.
Al dejar la Casa Blanca, Jimmy Carter no se retiró a su finca. Más bien fundó el Centro Carter, una ONG que se dedica a promulgar, entre otras cosas, la democracia y el respeto a los derechos humanos. Carter y su esposa, Rossalyn, también se dedicaron a apoyar a Habitat For Humanity, otra ONG que promulga la construcción de viviendas para personas de escasos recursos alrededor del mundo. Carter tomó un interés especial en Latinoamérica y visitó a Nicaragua en varias ocasiones. Una de sus preocupaciones era asegurar la transparencia de elecciones y fue durante sus visitas electorales a nuestro país que lo llegué a conocer.
Durante nuestras elecciones de 1990, Carter jugó un papel decisivo. Para sorpresa de muchos, los votos se contaron correctamente y Carter y sus observadores constataron que doña Violeta Barrios de Chamorro había ganado una extraordinaria e inesperada victoria en la elección en donde Daniel Ortega Saavedra era el candidato presidencial sandinista. Pero el comandante Ortega no aceptaba su derrota. Fue entonces que Carter se reunió con Ortega y le aconsejó respetar el resultado de la votación. Ortega rehusaba hacerlo alegando que todavía faltaba contar los votos en cientos de centros de votación. Pero Carter insistió en que se respetara el voto popular y amenazó con divulgar públicamente que doña Violeta había ganado pero que Ortega se negaba a respetar los resultados. Frente a esa situación, el comandante Ortega se echó para atrás, y Nicaragua vivió sus primeras elecciones libres en muchas décadas e inició su experimento democrático que desafortunadamente El Carmen ha vuelto a hacer desaparecer.
En un ranqueo de presidentes norteamericanos, Jimmy Carter ocupa una posición mediocre: la número 26. Pero para muchos norteamericanos y personas alrededor del mundo, su incansable trabajo en pro de la democracia, la honestidad gubernamental y en consideraciones como respeto al medioambiente, la salud y la lucha contra la pobreza, Carter ha logrado una valoración mucho más alta. A como muchos politólogos en Estados Unidos señalan, Carter fue un buen presidente pero un extraordinario expresidente. ¡Quizás el mejor!
El autor es un historiador. Está exiliado en Washington después de haber sido encarcelado y expulsado por El Carmen.