A pesar de la narrativa del régimen que asegura mejoras en la calidad de la educación superior en Nicaragua, las cifras del Consejo Nacional de Universidades (CNU) y el informe presentado ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) el miércoles 13 de noviembre reflejan un retroceso en las universidades públicas y privadas del país, evidenciando que el cierre y la confiscación de centros de educación superior, así como la instrumentalización de la enseñanza, están «pasando factura» al sistema educativo nacional.
En el informe presentado por la dictadura de Nicaragua ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se afirmó que la educación está en auge y que la matrícula universitaria en el país creció un 20 por ciento entre 2019 y 2023. Sin embargo, una revisión de LA PRENSA a los anuarios estadísticos del CNU muestra que en 2017 —un año antes del estallido de la crisis sociopolítica—, había 241,113 estudiantes matriculados. En 2024, según la presidenta del CNU, Ramona Rodríguez, esa cifra se ha reducido a 180,220 estudiantes.
Esto significa que en 2024 hay 61,893 estudiantes menos en las universidades. La disminución de la matrícula comenzó en 2018, año en que estalló la crisis sociopolítica, con un total de 194,876 estudiantes matriculados, es decir, 47,237 menos en comparación con lo contabilizado en 2017.
Las cifras reflejan que las medidas implementadas por el régimen, como la eliminación de los exámenes de admisión en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua y UNAN-León) en 2020 y la aplicación de esta misma medida en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) en diciembre de 2023, no han logrado aumentar las matrículas.
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«Una interpretación es que los estudiantes y sus familias están pasando factura al Gobierno y al CNU por lo que ha ocurrido en las universidades en los últimos años», consideró el especialista en educación superior Ernesto Medina en declaraciones a LA PRENSA.
Cierre de universidades incidió en reducción de matrícula
Contrario a lo que indican las cifras oficiales, la presidenta del CNU, Ramona Rodríguez, aseguró en una entrevista con un medio estatal que «el incremento en la matrícula» se debe a la existencia de más universidades estatales, en referencia a las instituciones que el régimen confiscó desde diciembre de 2021.
«Las universidades que no tenían la calidad fueron cerradas y surgieron nuevas universidades. La matrícula en 2024 mostró un crecimiento muy visible en comparación con años anteriores. Claro, ahora tenemos más universidades públicas y gratuitas», afirmó Rodríguez.
El 14 de diciembre de 2021, el régimen cerró el primer centro de educación superior, la Universidad Hispanoamericana (Uhispam). A esta le siguieron otras 36 instituciones, entre ellas la Universidad Centroamericana (UCA), clausurada en agosto de 2023, y la más reciente, el Instituto Nicaragüense de Estudios Humanísticos (INEH).
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De las 37 universidades cerradas por el régimen, surgieron cinco nuevas que utilizan la infraestructura de las confiscadas, entre ellas la Universidad Nacional Casimiro Sotelo Montenegro, establecida en el campus de la antigua UCA.

Los maestros con mayor trayectoria se fueron de las universidades
Las cifras oficiales también reflejan que en 2017 había 13,589 docentes universitarios, mientras que en 2023 se contabilizaban 9,519. Esto significa que, en seis años, 4,070 docentes dejaron el sistema universitario.
Más allá de la disminución en el número de docentes, los datos oficiales reflejan una reducción en la calidad de los profesores, una problemática que se agrava con la incorporación de docentes con poca experiencia y preparación académica, según comenta una estudiante de la Universidad Nacional Casimiro Sotelo, a quien llamaremos «Mónica» para proteger su identidad.
«La calidad podría decirse que es buena, pero a la vez es mala porque algunos profesores no están bien capacitados para la carrera. (…) No nos explican muy bien los procedimientos de las cosas», declaró la joven a LA PRENSA.
Las cifras oficiales del anuario estadístico 2023 del CNU confirman lo señalado. Según el documento, publicado en noviembre de este año, el 48.60 por ciento de los docentes tienen menos de cuatro años trabajando en instituciones de educación superior, lo que indica que la mayoría de los profesores actuales no cuentan con la experiencia necesaria.
«No hay un plan de formación para el relevo de docentes; están creando profesores que, en su mayoría, provienen de las filas del sandinismo. Se está reemplazando a maestros con años de experiencia por personas que no garantizan un mínimo de calidad en la educación», afirmó el académico Medina.
Poca formación e investigación en universidades
Los datos del CNU también exponen que noventa de cada 100 maestros no se está formando ni capacitando y que solamente tres de cada 100 están estudiando maestrías.
Esto, a consideración de Medina, refleja que, más allá de la poca experiencia de la mayoría de los docentes, muy pocos se están capacitando.
No obstante, el régimen Ortega Murillo presentó como «logro» que en 2023 el sistema de educación superior contó con 484 docentes con grado de doctor.
«La poca cantidad de doctores significa que no hay investigación. Con maestría ayuda, pero no es suficiente. Si querés hacer una investigación de calidad debés tener un doctorado y experiencia trabajando en un laboratorio donde se hace investigación de verdad y se publica. Esto no existe en Nicaragua. Un profesor universitario que está formando en licenciatura debería tener al menos una maestría. No hay capacitación didáctica», refirió Medina.
Poco tiempo para explicar
Mónica asegura que estudiar en su universidad es un reto debido a las condiciones de los docentes, pues reconoce que muchos de ellos tienen otros trabajos, lo cual a veces les impide disponer del tiempo necesario para aclarar dudas después de clase.
«Algunos no solo trabajan como docentes, sino que también tienen otros empleos, y a veces no tienen tiempo para explicarnos bien las clases», relató Mónica.
Aunque la Universidad Casimiro Sotelo no operó en 2023, el CNU reconoció esta problemática en ese año, al informar que el 69.74 por ciento de los docentes eran de tiempo parcial; es decir, solo imparten una o varias clases y luego se retiran del centro educativo. Solo el 23.95 por ciento de los docentes universitarios son de tiempo completo.
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Mientras tanto, estudiantes como Mónica tienen pocas alternativas. Sin embargo, ella asegura que, de tener la posibilidad de abandonar la Casimiro Sotelo, lo haría.
“La verdad es que sí me gustaría buscar otra universidad o incluso ver la posibilidad de salir del país e ingresar a una universidad mucho mejor, porque aquí las universidades están siempre alineadas con el Gobierno”, concluyó.