“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, reza el dicho popular, en alusión a no ver más allá de lo inmediato o rechazar lo obvio. Algunas personas y agrupaciones encarnan esta afirmación por ceguera o conveniencia, evitando reconocer errores y por consiguiente su responsabilidad. El Partido Demócrata (PD) estadounidense es una de ellas, tras reciente derrota ante el Partido Republicano (PR).
La noche del 5 de noviembre, a medida que se conocían resultados, periodistas y presentadores de cadenas noticiosas preferían el activismo partidario al periodismo imparcial, asunto evidente por más de una década. No ocultaban su desánimo. Su apoyo a la candidata del PD, Kamala Harris, pregonar encuestas que supuestamente la favorecían, y continuos descalificativos contra Donald Trump del PR no fueron creíbles y resultaron rechazados por la mayoría de los votantes.
El paso siguiente del PD y voceros ha sido buscar excusas. Es de esperar escriban libros, discutan en universidades de izquierda, realicen conferencias y foros afines, dando vueltas sobre la misma rueda. El motivo que encuentro es el fanatismo a su ideología, sobre la que han construido su identidad personal y grupal, por lo que les es extremadamente difícil rectificar. Como sabemos, el PD y PR tienen visiones antagónicas en cuanto a valores fundamentales, la nación y su rol en el mundo.
Si bien algunos atribuyen el triunfo de Trump a conocidas fallas de la gestión Biden-Harris (carestía de la vida, incremento del crimen e inseguridad ciudadana, exorbitante financiamiento a otros países, costosísima guerra de Ucrania sin resultados significativos, descuido de necesidades internas, déficit monstruoso, inmigración desordenada, insistente promoción del aborto durante los nueve meses del embarazo, amenazas de censura, etc.) y la percibida falta de capacidad de su candidata, es de resaltar que es notorio que algunos convenientemente pasan por alto otro factor decisivo: la mayoría de la población estadounidense ha mostrado su firme desacuerdo con la agenda woke que, escudándose en la democracia y una tolerancia que no practican, han pretendido imponer su estilo de vida.
No me cabe duda de que el mundo empieza a demostrar que la llamada “progresía” no es de su agrado, como he comentado en artículos publicados en LA PRENSA, La batalla en Estados Unidos (octubre 2, 2020), Agendas antagónicas en EE.UU. (28 de abril, 2022), El grito de Giorgia (12 octubre, 2022), Democracia en crisis, centro derecha en auge (20 agosto, 2023).
Así las cosas, se espera que Trump inicie cambios importantes en varios frentes. Entre estos, impulsar ley que reafirme la existencia de los dos sexos naturales, varón y hembra, eliminando las caprichosas variantes y caprichosos “pronombres”; no más tratamientos hormonales contrarios al sexo natural ni operaciones que mutilan irreversiblemente a la niñez; prohibición que hombres se “identifiquen” como mujer para participar en competencias deportivas femeninas; eliminar que en las escuelas los varones puedan utilizar los baños destinados a las niñas y adolescentes; cesar la descalificación y hostigamiento a padres que protestan por los intentos de sexualización de sus hijos y el adoctrinamiento sobre la ideología de género; restaurar el derecho de los padres sobre la educación y decisiones de sus hijos menores de edad; cese de arrestos a personas que pacíficamente oran y ofrecen ayuda a madres que visitan centros para abortar; no más banderas gay en escuelas, edificios y monumentos públicos, la Casa Blanca, embajadas…; no financiamiento a quienes promuevan o practiquen el aborto o feminismo radical dentro de Estados Unidos o en el exterior; fin de la permisividad y propaganda LGTBI en la fuerzas armadas, y muchos, muchos etcéteras más.
Habiendo triunfado de manera categórica, con control del Senado y Cámara de Representantes, nombrando gabinete con personalidades firmes, la Corte Suprema fuera del control de la izquierda…, todo indica que Trump impulsará su agenda en todos los campos, lo que tendrá repercusiones globales. Estados Unidos inicia una nueva era.
El autor es periodista.