Nicaragua y el FMI

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Desde Washington, en donde estoy exilado después de haber sido encarcelado en Nicaragua por más de quinientos días y posteriormente expulsado —supuestamente por menoscabar la soberanía nacional— le doy seguimiento cotidiano a lo que pasa en mi patria. Mis fuentes de información son LA PRENSA, a la cual estoy suscrito digitalmente, contactos personales, y los informes del Fondo Monetario (el FMI) y el Banco Mundial. El análisis de estos últimos, por cierto, es un importante insumo para medios internacionales como The Economist, prestigioso periódico británico, y las agencias —como Moody´s, S&P y Fitch— que valoran si países son sujetos de crédito.

En este contexto, he notado que recientemente algunos compatriotas han criticado al FMI por su más reciente informe sobre Nicaragua, producto de una misión del Fondo que visitó Nicaragua este año. Ellos alegan que en este el FMI ha ignorado a la nefasta situación política de nuestro país: su dictadura dinástica, represión y corrupción.

Es cierto que el enfoque de ese informe ha sido principalmente económico y financiero. Pero eso se debe al mandato que tanto el FMI como el Banco Mundial recibieron cuando fueron establecidos como dos importantes pilares para promulgar la reconstrucción y el desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial. En la arquitectura mundial construida en la década de los cuarenta del siglo pasado, Naciones Unidas (la ONU) sería el foro para, entre otras cosas, analizar y debatir temas políticos.

A través de los años, los informes del FMI han sido técnicos. Se han concentrado principalmente en el desempeño económico de sus países miembros. Obviamente no pueden ignorar totalmente a la situación política, sobre todo cuando esta incide, y hasta determinantemente, en su situación económica. Esto ocurrió, por ejemplo, en Chile durante el gobierno de Allende cuando el pésimo manejo macro resultó en el colapso de la economía, la inflación se disparó y la inversión se paralizó. Esto mismo pasó en nuestra patria durante los años ochenta cuando la “guerra contra” —combinada con un pésimo manejo macroeconómico por parte del gobierno— destruyó a nuestra economía. 

Nicaragua tenía la inflación más alta del mundo. Y en ese entonces, recordemos, el córdoba no valía nada. Había billetes con un valor facial de hasta millones de córdobas, ¡pero con ellos no se podía comprar nada! En ambos casos —Chile de Allende y Nicaragua en los ochenta— el sector privado bajó a su más mínima expresión, nadie invirtió en Nicaragua y fuentes de financiamiento externos tampoco le prestaban al país.

Obviamente, esta no es la situación económica de Nicaragua ahora. Y esto se debe esencialmente a dos factores. Primero, a la entrada de US$5 mil millones en remesas anualmente. ¡Esta cifra es enorme! Es igual a 27 por ciento de nuestra economía, y es enviado por cientos de miles de nicaragüenses que han huido de Nicaragua —o han sido expulsados como yo—. Estos compatriotas se encuentran no sólo en Costa Rica, sino que en lugares más distantes como Estados Unidos y España. Uno de esos exiliados, por cierto, ¡es un expolicía!  Me custodiaba en mi casa cuando pasé un tiempo de casa por cárcel. Recientemente me llamó por teléfono desde Seattle, Washington, en donde se autoexilió y está viviendo ahora. ¡Qué ironía, no!

El segundo factor que afecta positivamente a nuestra economía es un manejo macro sensato por parte del equipo económico encabezado por Ovidio Reyes, presidente del Banco Central. El Carmen obviamente ha aprendido algo del desastre que fue la primera dictadura sandinista de los ochenta y hasta la fecha le está dando cierta laxitud a Reyes y compañía, y al sector privado.

Volviendo al tema del FMI, su informe más reciente refleja la situación económica de Nicaragua tal como es. Basado en sus datos, la mala noticias es que Nicaragua tiene la economía más pequeña de Centroamérica, tan sólo el 55 por ciento del tamaño de la economía hondureña, por ejemplo. Y su ingreso per cápita —US$2,600— también es el más bajo de Centroamérica. Por otro lado, su tasa de desempleo —8.7 por ciento— es la más alta del istmo. Pero también, es el único de los cincos países cuyas finanzas públicas no son deficitarias. Además, sus reservas son las más altas del istmo, empatadas con las de Guatemala, igual a 7 meses de importaciones. Y nuestra economía está creciendo a un ritmo de 3.5 por ciento. Esta tasa es igual a la de Guatemala, inferior a la tica (4 por ciento) y ligeramente más alta que las de Honduras (3.4 por ciento) y El Salvador (3 por ciento). 

En cuanto al trato que el informe del FMI le da a la situación política de Nicaragua, es cierto que no tilda al régimen de ser una dinastía dinástica en donde las votaciones se manipulan. Recordemos que este no es su mandato. Pero tampoco ignora totalmente al clima político.  Por ejemplo, su informe indica que el gobierno debe de mejorar el clima de inversión y fortalecer el Estado de derecho y al sistema judicial. Predica que en Nicaragua se necesita mayor transparencia y que se debe de detectar y castigar a la corrupción.  Pero más contundente aún es que el FMI básicamente ha engavetado nuevos préstamos a Nicaragua. El más reciente fue una operación excepcional aprobada para ayudarle a Nicaragua enfrentar la crisis ocasionada por al coronavirus. Desde ese entonces no ha habido apoyo financiero por parte del FMI. ¡Más claro, no canta un gallo!           

El autor fue canciller de la República y director en el Banco Mundial    

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    Cosas de la Politica. Todos los Economistas Opositores casi celebran y apoyan una posible situacion economica catastrofica en Nicaragua que logicamente afectaria principalmente a los trabajadores, pero que segun ellos, la actual situacion economica estable (no perfecta ni mucho menos), es algo que les hace muy dificil hacer creible sus mensajes opositores, y por eso promueven y apoyan sanciones (extorsiones) de Gobiernos extranjeros que supuestamente los pondran en un futuro nuevo Gobierno.

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